Había tomado la decisión de dividir mi hogar por la mitad, pasaría seis meses aquí y seis meses en Texas.
No era la decisión más fácil, no iba a ser fácil ir y venir y no estar nunca en el mismo sitio, pero no podía concebir la idea de no ver a Julian, Gretha y Dennis.
Eran mi familia y no quería renunciar a ellos por completo, pero sabía que tenía que distanciarme de Gabriel.
Aunque su manada sólo estaba a una hora en coche del territorio de los Caminantes de la Sangre, seguía estando demasiado cerca. Me preocupaba que se enterara de mi embarazo, que no quisiera al bebé como yo.
No podía soportar la idea de que la rechazara como lo había hecho conmigo.
El alfa Jaxon había ordenado a la manada que mantuviera mi embarazo en secreto, no se les permitía hablar de ello con ninguna otra manada que no fuera la nuestra. No había dicho por qué, pero corrían muchos rumores.
Reed y Dennis se enteraron de algunos, lo que no acabó bien para los que propagaban los falsos rumores. Los acallaron rápidamente y nadie volvió a hablar de mi embarazo.
Todos me habían apoyado tanto como dijeron, Gretha en especial. Siempre le brillaba la emoción en los ojos cuando hablábamos de la niña que ocupaba mi vientre.
Chloe se había quedado embarazada hacía solo unas semanas, lo cual era una noticia emocionante, sobre todo porque significaba que nuestros bebés tenían alguien con quien jugar. Había estado con Chase desde que se dieron cuenta, eran compañeros, hacía dos años.
Siempre habíamos estado en el mismo grupo de amigos; era obvio antes de que cambiaran que estaban conectados. Discutían, se peleaban y se ponían celosos de lo que hacía el otro.
Era evidente todo el tiempo y Dennis, Reed y yo incluso apostamos por ello.
Habían pasado dos meses desde que descubrí que estaba embarazada. También acababan de celebrarse los cumpleaños de Dennis y Reed, así como sus ceremonias Alfa y Beta. Ahora eran oficialmente el Alfa y Beta de la Manada de Caminantes de Sangre.
—Tu barriga está creciendo mucho—. Dennis se rió, agarrándome la barriga mientras se acercaba a mí desde un lado. Se había mudado de casa, y en su propia casa desde su título de Beta.
Me ofreció que fuera con él, pero yo quería tener a Gretha a mi lado, ella había prometido ayudarme a mostrarme y enseñarme cómo cuidar a un recién nacido.
Dennis visitaba a menudo la casa para ver a su familia, como hoy.
Puse los ojos en blanco ante su comentario, sólo él haría comentarios sobre el tamaño de una mujer embarazada.
—Se supone que no debes comentar lo ballena que empiezo a parecer, ¿sabes?
Se rió entre dientes cuando Gretha le golpeó el brazo, frunciendo el ceño sin impresionar a su hijo.
—Bueno, es bueno saber que mi sobrina está creciendo y está sana.
—Lo está—, sonreí, frotándome la mano en la protuberante barriga a medida que me acercaba a la duodécima semana. —Sólo faltan cuatro semanas.
—¿Ya has pensado un nombre?—preguntó Dennis con curiosidad, metiendo las manos en la nevera y robándome una de mis chocolatinas.
Normalmente, me quejaría, pero había descubierto que el chocolate había sido la causa de mis náuseas durante todo el embarazo. Mi estómago se negaba a comerlo.
Miré a Gretha y sonreí. Habíamos hablado de nombres para el bebé y yo estaba bastante convencida del nombre que habíamos elegido. Quería que fuera una sorpresa para todos, así que no dijimos nada.
—Tendrás que esperar y descubrirlo—dijo Gretha, sonriendo juguetonamente, sabiendo que Dennis estaba desesperado por saberlo. Llevaba semanas preguntándonos.
Dennis le hizo una mueca a Gretha que la hizo soltar una risita. Julian apareció en ese momento, entrando en la cocina, y dándole a su compañero un beso en la mejilla.
