Leah Stewart El apartamento está en completo silencio cuando entro. El sonido de mis tacones se escucha a medida que avanzo y hasta que me los quito, para no despertar a Irina, que ya debe estar durmiendo. Camino con ellos en la mano y voy directo a la habitación de los niños. El amplio espacio tiene todo lo que necesitan dos bebés y además, una cama grande y cómoda donde dormiría Irina en noches como esta, cuando necesite de su ayuda. En los pocos días que lleva con nosotros no ha sido necesario, porque yo no me atrevía a estar lejos de los niños. Pero hoy vino bien haber tomado esa precaución, porque ella puede acomodarse sin problemas. Llego al dormitorio y abro la puerta con cuidado. La tenue luz de la lámpara en una de las esquinas ilumina el espacio. Veo a Irina en la cama y no m

