Gruñía cerca de mi oído y apretaba mis brazos para que no me moviera, seguí sin dejar de moverme con rapidez y brusquedad, hasta que soltó un jadeo y sus movimientos se fueron alentando. Quedó en esa posición con su rostro en mi cuello respirando agitadamente, no me moví y mucho menos dije nada, pero sentía repulsión y más odio hacia él. -Perdón... Perdón, mi amor. Te dije que no te iba a lastimar. No fue mi intención, no pude controlarme... Perdón. Murmuraba en voz baja y suave, estaba pidiendo perdón y por alguna razón sentía que lo decía sinceramente. No le contesté y preferí quedarme callada, mirando hacia otro lado. Sus manos soltaron mis brazos y lentamente me abrazaron, acercándome a él. -No me odies... Yo te amo, te amo. Te necesito y eres lo mejor que me ha pasado en el mundo...

