Los días pasaron con algo de “normalidad”, y es que Ernesto seguía recibiendo llamadas que lo ponían nervioso, y por más que Gabriela preguntará, siempre estaba la misma respuesta. Nada pasa, son cuestiones de trabajo.
Viernes 12 de junio, 9: p.m.
—Ya amiga, quita esa cara de preocupación. No me gusta verte así —Luego de sus fantásticas vacaciones, con su pareja, Estefania, regresaba, y al ver el estado de su amiga, no dudo en intervenir—No parece que te alegres de verme.
—Claro que te extrañe, pero Estefa, no puedo, él ha estado muy raro. Cada vez, que su celular suena, cambia de ánimo, sus manos tiemblan y hasta suda
—Habla con él, dile que no te mienta más
—Estoy cansada de enfrentarlo. Y la verdad, tengo miedo, no quiero pasar por otra decepción, ya he tenido suficientes
—Ernesto es un buen hombre, de seguro es algo relacionado con su trabajo. Quizás, no está pasando por un buen momento, y no te lo quiere decir, para no preocuparte
—Si es así, es un tonto, el dinero no me interesa en lo absoluto
—Tú lo ves así. No obstante, para los hombres, aquellos que son buenos, tener los medios necesarios para ser un buen proveedor, implanta seguridad en ellos
—Eso lo comprendo. Pero lo que no entiendo, es porque no habla, y esquiva el tema
—Ya te dirá sus motivos. No te hagas tormentas innecesarias. Más bien, ven, vamos a mi habitación, tengo que mostrarte, el regalo para mi princesa. ¿Y bien qué te parece?
—No debiste molestarte, este vestido está hermoso —El pequeño vestido con corte de princesa, adornado con tres flores en el centro, y diminutas perlas en sus puntas, era de ensueño.
—Lo mejor, solo para ella. Además, hay más, toma, este es el tuyo
—Es igual de precioso —Gabriela quedó fascinada con su vestido corte de sirena, con un escote, tipo halter, adornado con lentejuelas, que le daban el toque prefecto—. ¿Dime, cuanto te gastaste en ellos?
—No te preocupes por eso. Tengo a alguien maravilloso a mi lado, que cumple todos mis caprichos. Y usted, y yo señorita, mañana tendremos una cena, la anfitriona, será nuestra princesa
—En serio que eres la mejor amiga, que cualquier mujer, pudiese tener. Perdóname, por aquellos años, en los que me aleje
—Deja eso, a donde pertenece, el pasado. Ambas estamos viviendo, un primoroso presente. Ahora ve a descansar, mañana no espera un gran día.
En el momento que Gabriela, quiso acostarse, alguien toco a la puerta. Por lo cual, ella fue a ver, de quien se trataba.
—¡Hola! Soy cito el osito, me dijeron que aquí vive una preciosa niña, y que mañana cumple años. Por eso vive a visitarla —Y luego de un día, en el que estuvo arreglando sus propios problemas, Ernesto hacia su aparición.
—Ni creas, que por eso te disculparé
—Lo sé, perdóname. Estuve en reuniones con distintos inversionistas, tengo que buscar capital, para expandirme
—Entonces por eso, no me llamaste en todo el día
—Creerás que es una estupidez, pero mi celular se quedó sin batería. Si deseas, mira en tu habitación, mi cargador está ahí
—Entra, tampoco te voy a dejar ahí parado. El oso debe pesar
—No es tan pesado, como la culpa que siento, por mi mal comportamiento.
Gabriela respiro hondo, y lo abrazo para susurrarle: «no sé, porque estás pasando. Pero ya no estás solo, no tienes por qué volver a ser, ese chico que se escudaba en la universidad. Estoy aquí, te escucharé cuantas veces sea necesario. Te quiero»
—Lo diré, cuando sea el momento —Las lágrimas de Ernesto, empezaron a caer.
—Si lloras, yo también lo haré. Además, no puedo tener ojeras, tengo que estar radiante. Así que vamos a acostarnos.
Por más que sus voces les gritaran que algo no estaba bien. Ella decidió ignorar, su intuición, y tratar de mantener aquello que estaba cultivando.
No todo sale como se ha planeado, por más que tomes las medidas necesarias, habrá alguna movida que se interpondrá en tus decisiones. Siendo las siete de la mañana, Gabriela recibía una llamada por parte de su jefe, que sintió como un validado de agua fría, y que arrumaría el día más esperado.
—De verdad lamento, incomodarla, pero debemos vernos en la oficina, hay asuntos que debemos arreglar, y no pueden esperar hasta el lunes
—Señor, lo lamento, pero es el cumpleaños de mi hija, no puedo ir a la empresa
—No la demoraré mucho. Tiene mi palabra
—Bien, estaré ahí, a eso de las diez
—Perfecto, la esperaré.
Por más enojada que estuviera, ella haría lo posible por conservar su trabajo. Así que se levantó; se dio una pequeña ducha, fue a la pastelería, entro a una piñatería, compro uno cuantos globos, y una muñeca de trapo. Y teniendo todo listo, volvió con su pequeña.
