Capítulo 1. Parte II
Es que no sé qué decir, todo es tan irreal para mí. No tengo palabras.
Mis ojos comienzan a escocer, se avecinan muchas lágrimas que no tomaré el esfuerzo de retenerlas, puede que arruine mi maquillaje, pero no me quejo. Todo está más que arruinado en estos momentos.
Ya afuera del restaurante, sola y llorando me las ingenio para sacar mi móvil y llamar a la única persona que sé que vendría por mí sin importarle que hora sea.
Hasta el pulso me tiembla. Es increíble. No sé cómo me las ingenio para teclear su nombre.
Varios repiqueos suenan, levemente me veo resignada en que no contestará hasta que suena el sexto y atiende, aliviándome hasta el alma.
―Me siento honrado que una hermosa cumpleañera me esté llamando, ¿qué se le ofre…?
―¿Pue-des venir por mí? ―tartamudeo un poco por las lágrimas que van descendiendo por mis mejillas.
―¿Emi? ¿Qué sucede? ―pregunta preocupado esta vez.
―Solo ven por mí ―me las arreglo para decirle.
Un silencio por unos segundos se escucha a través de la otra línea. Comienzo a ponerme impaciente por no recibir respuesta de su parte. Si no me da respuesta, me veré obligada a entrar y lidiar con mis padres, y es lo que menos quiero hacer en este preciso momento.
―Iré en diez minutos.
Dicho eso, cuelga la llamada.
Miro una vez más, el cual fue mi restaurante favorito, y siento muchas emociones acumuladas, las lágrimas no dejan de descender por mis mejillas, una tras otra.
Me siento tan devastada en estos momentos.
Me abrazo a mí misma mientras lloro en plena noche tan fría y triste.
(…)
Una mano se ubica en mi cintura para atraerme al dueño del pequeño gesto que lo hace. El calor que desprende su cuerpo me hace sentir tan cómoda y olvidar todo lo que sucedió anoche, quisiera quedarme siempre así con él.
Me volteo y lo primero que me recibe es una de sus sonrisas tiernas, de esas que a él solo le gusta darme para tranquilizarme. Sus ojos se ven pequeños por la sonrisa que me otorga, pero es predecible el azul oscuro que hay en ellos.
―Buenos días, bella durmiente ―dice Brett acariciando mi rostro.
Le sonrío de vuelta y me acurro más hacia él queriendo detener el tiempo por un momento, solo para disfrutar más de las sensaciones que me provoca al estar juntos.
―¿Por qué no me despertaste? ―inquiero, frunciendo un poco el ceño.
―Quería que descansaras, es algo que necesitabas por la noche agitada que tuviste ―no pierde su tono de voz dulce―. ¿Cómo te sientes?
Brett no deja de observarme en ningún momento, procurando en no querer perder nada de lo que tenga que decirle.
Anoche fue muy atento y considerado. Él realmente escuchó todo lo que habían hecho mis padres a mis espaldas, quedó muy conmocionado por todo. Yo solo no dejé de llorar, su consuelo fue ayudarme en mantener todas mis piezas en un solo lugar, me sostuvo en todo momento sin tener la intención de querer soltarme.
Supo tranquilizarme y es algo que siempre admiro de él.
Ese contacto entre ambos se sintió muy íntimo, sin que fuera algo s****l. Entre nosotros se siente ese gran cariño que siempre nos envuelve cuando estamos juntos. No había intenciones en que sucediera algo, más cuando mi estado era fatal.
Su objetivo principal era calmarme, no querer tener sexo.
Él solo me ayudó a desvestirme, me colocó una de sus camisas que me quedó como si fuera un vestido, quitó mis tacones y desmaquilló hasta que no quedará ningún rastro alguno de la horrible noche.
Sabe lo que hace. Me sentí aliviada de tenerlo a mi lado.
