“Si un problema tiene solución ¿para qué preocuparse? Y, si no lo tiene, ¿para qué preocuparse?” Proverbio japonés. En medio de aquel desierto aún estaba la pequeña casa de barro en la que escondían a Edgar Montalvo. La briza chocaba contra las paredes cual casa en el desierto y la noche asomaba estrellas en el oscuro cielo despejado. Dos carros militares estaban estacionados al frente con sus motores apagados y en uno de esos, tras el volante estaba el interrogador que casi nunca se ensuciaba las manos revisando su móvil inteligente con cara de piedra, dos guardias rodeando la pequeña pocilga y dos más adentro vigilando, mientras el verdugo engullía comida afuera. La orden del momento a uno de los dos que vigilaban adentro era darle de beber agua a rehén, el hombre delgado por

