En cuanto volvimos a la habitación —la misma desde la que me había llevado casi a la fuerza—, él cerró la puerta de un golpe tan fuerte que las paredes retumbaron. Aún me sostenía entre sus brazos, caminando hacia la enorme cama, y me acomodó sobre ella con una suavidad que ni de lejos coincidía con todo su enfado. Sus manos no soltaban mis muñecas, como si temiera que al hacerlo, saldría corriendo nuevamente. Eso era lo que pensaba… pero en realidad,*****。 "¿Estás molesto conmigo, Lucien?" Le solté lo más obvio, mirando su cara. Suspiró con fuerza, arrodillándose frente a mí. "¿Y cómo no iba a estarlo si no te tomas en serio tu propio dolor, Scarlett?" Lo miré parpadeando. "Sí me lo tomo en serio. Yo… estoy bien, de verdad." "¿Bien? ¡Estabas más pálida que una hoja! ¿Sabe

