–Ven aquí mi querida mascota. –Una macabra y siniestra sonrisa por parte de la humana se dejó ver–. ¡Cerbero! –¡¿Pero qué…?! –Rosella ahogó un grito dejando caer su mandíbula frente a lo que sus ojos veían. Un enorme agujero n***o apareció frente a la mujer y de este comenzaron a aparecer cuatro patas como las de un perro gigante. Se manifestaron tres enormes cabezas con melena como las de leones, con todo el pelaje de color n***o. Su cola llevaba capas simulando su propia coraza natural y los afilados colmillos dejaban ver una sed de sangre. Los ojos escarlata observaban a los reyes. –Les daré otra oportunidad. –Se burló la humana negando con la cabeza–. ¡Entréguenme la piedra o haré que Cerbero acabe con ustedes! –¡Jamás! –Reprochó el Rey entre dientes

