Amigos.

4362 Words
Felipe veía los celestes ojos de Mateo, le estaba suplicando que confiara en él, y el rubio deseaba hacerlo, quería decir todo, pero, no era el momento, no con todo lo que estaba sucediendo, entonces la voz de Ámbar los hizo girar. — Felipe maldito idiota, ¡¿acaso mamá no te advirtió que no se juega con la comida?! — la loca, como Felipe la llamaba estaba furiosa, mientras Neri sonreía, el ruso había descubierto el truco del salero y se lo había pasado a Ámbar. — En mi defensa loca, era para Neri, además tómalo como un favor, deja la carne y come más vegetales, y no solo “salchichas”. — Mira pequeño virgen… — Ámbar siempre lo molestaba con eso, era una costumbre, pero cuando lo dijo el rostro de Felipe se transformó, tenía ganas de correr, de gritar, pero sobre todo de llorar. — Basta, Ámbar dile a Carla y las chicas que coloque un lugar más, calienten la comida y que cambie tu plato, Stefano llama a Vicky, debe alimentarse y la pequeña también, y tu mi niño bromista, por favor, hoy no. — Felipe no pudo detener las lágrimas que se habían asomado a sus ojos y Candy lo vio con sorpresa, no era como que lo estaba regañando con enojo, solo era un pedido. — Hijo que… — Solo quería hacerlos reír ma, no te enfades. — Felipe abrazo a su madre, tratando de engañarla, y por primera vez lo logro, pero solo fue por todo el caos que había a su alrededor, si otra hubiera sido las circunstancias, Candy lo hubiera descubierto. Una vez la mesa fue acomodada, todos tomaron su lugar, la niña era el centro de atención, mientras Felipe trataba de pensar que hacer con Rosita y Melody, como convencerlas de que no regresen a Pais X, hasta que escucho a la niña ofrecer sus ahorros a Hades para que matara a su padre, algo que lo hizo ahogar, y no solo a él, Amir y Alessandro también se ahogaron. — Estefanía, ¿recuerdas lo que te dije esa mañana? —el tono de voz de Vicky era serio pero cariñoso. —Que siempre debía despedirme de las personas que quiero aun estando enojada, porque no sé si volveré a verlas. — Bien, quiero que escuches muy bien lo que te diré, no es bueno decir o hacer algo cuando estamos enojados con una persona, más aún si la queremos, a veces el rencor pesa más que el cemento y te puede hundir en un mar de aguas frías, del que no todos logran salir. — Felipe veía con orgullo a su hermana. — ¿Y cómo sabré que ya no estoy enojada? — pregunto viéndola a los ojos, aun sabiendo que su Mamy era ciega. — Cuando el corazón no duela, solo así podrás decidir y no arrepentirte de lo que hagas. — ¿De dónde rayos sacas todo eso? — Ámbar jamás podría entender a su hermana. — Creo que Victoria recibió la compasión que tú no quisiste. — dijo divertido Felipe. — Lo que sea, pero de algo estoy segura. — dijo nuevamente la rubia apuntando con un cuchillo a todos en la mesa. — Nadie merece el amor de mi hermana, no existe hombre tan afortunado en este mundo para tener a esta mujer a su lado. El almuerzo termino y luego que todos comieran su postre los más pequeños fueron llevados a dormir la siesta, por lo que por fin los adultos hablarían, nadie estaba seguro de nada, algunos sabían la verdad a medias, otros la suponían y el resto se negaba a creer toda esa locura. — Bien hija, creo que es hora de que hables, sabes que no te juzgaremos. — Felipe sabía que eso era verdad, no la juzgarían, pero eso no quería decir que no buscarían venganza si alguien la había lastimado. — Mamá ya se los conto, me enamore de Alessandro, y no puedo dejar que lo maten, ni que lastimen a su gente. — su cabeza estaba en alto, para que todos vieran su rostro, su decisión. — Tiene más familia además de la niña. — Ámbar saco rápidamente una conclusión con aquellas palabras y ella no tenía compasión, eso era verdad, para ella su familia era sagrada, quería venganza a como dé lugar. — No