Según me explicó mi madre porque yo no había escuchado nada, debían sacarme el bazo usando un procedimiento quirúrgico llamado esplenectomía laparoscópica, para así determinar con exactitud el tipo de cáncer y qué quimioterapia debían darme. El procedimiento fue más que traumático para mí. Mismo donde el resultado se confirmó, yo tenía linfoma no Hodking de células B grandes.
Mis citas médicas con Sean eran más seguidas y aunque yo tenía un crush por él, era todo meramente profesional. Estaba clara que solo era yo quien me imaginaba cosas, como que él me miraba más. Estaba atento a mí y a mi salud porque era obvio que era mi médico, y creo que era parte de su trabajo.
El día que me pusieron el catéter para que la quimioterapia no destruyera mis venas, fue un día caluroso, tanto que el sistema de ventilación no daba abasto en el lugar, así que cuando Sean se acercó a la camilla para observar que todo estuviera bien, él estaba un poco sudado, tanto que su camisa estaba un poco mojada y pegada a su cuerpo y, aunque eso me daba la oportunidad de mirar que él tenía una tableta de chocolate en su abdomen, mis pensamientos intrusivos me hicieron llevar mi mano a su abdomen y despegar su camisa mojada de su cuerpo. Él puso los ojos como platos y a partir de ahí balbuceó mucho explicándome cosas sobre la quimioterapia. Creo que estaba nervioso, no lo sé, quizás era imaginación mía.
El día de mi primera quimioterapia, no lo vi y me decepcioné tanto de ello, porque esperaba que, como siempre, estuviera atento, así que ese día acepté que todo era imaginación mía y que todas esas atenciones eran debido a que yo era su paciente y nada más. Qué tonta, ¿cómo se me ocurría pensar que él iba a tener alguna intención conmigo? Al menos agradecía que mi madre estuviera a mi lado en todo momento.
Esa primera quimioterapia solo me cansó mucho, tanto que dormí como un oso el resto de la tarde. Cuando me desperté, y revisé mi teléfono, tenía un mensaje de un número desconocido.
—Hola, soy Sean. ¿Cómo te sientes luego de tu primera quimioterapia?
Me extrañó que me escribiera porque yo no le había dado mi número. Así que sin saludarlo ni responderle sobre mi estado de salud le pregunté de donde había obtenido el número. Y mientras esperaba su respuesta, observé su foto de perfil, en la misma salía vestido de traje, y una chica estaba a su lado. Una de sus manos, aquellas que había observado atentamente en cada consulta, estaba puesta en su cintura, dándome a entender que ellos eran algo. Tal vez él era casado y yo no lo sabía.
—Soy tu médico, sé más de ti de lo que crees. ¿Cómo te encuentras?
—Oh! Entendido, eres un stalker disfrazado de médico. Y respondiendo tu pregunta me fue mejor de lo que esperé, solo estoy un poco cansada.
—Me alegra saber eso y en cuanto a lo otro, no lo voy a negar, lo soy. ¿Qué estás haciendo ahora?
—Deberías saberlo, ya que eres un stalker.
—Hmm, estás en el sofá con tu gato.
—¿Cómo sabes que tengo un gato?
—Lo deduje por tu foto de perfil. Tienes un lindo gato colorado.
Me saqué una foto abrazada a mi gato y se la envié. —Sí estoy con mi gato, pero no en el sofá. Estoy en la cama.
—Linda foto.
—¿Y tú que haces?
—Recién vuelvo de viaje, ahora mismo me preparo algo de cenar mientras tomo una copa de vino —respondió enviándome una foto con su copa. —No todos tenemos el gusto de tener un gato colorado.
—Pues hay mucho sin hogar, cuando quieras te llevo a un refugio donde podrás encontrar de todos los colores.
—Hmm, no creo que tenga tiempo para cuidar a uno.
—Son muy independientes, créeme que no necesitan que estén con ellos veinticuatro horas.
—Viajo mucho, no creo que pueda dejarlo solo tanto tiempo.
—Podrías dejarlo, no sé, con tu esposa —dije tratando de saber si él tenía a alguien.
—No tengo esposa, así que eso sería imposible.
—Vale, no insisto más con el tema de los gatos. Triste por ti, que jamás sabrás lo que es tener a un gato colorado como mascota.
—Aunque pensándolo bien, podría dejarlo con mi novia, pero tendría que preguntarle, porque no sé si le gusten los gatos.
Carajo, que me dijera que tenía novia me había dolido un poco, y no entendía porque, si él nunca me había dado señales claras de nada, solo había sido profesional.
Así que decepcionada, dejé de responderle porque no quería hacerme ilusiones de nada.
Me di una ducha larga, mi madre me preparó algo de cenar y nos quedamos charlando un largo rato. Hasta que se hizo tarde y ella se despidió de mí, no sin antes hacerle prometer que le avisaría si algo pasaba.
Cuando mi madre se fue, volví a la cama y me preparé para volver a dormir, pero solo di vueltas en la cama, por lo que decidí mirar las r************* , pero cuando tomé mi teléfono, tenía un mensaje de Sean.
—Me tomó por sorpresa eso que hiciste con mi camisa, y tengo que confesarte que me calentó un poco. Así que aprovecho para confesártelo ahora que me he tomado un par de copas.
Su mensaje me tomó aún más sorpresa, pero seguía sin querer malinterpretar las cosas porque no estaba segura si era caliente de enojado o caliente de algo s****l.
Así que armándome de valor le respondí —¿Caliente de enojado?
Las palomitas azules aparecieron enseguida, como si hubiese estado esperando mi respuesta por horas.
Lo vi escribir y borrar enseguida, mismo que fue sustituido por un "grabando". Carajo, me puse nerviosa enseguida, tan nerviosa como una jodida virginal. Su nota de voz fue corta, tan corta que me esperé un "claro que enojado" y nada más. Por lo que me armé de valor y la escuché.
Una voz ronca y sexy que me puso los pelos de punta dijo un "excitado", dejándome perpleja.