Massimo De Luca Sus ojos son un reflejo de sus emociones esta noche. Y aunque son visibles, son tan cambiantes que no me da tiempo confirmar una cuando ya debo analizar otra. Lo más complejo de todo es que algunas no son de las que me gustan. O de las que podrían, al menos, calmar a mi acelerado corazón. Leah no me cree, aunque quisiera. No la culpo por eso, la verdad. Tengo que desviar mi atención de lo que ahora mismo me preocupa porque no quiero que acabemos mal la noche. Es muy pronto para todo, lo sé. El tiempo tendrá las respuestas, paso a paso todo irá bien. Lo dejamos así. Ella no continúa sus preguntas y yo no insisto. La veo comer hasta que termina. Miro su plato ya vacío y sonrío. —¿Disfrutaste? —le pregunto cuando ella cierra los ojos, se recuesta a la silla y suspira ext

