¿FELICIDAD?

2306 Words
6: 30 p.m. Oficina de Harold Michigan —Señorita, Solís, por hoy puede irse a casa, y la felicito, es usted muy diligente —Cuando se trata de hacer algo, siempre doy todo lo que tengo —Eso es admirable. Por cierto, debido a problemas familiares, mañana tendré que viajar a Chicago, regresaré el sábado. Así que por favor, esté atenta, quizás pueda necesitarla —Comprendo, y no se preocupe, estaré disponible. Y si ya es todo, me retiro —Viendo que su día laboral, terminaba de forma amena. Gabriela se dirigió a la parada del metro, que le quedaba a cuatro cuadras de su trabajo, y en su pensamiento, lo único que rondaba era abrazar a su pequeña. 7: 30 p.m. —¿Y cómo le fue, a mi secretaria favorita? —En cuanto, vio que Gabriela entro al apartamento. Ernesto la recibió; le quito el saco, lo colgó en el perchero, junto con su bolso, y por último la cargo, para sentarla en el sofá. —¿Dónde está mi pequeña? —Preguntó, ella —No te preocupes, ceno, y no hace mucho, se durmió —Que lastima, es la primera vez, que no la duermo yo —No pongas esa cara. Belén sabe, que la amas, se lo demuestras con cada beso, y con todo lo que has hecho por ella —Aun así, me siento extraña. Iré a darle un beso, y ya vuelvo para seguirte contando sobre mi día —Está bien, prepararé la mesa. Te estaba esperando. Gabriela entró con cuidado a su habitación, acarició el cabello de su pequeña, le dio dos besos en la frente, le susurro las buenas noches, y luego se cambió de ropa. —Listo, my lady, su cena está servida —Se ve exquisita, ¿solo hay algo que quiero saber, Belén, no puso problema para comer? —No, quedo fascinada con mi receta —¡Caray, resulto mañosa! Conmigo, nunca quiso comer ensalada de atún, y contigo mira —Bueno, eso es porque soy un gran chef —Eso lo veremos —En cuanto, Gabriela, probó el primer bocado. No tuvo razones, para negar lo inevitable —Ves, no puedes discutirme —Tienes razón —Ella solo sonrió. Al terminar de cenar, Gabriela se recostó en el sofá. Mientras que Ernesto se encargaba de recoger la mesa. —¿En qué piensas? No trates de engañarme, por más cariñoso que has sido conmigo, hay algo que te molesta, ¿Qué es? —Si algo tenía Gabriela, era su gran capacidad de observación. —Cariño, quisiera saber algo, pero no lo hago por molestarte. Si no, porque me gustaría tener las cosas claras —Pregunta lo que quieras. Si vamos a tener una relación, la confianza es lo primordial —Bien —Ernesto, respiro profundo—. ¿Si en el algún momento Esteven, dijera que te quiere recuperar, tú qué harías? —¿A qué viene eso? —Esteven, estuvo aquí —¡Que!, ¿A qué vino? —Vino a decirme, que no dejaría, que Belén y tú, fueran mías —Es un imbécil, eso es lo que es, ¿Hasta cuándo me dejará en paz?, creo que tendré que ir a la policía, y solicitar una orden de alejamiento —Mañana haremos eso. Pero siendo sincero, tengo miedo, de que él, te vuelva a conquistar —Eso jamás volverá a pasar, estoy decidida a amarte a ti, y solo a ti. Así que quita esa cara —Lo siento, debo verme como un reverendo idiota, por mostrarme inseguro —¿Por qué crees eso? Al contrario, te ves tierno. Me están dando ganas de… —Gabriela se levantó del sofá; puso su mirada en el m*****o de Ernesto, el cual se marcaba de forma seductora—, hay que hacer algo con él, ¿no te parece?