Capítulo 1. Parte I
―¡Apresúrate, Emily!
Mamá grita desde la planta de abajo para que me apresure en arreglarme. No pueden exigirme mucho, esto de maquillarse es como un ritual en que uno debe de tomarse su merecido tiempo. Tampoco es que quisiera que un delineado me quede más abajo y el otro más arriba.
Realmente me esmero mucho en que todo quede perfecto. Hoy no es cualquier día, es tan especial para mis padres y para mí. Siento que, en estos tipos de días, uno debe de brillar más de lo usual.
Después de un largo tiempo, considero en que ya me encuentro lista para la gran cena de hoy por mi cumpleaños. Tomo mis cosas, como mi teléfono y mi bolso que mi padre me obsequió esta mañana. En el camino voy revisando mi teléfono y me percato en que tengo muchos mensajes de felicitaciones y notificaciones, las dejaré para después, en estos momentos tengo una cena muy importante.
Voy bajando poco a poco por las escaleras y mis padres me dan la espalda, parecen hablar de algo muy importante ya que lo hacen de una forma muy confidencial, como si no quisiera que alguien los oyera.
Parece ser un gran secreto para ellos.
Al llegar hacia ellos les carraspeo la garganta para hacerme notar con mi presencia. Ellos dan un pequeño brinco del susto y me mira con mucho pánico… ¿Qué ocurre? ¿Me maquille muy sutil para la ocasión?
―¿Qué ocurre? Parece como si hubiesen visto un muerto ―les digo con el ceño totalmente fruncido.
Mis padres se ríen de mis ocurrencias. Papá se acerca a mí y me hace girar en mi eje.
―Eres la cumpleañera más hermosa que conozco ―besa mi frente con mucha calidez, muy característico de él.
―Papá, no hagas que me ponga sentimental… ―respondo con una sonrisa sincera abanicando mis ojos para contener las lágrimas.
Sí, el día de mi cumpleaños me pongo muy sentimental.
Mi madre está vez se acerca hacia mí y besa mi mejilla, ubica un mechón de cabello detrás de mí oreja conteniendo una leve respiración.
―Eres la mejor hija que pudimos pedir. Eres nuestro mayor orgullo, mi cielo ―halaga mi madre.
Sin contenerme, abrazo a ambos y ellos me aprietan con mucho cariño, como si no quisieran soltarme nunca. Algo muy común en ellos. El cariño familiar nos envuelve de una manera impresionante, estos son el tipo de momentos en que quisiera congelar siempre y apreciarlos por un tiempo largo. Después de unos largos minutos nos deshacemos el abrazo.
Mi padre suspira al observarme de arriba abajo una vez más. Me detalla con una nostalgia que nunca había visto en mis cumpleaños anteriores.
―Vamos, si no queremos perdernos nuestra reservación de la cena ―dice mi padre.
Asentimos y salimos de casa con los guardias escoltándonos. Nos subimos al auto de mi padre y lo pone en marcha dirigiéndonos hacia el restaurante. Como siempre, somos escoltados con una camioneta adelante y otra por detrás.
El ambiente en el auto se siente muy extraño con mis padres, parecen un poco tensos, como si algo les preocupara. No quiero pensar en que algo malo sucedió ni me tomo la molestia de querer indagar al respecto, probablemente solo son ideas mías. No ocurre nada.
Nada puede arruinar este magnífico día.
En unos minutos llegamos al restaurante lujoso en donde mis padres y yo cenaríamos. Solo hoy sería una cena tranquila con ellos, luego lo celebraría con mis amigos y novio. Realmente se me hace un poco triste que no puedan asistir Susan y Brett, extrañamente mi padre se negó a que ellos asistieran, no insistí al invitarlos, fue muy tajante con su petición.
Mi padre pide la reservación y el mesero nos indica nuestro lugar, la cual es una mesa para seis personas, ¿invitaron a alguien más? ¿Hay sorpresas? No le doy tantas vueltas al asunto, no les arruinaré su sorpresa para mí. Mis padres comienzan a pedir nuestra cena, y bebidas para celebrar este hermoso día.