lastimaran a nadie, deben entenderlo, ellos fueron mi luz, mi familia y compañía cuando estaba sola. — sus cejas casi cocaban entre sí de tan fruncidas que las tenía, ¿por qué la mayoría de su familia eran asesinos potenciales? — Estas traumada. — dijo Mateo negando con desespero con su cabeza, buscando una luz de sensatez en lo que su hermana decía. — No, no lo estoy, estoy tan enamorada como Eros cuando casi mata a Hades por Lucero, como Zafiro cuando hizo lo que hizo para poder estar con Neri, como Dulce… — ¡No! ¡No te permito decir eso! — Matt temblaba de pies a cabeza, mientras que Melody dejaba caer unas lágrimas, estaban jodidos, Victoria estaba tan enamorada como para morir por ese hombre. — Pero es así, esta familia enloquece cuando se enamora y creo que no soy la excepción. — Si fuera así ¿Por qué escapaste? — Hades fue el único que hablo para confrontarla. — Porque en el amor no hay jaulas, no existe el cautiverio impuesto sino el que uno crea por amor, somos cautivos de quienes amamos, pero no porque nos encierren, sino por voluntad. — Él no te iba a dejar regresar. — los ojos de Candy estaban clavados en Alessandro, reproche y enfado era lo que mostraban, ella sabía la verdad, no había duda alguna, Felipe tenía ganas de gritarle al italiano que corriera mientras tuviera oportunidad de escapar o su madre le arrancaría el corazón en medio de la sala. — No y yo jamás podría solo desaparecer, no podía provocar más dolor del que ya tienen. — Felipe comprendió que, hacia lo correcto al permanecer en silencio, Victoria había escapado aun a costa de su corazón para no hacer sufrir más a su familia, él no podía ser menos, no podía decirles lo que había sucedido en Pais X… nunca. — Lo voy a matar Vicky, debes hacerte a la idea de que lo matare. — Hades estaba furioso por ver la pena en los ojos de su prima. Porque él ya había perdido una hermana y no perdería otra. — No lo harás Hades, si estoy aquí y sigo viva es por él, la tía pregunto qué fue lo que sucedió en Sicilia para que me enamorara de él, se los diré… me devolvió las ganas de vivir. — Ámbar veía con ojo crítico a su hermana, mientras sentía el mismo dolor que Vicky sentía en ese momento, esa conexión que ellas tenían muchas veces cumplía con la misión de conciencia para Ámbar, Vicky era su conciencia y a veces la odiaba por eso, ser tan compasiva, el mundo no apreciaba a las personas bondadosas, solo las fuertes y de corazón duro prevalecían o eso creía. Mientras Mateo trataba de entender a que se refería y lo hizo aun antes a que la joven diera su explicación, ellos siempre estarían conectados de una u otra manera. — Siempre supe que moriría al llegar a los 20 años como mucho, si no me operaba, me reusaba a la operación apropósito, perdón por ser una mentira, pero no estaba dispuesta a vivir en la oscuridad y ser una carga para todos. — Victoria dejaba salir su mayor secreto y todo por defender a su mafioso. — ¿Cómo puedes decir eso? — los ojos de Amir estaban tan mojados como los de Candy. — Perdón, pero fue así, hasta que Alessandro… llego a mi vida y por primera vez vi colores en medio de mi oscuridad, decidí que me operaria y luego esperaría a que él viniera por mí, lo juro, juro que iría al mismo infierno por mi aun si me escapaba, pero creo que su amor no era tan fuerte. — la voz cargada de dolor se esparcía por la sala y Felipe pensaba seriamente en ser él quien matara al italiano si no le decía la verdad a su hermana en este momento, solo se relajó cuando Alessandro se levantó de pronto de su lugar. — Hasta que por fin se dio cuenta que no lo ama. — dijo con burla Ámbar y es que esta joven sentía que este hombre ocultaba algo y a ella no le gustaban los secretos. — Ale… yo… perdón. — comenzó a decir Victoria. — Soy yo quien te tiene que pedir perdón. — dijo el hombre caminando hasta