Con cada paso que daba, más claros eran los gritos que me dejaban sorda; no paraban de resonar los objetos rompiéndose al ser lanzados. -¡¿CÓMO PUEDE SER QUE NO LA ENCUENTRAN?!... ¡ENTONCES, PARA QUÉ LES PAGO, MALDITOS INÚTILES!... SIGAN REVISANDO LAS CÁMARAS, BUENOS PARA NADA!- Era un maldito loco y eso me gustaba: ver lo desesperado y enojado que estaba. Pero ver a los pobres temblar de miedo y a los de seguridad, pálidos como una hoja de papel, que del miedo no podían teclear en las computadoras, era aún más impactante. Me recargué en la puerta y miré con atención cómo daba vueltas y seguía gritando a todos; estaba rojo por completo. -Cuando la encuentre, la voy a matar. La voy a encerrar en el puto sótano, sin ver la luz del sol por el resto de sus malditos días.- Tanto drama por