La cena avanza tranquila, como de costumbre, sin embargo, esa pequeña espina de que algo sucede no deja de hacerme ruido, comienza a inquietarme un poco.
Es una extraña sensación que rara vez suele ser ciertas cuando sucede algo. Mis padres no dejan de versen tensos, quiero suponer que es algo del trabajo que los tiene así. Sé todo el esfuerzo que han hecho para que empresa sea una de las más prestigiadas de la ciudad.
Unos minutos pasan y llega la hora de pedir el deseo con el pastel que ha pedido mi padre para mí. No dejo de estar feliz con todo lo que han hecho para mí. Me siento tan feliz de tenerlos.
Solo deseo que siempre estén para mí.
Me inclino para pedir mi deseo y soplo la vela. Mis padres aplauden y la pequeña sensación vuelve a mí con una punzada. Algo realmente no va bien. Quisiera preguntarles qué sucede, que…
Mis pensamientos se ven interrumpidos al mirarlos.
Mi madre ve a mi padre, y él asiente como dándole autorización. Yo no comprendo nada.
―Tenemos que decirte algo, cielo ―comienza diciendo mi madre. Ubica su mano encima de la mía.
Mi ceño se frunce un poco al escuchar su tono de voz, está un poco distorsionado. Observo a mi padre en busca de respuestas a lo que quiere decir mi madre. No encuentro nada, hace muy bien ocultándolo.
Él toma una postura firme y toma mi otra mano. Ahora, mis manos quedan agarradas con las de mis padres encima de la mesa.
―Lo que te diremos sé que no te lo tomarás bien, pero no tenemos opción ―comenta mi padre, decepcionado. Se encuentra más derrotado, la verdad―. Te amamos, Emily.
―Me están preocupando… ¿Qué sucede? ―les pregunto y observo simultáneamente a cada uno.
El pastel enfrente de mí ya no parece tan apetitoso. Mis padres con lo que sea que tengan que decirme han cerrado mi apetito.
Mi madre suspira y aprieta levemente mi mano. Su rostro pasa ser lo más serio posible.
―Te vas a casar.
Lo proceso un momento. Y me causa mucha risa. Una risa brota de mis labios. Sé que a mis padres les gusta decirme muchos chistes para hacerme reír en cualquier momento, es algo que aprecio demasiado de ellos.
Me sigo riendo por unos minutos y caigo en cuenta que ellos no se ríen conmigo. Ellos han hablado en serio. Muy en serio.
Tomo una postura firme al darme cuenta de las cosas.
―¿Qué?
―Lo que oíste, Emily ―reitera mi padre―. Te vas a casar muy pronto.
Una sensación desagradable se instala dentro de mí, haciendo que tome una postura firme. El tiempo a mi alrededor parece ralentizarse.
―Pero… ¿Cómo? ¿Por qué? ―muchas preguntas comienzan a formularse en mi cabeza sin saber con cuál comenzar primero.
―Nuestra empresa se está viendo muy fracturada con la dura competencia de otra ―inicia mi padre―. Hice todo lo posible, lo que estuviera a mi alcance, pero no está funcionando, la empresa en cualquier momento puede caer.
Me niego a creerlo.
―Debe de existir otro método, papá… no puedes obligarme a casarme con alguien que no conozco en lo absoluto ―digo negada a la idea de mi padre.
―Lo intenté, cielo, la empresa está decayendo con la gran competencia que nos está dando la otra empresa. La única opción que me ofrecieron fue unir lazos con ellos de esa forma. Y, claramente estás obligada, ya firmé un contrato.
―¡No me lo puedo creer!
―Cielo, realmente no pudimos hacer más, se hizo lo que se pudo. No tuvimos más opción que aceptarlo ―agrega mi madre para apaciguar el ambiente tenso que se ha formado en la mesa.