una bandeja con frutas donde descansaba un cuchillo. — ¿Qué? — la pregunta de Vicky fue opacada por la voz de Eros. — ¿Qué rayos haces? — pregunto el mayor al ver como el novio de Victoria se realizaba un corte de un centímetro poco profundo en el cuello y sacaba algo pequeño que estaba entre su piel y la nuez de Adam. — Que solo yo debo disculparme. — respondió con una voz completamente diferente mientras que llegaba al lado de Vicky, la cual al oírlo se levantó rápidamente del sofá. — No, no puede ser. — respondió con voz temblorosa la joven. — Pues créelo, porque te lo jure, iría por ti al mismo infierno. — Candy levanto su mano impidiendo cualquier reacción de todos los que allí se encontraban, al fin el hombre daba muestra de su valentía, al fin Candy podía ver si merecía o no a su hija, mientras Felipe tenía ganas de cantar y bailar, el italiano al fin hacia algo bien pensó el rubio. — Me engañaste. — dijo dolida Vicky. — No, siempre te dije la verdad, eres mi mujer, tienes a mi hijo, son mi familia y jamás te dejare, no te mentí, te lo repetí cada día. — Pero… tu cuerpo es diferente. — respondió mientras Alessandro tomaba sus manos. — Solo me puse en forma, tantas veces dijiste que tus hermanos me patearían el trasero que quería estar preparado para soportarlo. — una pequeña sonrisa se escapó de los labios de la joven y Candy supo que su hija ya lo había perdonado y ella que pensaba hacerlo sufrí un poco más. — Pero tienes una cicatriz en el hombro. — Mi hermano me disparo cuando supo que te forcé la primera vez. — Felipe sintió la furia correr su cuerpo, ese hombre la había forzado, pero antes de hacer o decir nada, vio a Hades, su arma brillo tanto como sus ojos. — ¡NO! – grito tanto Candy como Victoria, pero era tarde Hades disparo. Con asombro vio como su hermana golpeo el pie de apoyo del italiano y lo hizo girar, aun con su panza de meses, sin mucho esfuerzo lo cubrió, para recibir la bala que Hades había dejado salir de su arma, ellos eran capaz de morir por amor, y Felipe descubrió que él nunca amo a Ming, lo odiaba, le temía y si no fuera porque era un mafioso ya lo habría matado o pedido a su familia que lo hagan, definitivamente no lo amaba en absoluto. — ¡Victoria! — el grito de los presentes fue ensordecedor, mientras la joven se desvanecía entre las manos del italiano. Alessandro, Eros, Stefano y Mateo corrieron con Victoria al hospital, mientras que Matt se quedaba a cuidar a los niños que dormían, Amir, Candy, Hades y Ámbar salían en otro vehículo, y finalmente Felipe se subió a otro con su tía y Lucero. Su mente era un Torbellino, que lo llevaba a los lugares más oscuros de sus recuerdos, los disparos en su hogar, aquel día que fueron atacados, las torturas que Ming le había dado, saber que Rosita y Mel correrían peligro cuando regresaran sin él a Pais X. — No pueden regresar a Pais X tía, ni Rosita ni tu pueden ir. — sentía la mirada de Mel en él, como también podía ver el cuerpo de Lucero tensarse. — ¿Que sucede? ¿Qué te hicieron hijo? — Mel los amaba, tanto como Candy, eran una gran familia. — Es por mi familia, hoy hable con Feli, no es seguro el lugar donde están. — Lucero mentía, pero Melody no tenía como saberlo, la princesa Bach había aprendido a mantener sus emociones bajo control, como su padre Liam. — ¿Tienen problemas con el clan del dragón rojo? — pregunto la susurradora y Lucero sonrió de forma imperceptible, tenía la información que Felipe le había negado. — Si… — En ese caso nos mudaremos a las tierras del tigre blanco, son enemigos, ninguno se atreve a pisar el territorio del otro, Rosita debe permanecer en Pais X, es el único lugar donde Vincent no tiene aliados, es el único lugar donde no la buscara. — Felipe podía respirar con tranquilidad, al menos Rosita no correría peligro. Al llegar al hospital nadie decía