–Escapémonos–le dije, continuamos en la cama, sin saber cuánto tiempo había pasado y si Avril y Laly habían vuelto. –¿A dónde iríamos? – levanto su cabeza de mi pecho para mirarme, se veía preciosa, con las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y el pelo revuelto. –A donde tú quieras. –En dos días tengo que estar en New York, nuestro tiempo es limitado. –Para nada– le aparté el cabello de la cara y con la yema de mis dedos le recorrí las mejillas, en aquel tiempo que llevamos enredados entre las sábanas conté todas las pecas que tenía en su rostro, un total de 55. – podemos irnos allá y estar estos dos días juntos, sin tener que separarnos. Yo no tengo nada que hacer, las clases acabaron y si nosotros nos vamos renunciare. –Pero tú amas tu trabajo, no podía pedirte que renunci