—. Gabriela apretó fuerte los testículos de este, luego saco su falo, y sin más se lo llevo a su boca. —¡Nhg…! ¿Qué haces? —Nada, solo quise mi postre, ¿no quieres? —Quien, ha dicho que te rechazaré —Ernesto empujo con gran fuerza, la garganta de Gabriela, y contrario a lo que él pensaba, ella no se molestó—, ¡Nhg…! ¡Hmgp…! Dios, tú… —Mientras recibía aquellas vanagloriosas mamadas, Ernesto le halaba el cabello a Gabriela. Pasada media hora, ella obtuvo un dulce manjar. —¡Delicioso! Ahora, es momento de tenerlo, quiero cabalgarte —Gabriela se posó sobre él, abrió sus piernas, tomo su gran falo, y poco a poco lo fue introduciendo en su interior—. ¡Ahh…!, dios, parece que se va a explotar, late muy fuerte. —Eso es lo que tú provocas, ¿quieres mi ayuda? —Si así lo deseas. Entonces Ernesto coloco sus manos, sobre las caderas de Gabriela, y él también se fue moviendo poco a poco, solo basto que pasaran unos cuantos minutos, para que los gemidos, de los amantes, se volvieran uno solo. —¿Desde cuándo, te volviste así? —Ernesto, había quedado más que maravillado —Desde hoy, por supuesto —Bien, quiero que seas así todos los días, tus movimientos me enloquecieron, te veías como una diosa cabalgándome —Ya no me digas más, sabes que me sonrojaré —Solo digo lo que siento, lo de hace rato, fue sublime para mí. Mi cielo que ambos nos prometimos empezar de nuevo, pero siento que si no te digo esto, estaré traicionado esa promesa, debes de saber, que… —Espera, tengo algo para ti —En ese momento, Gabriela fue a su habitación, entro con cuidado y fue directo a su bolso, del cual saco, una pequeña caja —Tómala, ábrela. —¿Anillos?, ¿a qué se debe? —Es mi forma de demostrarte que te quiero, antes de salir del trabajo, pase por un lugar, y al verlos sentí que eran para nosotros, sé que llegaste a pensar, que aún tenía sentimientos, por el estúpido de Esteven, yo misma lo creí en un momento. Pero ahora, me doy cuanta, que solo siento resentimiento, frustración y decepción, lo poco positivo que había desaparecido, ahora estas tú, y de eso segura —Entonces, ¿eso significa qué? —Significa, que a partir de ahora, te pertenezco solo a ti, así que ahora tómame, y lléname nuevamente de ti Al escuchar aquello, Ernesto volvió a tumbar a Gabriela sobre el sillón y una vez más, entraba en acción —¡Shuu!, baja la voz, no queremos que Belén despierte —¡Ahhh…! Entonces saca tus dedos, porque… —Deja que, por segunda vez, te eleve al paraíso —¡Ahhh…! Sácalos, siento que ya… —Debido al fuego que la arropo, Gabriela humedeció el sofá, sentía que su cuerpo se quemaba, era como un volcán—Vamos, vuelve a follarme, ¿Qué esperas? —Antes de dártelo, ¿dime que eres? —Soy tu puta, puede cogerme como lo prefieras —Para ese momento, ella hizo su pudor a un lado—Te lo imploró, penétrame. —Tú lo has pedido —Con gran bestialidad, Ernesto embestía a Gabriela, y mientras su m*****o la llenaba, él tomaba por el cuello—Espero, que no te arrepientas de esto. —Dije, que puedes follarme, como lo desees —La tierna y dulce mujer, había desaparecido, para convertirse en una sumisa, que permitiría que su cuerpo, fuera el lienzo del hombre que le gustaba—. ¡Ahhh…! Por favor, no lo saques… Yo… —¿Quieres qué? —Sí, termina dentro de mí, no tienes por qué preocuparte, recuerda que me estoy cuidando, así que hazlo sin miedo. Complaciendo a Gabriela, Ernesto, por segunda vez, termino dentro de ella. —No sabía, que te gustara tanto mi semen —Bueno, es tu culpa, por provocarme —Eres única. Te quiero —Sí, yo también te quiero Terminado su encuentro, ambos se ducharon, y luego fueron al lado de Belén. —Mira, es un angelito —Sí, mi niña es lo mejor que me pudo haber pasado —Corazón, tu hija es maravillosa, hoy que pasamos el día juntos, comprendí que su amor es lo más gratificante, y yo pensé, no sé, ¿te gustaría, que le diera mi apellido? —Bueno, no sé… yo pienso que… —Tienes razón, quizás soy imprudente. Olvídalo —Ernesto, no es que me moleste, al contrario, estoy muy halagada. Pero no sé, si hacerlo sea correcto, considero que debemos asesorarnos con un abogado, y así saber, sus pros y sus contras —Así lo haremos —Eres un refunfuñón de primera. Más bien, ven, hace rato, no pude colocarte tu anillo, y tú, no me colocaste el mío. En efecto, los dos