“Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo. Cuando veas a uno malo, reflexiona sobre ti mismo.” Confucio. Dos meses después Sophia King contemplaba una fotografía en la que su hija salía con simpática seriedad sosteniendo su diploma en la graduación de la secundaria. Lágrimas rodaron por sus mejillas mientras abrazaba la imagen y la colocaba nuevamente sobre la mesa del comedor junto a un quinteto de rosas blancas. Ella misma se había encargado de hacerle un altar y su mente divagaba alucinando cosas referente a Salomé, como que aparecía por la puerta o en la cocina, a veces la miraba en su dormitorio y después el espejismo se esfumaba como el humo. La desaparición de su única hija la perturbaba de tal modo que a punto estaba de darla por muerta. Soñaba frecuentemente viendo e