nada, solo Ámbar, estaba que echaba fuego por los ojos, pero eso no fue nada a cuando Fabrizzio hizo su entrada, quien ellos creían que era la sombra italiana, resulto ser el segundo al mando y quien realmente era el líder de la organización italiana, era Alessandro Santoro, quien era el padre de su sobrina, porque gracias al incidente ahora sabían que Vicky esperaba una niña. Paso una semana y al fin Victoria fue dada de alta, pero Felipe también estaba feliz por otra cosa, Jerry hablo con Zack, su hijo y le presento a Felipe, los jóvenes se llevaron bien desde el primer segundo, el niño dorado le dijo que podía conseguir que le dieran el permiso en Malba y no solo eso, él pagaría el alquiler de la pequeña mansión, firmando un contrato para una posible compra, de ese modo Zack y sus amigos podrían reunir el dinero para comprar la propiedad y a cambio Felipe viviría con ellos tres años, se sentía mal por engañar a sus padres, pero no le quedaba otra cosa, Lucero se encargaría de falsificar su diploma y el supuesto día de graduación ya se las arreglaría para que sus padres no asistieran, ya que era más que claro que él no estaría en Pais X, Felipe se juró jamás regresar a aquel sitio. Pero aún quedaba algo por hacer, una charla inconclusa con su hermana y Alessandro era por ese motivo que toda la familia estaba nuevamente reunida, solo que ahora se sumaban dos personas más, Fabrizzio y Luis, la mano derecha y hermano de Alessandro. La cena fue en silencio uno que parecía fúnebre, aun así, Felipe veía el amor con el que Vicky le hablaba a Alessandro y el italiano no se quedaba atrás. — Creo que deberíamos hablar mañana, Vicky debe estar cansada. — dijo Candy un poco preocupada por la forma en la que sus hijos miraban a Alessandro, ya todos estaban en el salón. — No te preocupes mamá, mientras antes terminemos con esto, mejor será para mi salud mental. — Valiente, eso eres y eso serás, debería aprender de mi hermana, quizás a su lado puedas saber lo que es eso. — dijo con desprecio Mateo. — ¿Valentía? soy valiente niño, aún más que tú. — Claro, porque mentirle a una ciega es tener valor. — el enojo de Ámbar la hizo hablar de más, pero era lo que pensaba. — Si crees que mentirle a tu hermana fue fácil, te equivocas, si solo hubiera tenido que engañar a Vicky con mi rostro… eso sería fácil, pero tuve que cambiar mi cuerpo, entrene durante dos meses, además de cambiar mi voz, solo tú ves debilidad e ingenuidad donde solo hay valentía e independencia. — ¿Es eso Vic? ¿Por eso te quedaras a su lado? Porque te hace sentir libre y normal. — Felipe no tenía intención de herir o menos preciar a su hermana, él solo quería entender todo, pues quizás él también se sintió así con Ming, el hecho que el hombre lo hiciera sentir libre y normal, aunque Felipe sabía bien que el hecho de amar a alguien de su mismo sexo no lo hacía un monstruo, era tan normal como todos, pero, con Ming, el sintió que al fin encajaba, aunque no sintiera amor por el asiático. — ¿Normal? Ella es normal idiota. — Luis no pudo mantenerse en silencio. — Suficiente, ninguno de ustedes sabe nada de la vida, ni siquiera tu Alessandro. — Amir estaba cansado y por más que no interferiría en lo que su hija quisiera no se quedaría solo observando. — No me conoces Amir. — refuto el italiano. — No, la que no te conoce es mi hija, te enamoraste de alguien que no vale la pena hija, esa es la verdad. — observo con pena a su hija. — Sé que mato a su exesposa, pero también se porque lo hizo, no lo justificó, pero todos sabemos los riesgos de estar al lado de un mafioso y no te ofendas Neri, pero incluso Zafiro correría con la misma suerte de Fabiola si te traiciona. — eso era algo que Neri no quería contestar y era el mismo motivo por el que su suegro aun no lo terminaba de aceptar. — Es así. — termino respondiendo