―Pudieron consultarme primero, ¿no lo creen? ―les inquiero―. No puedo creer que hayan esperado mucho tiempo para decirme, justamente en este momento tan especial para mí.
―Lo sentimos, Emily ―se disculpa mi madre, trata de tomar mi mano de nuevo y yo la retraigo para que no lo haga.
Su mano queda suspendida en el aire, se siente tan culpable por todo lo que está pasando. Es que yo realmente sigo sin creérmelo. ¿Cómo pueden mis padres usarme de esa forma? Y, ¿qué tan retorcida tiene la mente la otra persona de proponer eso? Necesito más respuestas.
―¿Cómo pudieron usarme de esa forma solo por salvar a su empresa? ¡Soy su hija, no un objeto que usen a su beneficio! ―les exclamo muy dolida en que lo hayan hecho.
Los rostros de mis padres reflejan una culpa sincera, una que realmente nunca había visto en ellos. Es la primera que los presencio de esta manera. Quisiera decir que me duele verlos así, porque sé que todo lo que han hecho es para salvar a la empresa familiar, pero… ¿usar a su hija para ello? No puedo siquiera pensarlo, me hierve la sangre.
―El chico, con el que estoy compro-metida ―hasta se me dificulta pronunciarlo. Me sigue tomando por sorpresa―. ¿Lo conozco siquiera?
Un atisbo de emoción se muestra en el rostro de mis padres, uno muy ligero que me desconcierta un poco.
―Lo conoces, se podría decir que eran un poco unidos, pero el ritmo que han llevado sus vidas durante estos años se vieron separados ―comenta mi padre.
Bueno, por lo menos mis padres lo conocen y según ellos, yo también lo conozco. Creo que ellos jamás me lanzarían a cualquier tipo que les dé un contrato de matrimonio para su hija solo por salvar la empresa.
Claramente no estoy de acuerdo con lo que hicieron a mis espaldas, solo me siento aliviada en que conozcan al chico.
O eso es lo que quiero pensar para no perder la cabeza.
Quisiera decir que estoy pensando con la cabeza fría, pero no es así, mi mente está muy nublada con muchos pensamientos.
Un pensamiento me golpe abruptamente trayendo a la realidad.
―Esperen… ¿Qué pasara con Brett? ―pregunto, preocupada, temiendo lo peor―. ¿Se les olvidó que llevo una relación de años?
―Sobre eso… ―comienza mi madre.
Oh, no…
No, no, no, no.
―Tendrás que terminar esa relación ―concluye mi padre.
¡No!
Me niego hacer eso.
―¡No! ¿Cómo pueden pedirme eso? ―los observo como si estuvieran totalmente locos―. ¡Ustedes saben que yo amo a Brett! ¡No pueden obligarme hacer eso!
―Emily, tienes que quedarte todavía no termina la…
―¡No, mamá!
―Son cosas que tienes que asimilar poco a poco, hija. Te daremos el tiempo suficiente para que lo hagas, solo queremos que te vayas familiarizando con todo ―mi padre agrega tan apacible.
¿Cómo se puede tomar las cosas de esa forma? ¿Solo intenta mantener la calma? ¿Solo intenta hacer lo que siempre hace?
―¡No quiero hacerlo! ―mascullo―. Creí que nada podía arruinar esta cena, pero me equivoqué.
Me siento tan alterada en estos momentos. Mis padres de verdad están siendo muy insensatos e injustos con lo que yo realmente quiero. No puedo pensar con claridad en estos momentos. Solo quiero llorar e irme de aquí antes que diga cosas que realmente no siento.
―Emi… ―mamá intenta calmarme.
―Me voy, no puedo con todo esto. No creo ser capaz de soportar estar un minuto aquí más con ustedes ―les indico―. Y será mejor que ninguno de tus hombres me siga, papá.
Señalo a cada uno detrás de nosotros. Papá le hace una seña en que no deben de seguirme y le agradezco con la mirada. Por esa parte sí decide respetar mi decisión. Me levanto rápidamente de la silla y los dejo ahí sin decir algo más.