—¿Por qué fuiste sola? —Preguntó Ernesto, que recién se levantaba—Deja te ayudo.
—Dormías plácidamente, así que no quise molestarte, ¿Dónde está mi niña?
—Tu amiga, está con ella
—Bueno, prenderé la vela, y ahora entraremos —Al entrar a la habitación, los ojos de Gabriela, se enrojecieron un poco, debido a la nostalgia— ¡Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños Belén! Ahora, apaguemos la vela, 1.2.3, eso. Bien hecho mi princesa. Te amo
—Bueno, es mi turno de cargar a esta belleza. Felicidades, mi muñequita, y mamá, no es la única que te dará regalos, yo también tengo otro extra, listo, te quedo perfecta
—Ernesto, ¿Por qué lo hiciste?, debió haberte costado mucho
—Tranquila, cariño, solo es pulsera con su nombre con su nombre. Para ustedes dos, solo lo mejor
—Gracias está muy hermosa, como odio esto, tengo que ir a trabajar
—¡¿Qué?! ¡Bueno, tu jefe es estúpido o se hace!
—Eso mismo me pregunto. Pero desee un trabajo, y no me puedo dar el lujo de perderlo
—Amiga, ve tranquila, nosotros nos encargaremos de la niña
—Les agradezco a ambos, haré lo posible, por no demorarme.
Viendo que no tenía más opción, después de haberle cantado el feliz cumpleaños a su pequeña Belén, Gabriela procedió arreglarse, para dirigirse a su trabajo, pues Harold, quien había maquinado un catastrófico plan, le pidió a esta, el día anterior, que asistiera a la oficina.
¡Vaya que tu jefe es un caso!, mira que hacerte ir en fin de semana, además es el cumpleaños de tu princesa —Ernesto, continuaba enojado.
—Lo sé, por más que intente zafarme no pude
—¿Y si renuncias?
—No me pidas eso, sabes muy bien, que lo que más anhelaba era trabajar, sí, hoy es el primer cumpleaños de Belén, que pasaré por fuera, pero no será todo el día, organizaré lo que haya que organiza, y me regresaré de inmediato
—Lo siento, no te molestes, yo jamás cortaré tus alas, solo…
—No estoy disgustada, entiendo cómo te sientes, yo también estoy acongojada, pero estas situaciones no será para siempre, además recibiré una remuneración por hoy, así que solo espérenme
—Vete tranquila, cuando vuelvas te tendremos una sorpresa
—¿De qué se trata?
—Tendrás que aguantarte
—Qué malo eres. Bueno, me iré —Gabriela salió directo a su trabajo, y aunque ella sintió un poco de nostalgia, por un lado, estaba tranquila, al saber que Belén, estaba rodeada de amor.
Al llegar a la oficina de su jefe, Gabriela fue recibida con gran peluche y varios globos rosa
—¿Y eso es? —Preguntó ella, algo desconfiada
—Es el regalo de cumpleaños, para su pequeña, sé muy bien, que debe estar un poco molesta, pero créame, si su presencia no fue indispensable, no se lo hubiera pedido
—En primera, no puedo aceptar este oso de peluche, debió costarle demasiado, y en segunda, si estuviera enojada, no estuviera aquí, soy su asistente, debo cumplir con mis labores, solo dígame que necesita de mí, para poder agilizar, y así volver al lado de mi hija.
A Harold poco le importaba, el incordio que se asemejaba en el rostro de Gabriela, y mucho menos, le importaba la pequeña Belén, su objetivo era uno solo, y era tomar a quien le hacía arder su cuerpo, por las noches, de sola recodarla
Todo parecía ir con tranquilidad, en aquella oficina, hasta que… Dominado por el deseo y la pasión, Harold, arrincono a Gabriela contra la pared, y se abalanzó sobre esta, intentando tomarla en contra de su voluntad.
—Jamás, intente, lo de hace un momento, me escuchó —Ella, lo abofeteó con todas sus fuerzas—. No sé, a que estará acostumbrado usted, pero yo, no seré una de su lista, guárdese sus regalos caros, y sépalo, desde este momento dejaré de ser su secretaria.
—Espere… Discúlpeme, pero usted me está volviendo loco
—¿Acaso, es consciente, de lo que está haciendo?, Ángel, está enamorado de usted
—Ángel, no significa nada, él solo es, para calmar el rato
—No cabe duda, que es alguien sin valor, y como todo ha quedado claro, no tengo por qué, permanecer aquí
—No… Antes de eso… —Harold tumbó a Gabriela en el piso, ejerció sobre ella, tanta presión, que para esta, le fue difícil defenderse, por más que trato de defenderse, sus esfuerzos fueron en vano.
—¡Suélteme!, usted me da asco
—Eso no será por mucho, ya lo verás
Y justo en el momento, que Harold, quiso dar su golpe final, fue detenido, por quien menos él esperaba.
—¡Bastardo infeliz! ¿Qué pensabas hacer?
