CAPÍTULO 4

1287 Words
A la mañana siguiente todos se reunieron en el comedor con la noticia de que la familia Becker ya había llegado y se estaban instalando en sus habitaciones, bueno casi todos estaban presentes en el comedor, Ava seguía descansado y era normal que ella después de un largo viaje durmiera durante muchas horas seguidas. —Abuelo ¿y cuántos son los miembros debla familia Becker? —indaga Tania, mientras esperan que los Becker se unan al desayuno. —Sé que son tres los nietos de mi amigo Alfredo, sus hijos murieron en un accidente con sus esposas dejando a sus nietos bajo si cargo y el de su esposa, pero no se nada de esos jóvenes —responde Alek y es cierto hace muchos años no se reúne con su amigo para ponerse al día con sus vidas. Las chicas esperaron junto a su familia, hasta que un señor mayor en compañía de una mujer de la misma edad entro al comedor, con una gran sonrisa en el rostro. —Alek, amigo cuanto tiempo —Alfredo y Alek, se saludaron con un fuerte y cálido abrazo. —Han pasado muchos años sean bienvenidos y siéntanse como en su casa, esta son mis nietas, Dasha y Tania, y él es mi hijo mayo Antón y su esposa Iris, a mi esposa ya la conoces —Alex presenta a su hermosa familia. —Qué gusto conocerlos a todos, debo reconocer que tienes unas nietas hermosas, pero creí que eran tres —Alfredo, escucho noticias de las trillizas Ivanov, pero la que más recibió álagos fue una hermosa pelirroja, e inteligente, dicen que es mejor que sus padres y abuelos en los negocios y él muere por conocerla. —Sí, son tres, falta mi nieta mayor Ava, ella sigue descansado, ella y los aviones no se llevan muy bien y cuando hace viajes largos debe descansar todo el día —responde Alek. —Entiendo, entonces dejemos que descanse, mis nietos bajaran apenas terminen de instalarse —Alfredo, esta feliz de conocer a las chicas de la familia Ivanov, él realmente espera que sus nietos, puedan fijarse en esas chicas tan hermosas y que las familias puedan tener una bonita unión. Todos saludaron a los mayores de la familia Becker y comenzaron a socializar entre ellos para conocerse más a fondo hasta que tres hombres, altos guapos y con rostros que parecían haber sacado de una revista de modelos entraron al comedor dejando a las chicas sin palabras. —Buenos días —Saludaron los tres hombres al entrar a comedor. —Alek, ellos son mis nietos, el Mayor es Noah Becker, es quien dirige la empresa en estos momentos, y quien se quedará a cargo de todo cuando yo ya no este —Alfredo se siente orgulloso de su nieto mayor. —Un placer conocerlo señor Ivanov, mi abuelo habla mucho sobre usted y su amistad —Noah es educado, formal, pero muy poco expresivo a diferencia de sus primos. —Lo que sea que te haya dicho sobre mí, no le creas le gusta exagerar las cosas —responde Alek y todos ríen. —Mis otros dos nietos son, Elías y Albert, son quienes dirigen mi segunda empresa, son gemelos —los chicos saludaron de manera formal. —Ellas son dos de las nietas de Alek, Dasha y Tania, la mayor está descansado, pero tenemos tiempo para conocernos entre todos —todos asiente y toman sus lugares para desayunar. A todos les parece que las chicas Ivanov son hermosas, sin embargo, ninguno quiere casarse por un negocio, pero su abuelo los amenazó con dejarlos sin nada, si no accedían a casarse, si así lo aceptaba alguna de las chicas Ivanov. Mientras en el comedor desayunan en silencio, cada uno atrapado en su propio pensamiento, en su habitación, Ava, despierta porque escucha en fuerte llanto de un bebé. —¿Que demonios? —Ava despierta sin muchos ánimos de hacerlo, pero ese bebé no deja de llorar, así que sale de la cama para ir a tomar una ducha fría y despertase como es debido, e ir a pedir que alguien calme al bebé qué llora, el cual supone que es de algún empleado, porque nadie en la familia tiene hijos pequeños. Después de despertar con la ducha, Ava se arregló y recogió su cabello, luego salió en su silla de ruedas a buscar de donde provenía ese llanto. Ava, tenía la intención de ir a la planta baja para hablar con los empleados y saber cuál de ellos llevó a su bebé a trabajar, para que por favor lo calmara, pero observó una puerta cerca de su habitación abierta y de ahí provenía el llanto del bebé, así que se animó a entrar. En cuanto entro se encontró con una pequeña de aproximadamente un año llorando sin parar dentro de una cuna, sus pequeñas mejillas estaban demasiado rojas por el llanto y de sus hermosos ojos azules no dejaban de salir lágrimas. —Hola princesa ¿quién te dejo aquí sola? —Ava hizo el esfuerzo de colocarse de pie, saco a la pequeña de la cuna y volvió a su silla donde la arrullo y esta poco a poco dejo de llorar. —Eso princesa, ya no llores de seguro tu mami no debe estar lejos —mientras Ava arrulla a la pequeña en el comedor la niñera de la familia Becker interrumpe el desayuno. —Disculpen que los interrumpa, pero señor Becker la niña Marie, está llorando y no se detiene —Noah, aprieta sus puños, porque su hija, siempre está llorando él es quien la calma a veces y solo por algún rato, luego vuelve a llorar sin parar, algo que le molesta en gran medida, porque ningún padre quiere ver a su hija llorar siempre. —Si me disculpan mi hija me necesita —Noah se puso de pie y se marchó con la niñera otra que muy seguramente despedirá porque no puede calamar a su hija, de hecho ninguna puede. Mientras Noah sube las escaleras, en una habitación del segundo piso Ava, sigue arrullando a la pequeña que está a punto de quedarse dormida. Al llegar al segundo piso, Noah se sorprende al no escuchar el llanto de su hija, y la niñera igual, porque cuando ella se fue el llanto de la niña se escuchaba en todo el piso. —Si le paso algo a mi hija te asesinaré —Noah aprieta el paso y se detiene en seco al ver una hermosa mujer de cabello rojo arrullando a su hija, quien acaba de cerrar los ojos. —¿Tú quien eres y que haces con mi hija? —la voz de Noah se escuchó fuerte y Ava, quien no se deja intimidar por nadie le hace un gesto con la mano para que guarde silencio. —Mi nombre es Ava Ivanova, y tengo a su hija porque estaba llorando y necesitaba que alguien hiciera lo que su padre no pudo, calmarla —responde Ava sin mostrar ni una pizca de temor al hombre luego pone su silla de ruedas frente a la cuna, con un poco de esfuerzo se pone de pie y deja a la pequeña nuevamente en su cuna, para volver ella a su silla de ruedas. —Fue un placer ayudar a la pequeña —Ava se retiró del lugar bajo la atenta mirada azulada del hombre, que la miraba incrédulo, como pudo calmar tan rápido a su hija y hacerla dormir sin mayor problema cuando él, lucha a diario para lograr eso y casi nunca lo logra y cuando lo logra es después de varias horas en las que su hija se cansó y se rinde ante el sueño.
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