―No sé cómo sentirme, digo, lo de anoche no sé cómo asimilarlo todavía. Tampoco es que mis padres me hayan dado muchas opciones, todo pende de un hilo ―siento como las lágrimas inundan mis ojos una vez más―. Y ese hilo soy yo. Ellos dejaron que todo recayera en mí.
Acaricia esta vez mi hombro en forma de apoyo.
―Sabes que no pienso dejarte, pase lo que pase.
―Brett, no quisiera mantenerte en un secreto, tú no te mereces eso. No mereces ser el secreto de nadie.
Se incorpora en la cama rápidamente y se cruza de brazos. Yo me incorporo también para que ambos quedemos al mismo nivel.
―Emily, yo te amo ―dice, honesto, sin mirarme―. Sé que tú también lo haces y ese matrimonio de mierda que te están obligando tus padres a aceptar por su empresa familiar solo es eso, un matrimonio por convenio, no es algo al que debas de actuar como si estuvieras en uno realmente.
―Pero yo no quiero ocultar lo que tenemos ―replico―. Llevamos cinco años juntos, no son en vano para mí. Es mejor que…
―No, Emily, ni lo digas ―esta vez si decide mirarme―. No hagamos eso todavía, buscaremos una solución juntos, ¿me oyes?
Yo asiento sin estar muy convencida al respecto. Se acerca hacia mí y toma mi rostro entre sus manos. Observa mis ojos para asegurarme lo que tenga que decirme.
―No pienso dejarte, no pienso dejarme intimidar por un imbécil riquillo que estará con mi chica ―me estremezco un poco por sus palabras―. El día que el imbécil de tu esposo se llegue a sobrepasar contigo, no dudes en decirme, yo me encargaré de romperle la cara.
»Si tenemos que vernos a escondidas, lo haré. Si tengo que soportar ver como ese idiota te besa, lo haré. Todo lo que tenga que ver contigo, lo haré. Solo no me digas en que debemos de terminar la relación porque no lo aceptaré, ambos sabemos que nuestra relación tiene un futuro más prometedor de lo que los demás lo creen. Más que ese matrimonio arreglado que te están obligando tus padres.
Sin poder contenerme más, las lágrimas que contenía al principio comienzan a descender por mis mejillas. Me abalanzo hacia Brett y lo abrazo muy fuerte. Él no se tarda mucho en envolverme en sus brazos.
Nos quedamos un momento así, hasta que decido en que debo de regresar a casa.
―Quisiera que ambos tuviéramos más tiempo, pero debo de regresar a casa antes de que papá vuelva hacer lo de la otra vez…
Ambos reímos al recordar eso. Limpia mis lágrimas y no dejamos de sonreír.
―Está bien. Te llevaré ―dice y le da un pequeño beso a mi nariz―. Te amo, Emily.
―Yo más, Brett.
(…)
Al llegar a casa con el humor más repuesto, decido en ir en busca de mis padres. Supongo que deben de estar en la oficina de mi padre. No puedo quedarme con las dudas, es mejor que enfrente todo.
Abrazando mis pertenencias, me aproximo hacia la oficina. Realmente no quise cambiarme, me siento muy cómoda de esta forma y colocarme de nuevo el vestido hubiese significado rememorar la horrible noche, fue algo que decidí descartar de inmediato.
Mis pasos son lentos, estoy extendiendo más la situación, cuando debería de zanjarla de una vez por todas. Al llegar, me detengo en la puerta, solo para ser consciente de que se escuchan voces, unas que realmente no suenan como las de mis padres.
Toco la puerta y el silencio en la estancia se hace presente de inmediato. Oigo pasos dentro de ella y por fin se abre la puerta revelando a mi madre muy angustiada y aliviada al mismo tiempo.
Sin decir algo, se aproxima a abrazarme, sin pensarlo dos veces le correspondo el abrazo. Estuvimos así por unos segundos, ella deshace el abrazo y toma mi rostro entre sus manos para darme un beso en la frente, después me escanea y su ceño se frunce.