con un susurro el ruso. — No matare a Victoria, ella no me traicionara. — dijo con firmeza Alessandro. — Puede que un día sí, ¿entonces? — Amir no termino de hablar cuando Fabrizzio lo interrumpió. La conversación siguió, dejando en claro que Victoria estaba segura con Alessandro, aun así, todos se quedaron unos días más, solo para estar seguros, unos días en los que sufrieron en manos de su hermana. — Por favor, Vicky, necesito que me escuches. — suplico una vez más Ámbar. — No me interesa saber con quién te acuestas, ni lo que haces. — dijo de forma fría Vicky y Ámbar la observaba con cara de cachorro mojado. — Dímelo a mí, yo sí quiero saber. — dijo Zafiro entusiasmada. — Disculpa, pero no es lo mismo. — Claro que no, tú necesitas de mí para sentir tu conciencia y así saber si estás bien o no, pero esta vez tu conciencia te deja sola, ya ves la ciega está enojada. — soltó su reclamo con enojo y Ámbar se dio por enterada que se lo merecía. — Papá, Felipe dejo una bomba de pintura en tu oficina, ten cuidado al abrir la puerta. — no era necesario sus ojos para saber que su padre estaba caminando con dirección a su oficina, el perfume del patriarca lo delataba. — Gracias pequeñas. — respondió con una sonrisa Amir mientras Luis, Fabrizzio y Alessandro observaban todo. — ¡Victoria!, ¿cómo pudiste? ¿sabes las horas que invertí? detesto tu olfato. — Felipe se quejó, nadie se había dado cuenta, solo ella, el olor a pintura y los pasos lo delataron. — Ya vez, que tan anormal soy. — un golpe directo al corazón de su hermano que la observo triste. — Ya te pedí disculpas. — se quejó Felipe. — ¡Vicky! son las cuatro te estoy esperando. — grito Mateo entrando en la sala. — No jugare contigo, ya sabes, estoy tan traumada que no me podría concentrar en ganarte… como siempre. — Mateo la observo con enfado y luego con culpa. — Perdón, por novena vez ¿hasta cuándo seguirás castigándonos? — Hasta que regresen cada uno a su universidad, no sé cómo pueden seguir cursando sus carreras si se la pasan aquí. Así fue como luego de dos semanas de convivir con sus hermanos, Felipe se embarcó en una nueva aventura, fue muy triste para el rubio tener que despedirse de sus padres, como si realmente se fuera a otro continente cuando en realidad, solo estaría a un par de kilómetros, pero era lo mejor, para todos. Cuando llego a Malba ya se sentía en casa, conocía a Zack, y con agrado descubrió que Reicher y Tom, eran jóvenes tan simpáticos como el hijo de su custodio. — Esta será tu habitación, si deseas la puedo decorar, como tú quieras, y… — Reicher, no lo atormentes, y tu Felipe, no la dejes hacer nada con tu espacio personal, ella realmente no conoce límites, un día le dices hola y al siguiente la tienes en tu cama cuando hay tormenta. — Tom tenía cara de terror y Reicher estaba completamente roja. — ¡No puedo creer que se lo hayas dicho! — grito ofendida la rubia y Felipe sentía que estaba en su hogar, era como estar con sus hermanos, una vez más. — Si te sirve de consuelo, puede que sea yo quien entre a tu cama una noche de tormenta, me dan miedo los relámpagos. — Reicher sonreía con agrado antes las palabras de Feli, pero la cara de Zack decía otra cosa. — Reicher, ¿podrías ocuparte de pedir la cena? — la cara del pelirrojo mostraba una sonrisa tensa, Tom la vio y no se movió de su lugar, conocía a Zack, era un lago en calma, pero había una cosa que lo sacaba de quicio, que alguien se acercara a Reicher, por el bien de Felipe decidió que darse allí. — Claro petirrojo. — respondió la rubia y desapareció. —Ella es… — Felipe aun veía por donde la joven se había marchado, pero al darse vuelta vio la cara de Zack y dejo de hablar. — Ella es intocable, es nuestra amiga, la respetas, no creas que por ser rico le veras la cara, ya ves, somos pacíficos, pero si se te ocurre meterte con