—¡Axel! ¿Qué haces aquí?
—Parece que llegue en buen momento, ¿Señorita, está usted bien?
Sin saber quién era ese hombre, Gabriela decidió tomar su mano, y refugiarse en él.
—Gracias, por ayudarme, yo…
—No tiene por disculparse, usted no ha provocado nada, y tú, pensé que habías cambiado
—Vaya, ya llego don perfección, el que jamás se equivoca, a qué has venido, aquí tu presencia no es necearía
—Claro que lo es, mi padre me envió para supervisarte. Tu visita, lo dejo intranquilo, y ya veo porque sentido la necesidad. Si no llego, hubieras abusado de esta chica, ¡eres un animal!, mi padre se enterará de esto, y usted señorita, por favor venga conmigo, la llevaré a su casa, pero antes ¿Quiere poner una denuncia?
—No, solo sáqueme de aquí.
La llegada de Axel, significaría, drásticos cambios.
—¿Segura que está bien? Créame, no me tiembla la mano, para que acompañarla y poner una denuncia —Si algo tenía claro Axel, es que los comportamientos de su hermano, no podían pasar desapercibidas.
—Lo estoy, nuevamente le agradezco por su ayuda, y por haberme traído aquí, no podía llegar a casa, en las condiciones que me encontraba
—Lamento mucho, la actitud de mi hermano
—No me imaginaba, que él tuviera un hermano mayor
—Pues si lo tiene. Mi padre me pidió que vigilara a Harold, las funciones de este, pues le ha llegado información, de que al parecer este, se ha estado involucrando en el lavado de activos
—Le juro que yo no sé nada, solo llevaba unos pocos días de ser su asistente
—Calmase, no la estoy involucrando en nada, yo haré las respectivas investigaciones, y de ser necesario tomaré el lugar de mi hermano. ¿Dígame, ya está más calmada?
—Sí, ahora podré ir con mi pequeña
—Bien, deje que la acompañe, quiero cerciorarme que llegara salva, a su destino.
Debido a un accidente, que había ocurrido en la utopista sur, la llegada de Gabriela, sería retardada, y mientras ella esperaba, Ernesto, viviría algo muy peculiar en el apartamento de Estefania
—Bueno, señorita, ya estás lista, para tu sesión fotográfica, sé que tu mamá adorará las fotos. Estefania, creo que ya podemos irnos
—Listo, no perdamos el tiempo.
En el momento que ambos, quisieron salir del apartamento, alguien tocaba a la puerta.
—Sí, ¿a quién necesitas? —Preguntó Estefania.
—Quiero ver a Gabriela—Contesto Esteven.
—No, ella no está, y si nos disculpa. Tenemos prisa
—¡Maldito bastardo!, ¿Qué haces aquí? —Al ver a Esteven, Ernesto sentía, como hervía su sangre
—Es el cumpleaños de mi hija, tengo derecho a entregarle su regalo
—¡¿Qué?! Ni loca dejaré que te acerques a Belén. Ya decía yo, que tu cara me era conocida. Así que te vas por tu bien, o llamo a la policía —Estefania, no permitiría que él, se le acercará la pequeña, como si nada.
—Ustedes, dos, no son más que unos metiches. Tengo derechos
—Los cuales perdió, al abandonarlas —Afirmo Estefania—. Y bueno, aquí, no tienes nada que hacer.
—Me las pagarán, ya lo verán
—No te tenemos miedo, pedazo de estiércol. Mi amiga no está sola, no solo cuanta con Ernesto, también tiene mi protección.
Esteven se marchó del apartamento. Pero aquellas advertencias, no valdrían para él, de algún modo se saldría con la suya.
Llegada la paz, los amigos, continuaron con el plan que ya tenía trazado, pero antes de abordar el taxi, Ernesto recibió una llamada, así que le pidió a Estefania que se adelantara.
—Te dije, que no llamaras —Grito él.
—Mira, me importa un gorro lo que tú digas, mi hermana te necesita
—Ya te lo dije, iré, apenas pueda, y no me llames más, cambiaré de número, yo te llamaré
—¡Oye, tú…! —Virginia, no tuvo tiempo de reprochar.
Ernesto terminó su llamada, y al hacerlo, fue tocado por la espalda
—Así que nuestro hombre, guarda un secreto —Esteven, tenía una gran sonrisa en su rostro. Su intuición no fallaba, había encontrado un talón Aquiles.
—A ti que te importa, ¿Qué haces aquí? Te dejamos muy claro, que tu presencia no es grata
—No tengo por qué obedecerte. Además, quise saber, que harían con mi hija, por eso me quede a los alrededores, y mira que me sirvió. Tu llamada deja mucho que pesar
—No te metas, en mis asuntos
—Bien me iré, solo déjame decirte algo, no le mientas a Gabriela, si lo haces no te perdonará
—Cállate, yo no soy una escoria como tú
—No presumas tanto, tarde o temprano, flaquearás, y yo, estaré ahí
Continuará