Capítulo 30 Massimo De Luca Tocarla es perder el control. Más, porque nunca lo he tenido cuando de ella se trata. Besar a Leah se siente como un puto paraíso después de un infierno eterno. Sentir la suavidad de sus labios contra los míos es como probar un elixir de dioses y acabar mucho más obsesionado. Solo con ella soy capaz de mantener una cordura loca. Un término raro y complejo para definir lo que soy a su lado. Mi cabeza puede ser una cosa cargada de mierda, pero cuando se trata de ella, de sus ojos, de su olor, de su sabor…soy nada y todo a su lado. Un vagabundo, mendigando su toque. Ansiando el momento en que sus tibias manos se entrelacen con las mías y sus gemidos melódicos llenen todo el espacio. Me rodeen, me compriman. Ahora su espalda está pegada a la pared de crista

