1.1 INTRONunca he visto nada tan azul.
Un par de piernas delgadas y exuberantes se elevan bajo un torso femenino y terminan en dos botines de cuero n***o sin tacón.
Una tez pálida y aterciopelada brota del escote en V, que frena una vitalidad juguetona, y de las mangas tres cuartos, que envuelven un par de brazos secos: quizá algún gen fenoscandiano.
Lanzo un incierto «hola.»
Ella responde devolviendo el saludo y abriéndose en una sonrisa tan blanca que amortigua el brillo azul de sus ojos.
Luminiscencia cruza el umbral del ascensor antes que yo y se acomoda a un lado, yo me acomodo en la parte de atrás, como cada mañana.
La intimidad del cuadrado de metro y medio se impregna de repente de un delicado aroma a naranja amarga y cardamomo. Me pierdo en la fragancia mientras le pregunto a qué piso va. «Siete», dice ella. Aprieto el botón y me entretengo entre sus colores de mar y hielo.
Observo cómo la criatura lleva su mano derecha a la altura del hombro: enrosca un mechón de pelo castaño claro alrededor de su dedo índice, de la uña esmaltada en n***o. Su otra mano se ha deslizado en el bolsillo de sus vaqueros oscuros.
El rostro es delicado, dulce y simétrico.
Parece brillar todo con melancolía positiva.
La luz del número siete de la botonera brilla; las puertas se abren.
«Adiós.»
«Adiós, que tengas un buen día.»
El ascensor continúa hasta el piso 11.
No, nunca he visto nada tan azul.