―¿Dónde estabas? Estábamos muy preocupados por ti ―dice mi madre de inmediato.
―Estuve con Brett…
―Cielo, sabes que ya no puedes seguir viéndolo ―me recuerda mi madre.
―Mamá, pero…
―¿Emily? ―me interrumpe mi padre con su llamado―. Pasa, por favor.
Mi madre se hace a un lado y me deja pasar. Cierra la puerta detrás de nosotras, yo solo avanzo un poco para fijarme que hay dos personas sentadas en los sofás que hay en la oficina y la otra persona está mirando por la ventana dándome la espalda, sin inmutarse para nada de mi presencia.
Qué extraño…
Papá sonríe aliviado de verme, pero su sonrisa dura poco al darse cuenta de mi vestimenta, me dedica una de sus miradas en que estoy metida en problemas.
―Ahí está mi dulce niña ―habla mi padre señalándome. Cambia radicalmente su humor para dar una buena impresión, pero sé que solo lo oculta muy bien―. Acércate, cariño.
Hago lo que me dice y me acerco hacia él. Papá me da un beso en la cabeza y me voltea para mirar a una pajera de señores mayores muy elegantes enfrente de mí, puedo calcularles a ambos la edad de mis padres, o un poco más.
Yo me siento muy confundida, siempre he frecuentado las amistades de mis padres, pero ellos… nunca los había visto en mi vida. O simplemente no los recuerdo. Todo es muy extraño para mí.
Si sabía que estás personas vendrían, me hubiese venido vestida para la ocasión. Ahora siento mucha vergüenza en estos momentos.
―Te presento a Lauren y Evandro Russel ―mis padres nos presenta.
Ambos se levantan del sofá para dar una mejor presentación. Extiendo mi mano primero hacia la mujer, quien me sonríe de manera cálida, y después hacia el hombre que parece no querer mostrar alguna expresión.
Escalofriante.
―Sigues siendo tan hermosa como te recuerdo, Emily ―dice Lauren con su sonrisa.
Mi ceño se frunce más, yo solo me limito a sonreírle.
―Gracias… ―agradezco con honestidad―. No quiero ser mala educada… pero, ¿los conozco?
Todos se ríen, exceptuando al hombre que no deja de examinarme, y mi madre se adelanta para hablar.
―Los conoces, Emi. Solo que los vistes por última vez cuando tenías seis años ―aclara mi madre.
Yo asiento, comprendiendo un poco más. Ahora mi vista se enfoca en el chico que no se ha movido siquiera de su lugar. Solo me dedico a observarlo de reojo. Todos parecen darse cuenta y siguen mi vista. El que parece ser el padre del chico lo llama.
―Ven aquí ―hasta su voz suena fría y muy calculadora.
El chico le hace caso a su padre y se aproxima hacia nosotros. Yo tomo una postura firme en mi lugar para no dejarme amedrentar hacia nadie. Al llegar, se pone al lado de su padre, y luego éste lo ubica en el medio como yo estoy con los míos.
El tiempo parece detenerse a mi alrededor. El aire parece faltar a mis pulmones. El oxígeno no parece ni existir para mí. Quiero que alguien me saque de este trance que estoy teniendo.
―Él es mi hijo ―dice Evandro.
Yo, automáticamente, extiendo mi mano hacia él. El chico la observa por unos segundos, para después estrecharla con la mía. Una pequeña, pero sutil sonrisa socarrona se instala en sus labios.
Parece leer mis pensamientos.
―Nolan.
Él, no… no puede ser posible.
―Emily.
No sé cómo reaccionar… ¿Cómo puede ser él? ¿Qué hace aquí?
No suelta mi mano en ningún momento, la sigue sosteniendo, mantiene su típica sonrisa socarrona y pronuncia para molestarme más de lo que ya lo ha hecho.
―Un placer verte de nuevo, Emily.