A menudo pensaba en Gabriel y en cómo las cosas podrían ser diferentes, pero intentaba no darle demasiadas vueltas, el embarazo había sido estresante y emotivo. Tenía que pensar en él, después de todo era el padre de mi hijo y mi pareja.
—Dennis, ¿podemos subir rápido? Necesito hablar de algo contigo—. Julian se lo pidió y Dennis accedió de inmediato, siguiendo a su padre hasta su despacho.
Fruncí el ceño mirando a Gretha, preguntándome de qué se trataba, pero ella se encogió de hombros y cambió de conversación.
*
Mi preciosa hija, Kennedy, nació el 7 de abril con un peso de dos kilos y medio. En cuanto llegó al mundo y sus ojitos se abrieron, me quedé hipnotizada y, en ese momento, se apoderó por completo de mi corazón.
Era la viva imagen de Gabriel; tenía sus ojos verde esmeralda y sus mechones de pelo n***o. Era preciosa, con sus labios pequeños, su nariz de botón y sus manos diminutas.
Me daba miedo tocarla porque podía romperla sin querer; era tan frágil y pequeña.
Recordaba aquel día como si fuera ayer, sólo habían pasado cuatro días desde su llegada, el tiempo parecía pasar volando. Sonreí con cariño al recordarlo.
Gretha había chillado de alegría y felicidad cuando la vio por primera vez, había estado a mi lado durante todo el embarazo y el parto.
—Es preciosa Lara, estoy muy orgullosa de las dos—. Dijo, apartándome el pelo de la cara mientras miraba a mi recién nacida.
—¿Estás contenta de que invite a los chicos a entrar, están esperando impacientes fuera? —Ashley se rió, ella era nuestra doctora de la manada y me ayudó a dar a luz a Kennedy.
—Sí, puedes dejarlos entrar—. Dije, sonriendo a mi hija sin poder quitarle los ojos de encima.
Los chicos entraron, bueno Reed y Dennis lo hicieron. Julian los seguía de cerca, estaban desesperados por ver al bebé y yo le había revelado el nombre a Dennis solo unos días antes. Me había rogado que lo supiera, demasiado impaciente para su propio bien.
—Es preciosa—. Dijeron los dos a la vez, haciendo sonreír a todos. Fue un momento abrumador, pero alegre para todos. No pude evitar sentirme culpable de que Gabriel se lo perdiera.
No sabía si lo que estaba haciendo era lo correcto, no quería forzarle a entrar en mi vida cuando él claramente no quería estar en ella. Al mismo tiempo, tampoco quería que mi hija se perdiera la oportunidad de conocer a su padre.
—¿Puedo cogerla?— dijo Gretha, su voz me sacó de mi trance.
Asentí, maniobrando ligeramente para sentarme y pasarla por encima con cuidado, mientras Gretha abrazaba a Kennedy contra su pecho.
—Es justo que tú cojas primero a Kennedy Gretha.
Ante mis palabras, su boca se abrió de par en par, mirándome atónita hasta que una inexplicable sonrisa se dibujó en su rostro, sus ojos comenzando a humedecerse por el nombre que yo había decidido. Julian se colocó detrás de su compañera, consolándola mientras lloraba.
Era divertido de ver; Gretha no podía controlar el hipo mientras mecía a Kennedy en sus brazos.
—No puedo creer lo hecha un lío que estoy ahora mismo. Su nombre es preciosa, no sé qué decir salvo gracias.
La abrazó durante unos diez minutos antes de que Dennis empezara a quejarse.
—Vamos mamá, deja de acapararla—. Se rió entre dientes, levantando con cuidado a Kennedy en brazos con Reed de pie a su lado. —Debería haberla llamado Kennedy Gretha Dennis. Le habría quedado mejor o simplemente Dennis, habría funcionado bien.
—Cállate—respondí riendo con un giro de ojos—¿Quién querría llamar a su hijo como tú?
—Yo desde luego que no—. Reed asintió, con tono serio y sin titubeos.
La expresión de asombro de Dennis se tornó en desagrado en cuanto todos empezamos a reírnos, incluso el médico de la manada Ashley se unió provocando que nos gruñera juguetonamente a todos.