Me había puesto en mi lugar y lo primero que me llegó a la cabeza es que lo merecía. No sé por qué pensé de esa manera, si yo jamás me he arrepentido de algo. Si una mujer me hubiera domado de esa manera, ya la hubiera desaparecido. Jamás permito que me alcen la voz, jamás permito que me toquen o me traten de esa manera, porque con Scarlett permitía eso, si yo era el hombre, su esposo y dueño de ella. El trayecto fue incómodo y la atmósfera pesada. Ella tenía un semblante molesto, con la mirada al frente, y yo, en mi asiento, mirando a lo que fuera menos a ella. ¿Qué me pasaba? Si ella debería agachar la cabeza, no yo. Pero no podía pronunciar ni una sola palabra; ni siquiera me di cuenta de cuándo llegamos por estar sumergido en mis pensamientos, y el sonido de la puerta siendo azotada m