ella o le rompes el corazón, yo… — Soy gay Zack. — incluso Felipe se sorprendió de lo que dijo, no lo pensó solo lo dijo, dejando a los dos hombres con los ojos tan abiertos que parecía que se les caerían. — ¿Qué tú qué? — dijo Tom casi a grito y Felipe enrojeció. — Oh lo siento, no creas que te estoy discriminando, pero… hombre, eres hermoso, puedes tener a cualquier mujer y… ¡eres gay! — Te agradecería si no lo gritaras, aun no estoy listo para salir del closet, no sé si me entiendes. — dijo un poco apenado el rubio y Tom lo vio con pena. — Lo siento, disculpa por ser tan… idiota. — No lo eres, no tenía como saberlo, en fin, comprenderé si no me quieren como compañero de … — Hey, nadie está diciendo eso, solo… Reicher me gusta, desde siempre, me puse celoso, me encanta que seas gay, no tendré que preocuparme por que se enamore de ti. — Zack palmeo la espalda de Felipe y el rubio supo que al fin había encontrado un grupo de amigos tan loco como él. La semana paso entre bromas, y largas charlas para conocerse mejor, incluso Felipe adopto un gatito, al que llamo AMOR, algo que ocasiono la risa de todos, Felipe creía que había encontrado su lugar en el mundo y se preguntó si Dulce, su prima, se sintió así cuando conoció a Tiago, Lucero y Neri. El rubio también descubrió que era bueno con el diseño, pero sobre todo con la organización y planeación de bodas, y todo gracias a Reicher, quien necesitaba ayuda con su trabajo. — Bien, es hora de divertirnos, nos vamos a disfrutar la noche. Zack dio la orden y todos lo siguieron, era el mayor después de todo, aunque tenía la misma mentalidad de un adolescente. El club no era para nada exclusivo y eso para Felipe estaba más qué bien, no se arriesgaría a que algún viejo compañero de colegio lo viera y lo dejara al descubierto con sus padres, todo iba de maravilla, Felipe se movía al ritmo de la música, habían formado una pequeña ronda entre los cuatro y de repente, el rubio sintió unas grandes manos en su cintura, alguien no solo lo abrazo desde atrás, sino que también apoyo una enorme erección sobre sus nalgas, al tiempo que lo enjaulo aún más entre sus brazos, bajo la mirada atónita de sus amigos, quienes habían dejado de bailar y ahora estaban tan sorprendidos como Felipe. — Hola bonita. — una voz ronca en su oído provoco que el corazón de Felipe se desbocara, al tiempo que giraba su rostro para toparse con una mirada color miel que lo hechizo de inmediato. — Hola y gracias, pero soy bonito, no bonita. — el moreno que era más alto por casi dos cabezas, lo soltó de inmediato y Felipe pudo ver detrás de él a dos hombres y una mujer de cabello violeta que reían a más no poder. — No sabía que patearas con las dos piernas Caimán. — dijo a voz de grito uno de los hombres, y Felipe no pudo evitar sonreír ante la situación. — ¿De qué te ríes marica? — en menos de un segundo el Caimán había tomado a Felipe desde su camiseta y ahora estaba a un palmo de distancia. — Marica y todo, yo no culpo a nadie por no poder diferenciar a un hombre de una mujer. — Zack y Tom, estaban dispuesto a ayudar a Felipe, pero ambos se sorprendieron de ver como el pequeño rubio estaba como si nada pasara, como si un moreno de casi dos metros no lo viera con fuego en los ojos. — Ya, Carlos, deja al muchacho, él no tiene la culpa de tener tan buen culo, incluso yo pensé que era una chica. — otro moreno no tan grande como el tal Carlos intervino. La noche continuo, tanto para el grupo del Caminan, como para Felipe y sus amigos, pero hubo algo que el niño dorado no pudo evitar, y eso fue ver en más de una ocasión la mesa de Carlos Sandoval y cada vez se encontró con que el moreno lo estaba mirando, como tratando de convencerse que ese joven rubio era realmente un hombre y no una hermosa mujer.
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