Los ojos de Jaen se abrieron llenos de temor e impresión. Esa voz, esa forma de hablar, “hijo mío”. Era imposible. Un rostro de intriga estaba dibujado en Peter y Rosella. Lentamente y sin salir del shock se levantó Jaen y giró su rostro en dirección a la mujer. –Ma…má… –Exactamente Jaen. Soy yo, Anabelle. Tu madre. –La mujer estaba satisfecha y su voz evidenciaba cuán feliz era su estado de ánimo–. Ahora retírate del lado de esos reyes idiotas y ven a tu lugar, conmigo. –¿Qué… qué estás… haciendo, mamá? –No dejas de ser tonto, Jaen. –Anabelle rodó los ojos con evidente fastidio–. Estoy a punto de acabar con este par de imbéciles ¿Qué no es obvio? –¿Tú… tú has matado a los Nighter? –El castaño seguí intentando procesar aquella avalancha de emocio