amantes, procedieron a colocarse, sus respectivos anillos, se besaron, y acto seguido se acostaron. Todo parecía ir de forma neutral, hasta que siendo las dos, de la madrugada del martes; Ernesto se despertó, fue a la concia por agua, y al ver a la habitación, percato de que en su teléfono tenía varias llamadas perdidas, por lo cual, salió un momento, para devolverlas, pues el número le era familiar —¡¿Qué, cómo es posible eso?! —Pregunto él. Luego de escuchar que Luciana, convulsionara. —No sé, algo tuvo que pasar, para que ella entrará en crisis, Ernesto debes de volver a Panamá, Claudia te necesita —Virginia, sabes que algunas fronteras, están cerradas, así que ahora, volver, no me será posible —Pues no sé qué hagas, pero debes estar aquí, se lo debes a mi hermana. Por tu culpa ella está así —Está bien, iré cuando pueda, no vuelvas a llamar, yo te llamaré —Espero por ti. Ya sebes de lo que soy capaz. —Ya dije que iré, ¡Maldición! No, ahora, no —Terminada la llamada, Ernesto quedó alterado. Esa llamada, representaba un gran riesgo para él. —¿Qué sucede, porque te levantaste? ¿Qué haces aquí en el sofá? —Cuestionó Gabriela, que al no verlo a su lado, se levantó para ver que sucedía. —Recibí unas llamadas, sobre trabajo —¿Está todo bien? —Sí, quédate tranquila, ahora vamos Belén nos espera —Por más que Ernesto quiso estar tranquilo, le fue imposible, uno de sus secretos, pronto estallaría, causando grandes estragos. 6: Am —¿Dime, que pasa?, esta madrugada parecías un gusano de tanto dar vueltas ¿Seguro, que todo está bien? —Gabriela, no había quedado tranquila. —Sí, no te preocupes —Se supone que estamos juntos. Que construiremos un futuro —Eso es lo que más deseo —Entonces, no me escandas nada, puedes contarme lo que sea, si te sientes cansado, angustiado, todo, es más, desde que llegaste, no me has dicho, que hiciste en todos estos años —Tienes razón, hay cosas, que aún no he dicho. Pero pronto las diré, solo confía en mí —Así lo haré. Ahora, tengo que dejar todo listo, hoy es mi segundo días, aunque mi jefe no estará, tengo que ir de todas formas —¿Cómo? Eso no me lo habías dicho —Bueno, anoche, alguien se dedicó a otras cosas —Mírate, acaso tienes amnesia, ¿Quién fue la que me asaltó primero? —¡Tonto! —¡Qué, soy inocente! —Como sea. Por molestarme, hoy te castigaré —Ella le saco la lengua, luego se colocó su camisón, y salió de la habitación, para dejar todo listo. Sin embargo, la mirada angustiante de Ernesto, la torturaba. »Gabriela preparo el desayuno de la pequeña Belén, le dejo lista su merienda, también le dejo algo de comer a Ernesto, luego se duchó, se arregló, y antes de salir, tomo la mano de la pequeña que aún dormía y le dio un beso, abrazo a Ernesto, y sintiendo que todo estaba listo. Tomo un taxi, para dirigirse a su trabajo. 8:30 Am, Empresas Vanguardia —Tierra llamando a Gabriela —Perdón Ángel, decías algo —Vamos mujer, desde que llegaste has mostrado una cara, bueno de… —Cuanto lo lamento, es que hay algo que me está causando incomodidad —¿Es por el sujeto, que me contaste? ¿Qué te hizo esta vez? —Nada, él no ha hecho nada, es más… —Volviste con él —Sí, así es, y me imagino lo que estás pensando de mí —Te equivocas, yo no soy quien para juzgarte, las decisiones que tú tomes, solo te conciernen a ti, y si se reconciliaron, ¿Qué es lo que te inquieta? —Fue una llamada que él recibió, por más que le pregunte, él solo dijo que no debía preocuparme, pero… —Tú no le creíste —No exactamente, confió en él. No bastante, la forma en que reacciono, sus manos temblaban, siento que me está ocultando algo, delicado, no sé, tal vez tenga que ver, sobre su estado financiero, quizás… —Lo que tienes que hacer, es enfrentarlo, y pedirle que sea totalmente honesto, lo primordial en una relación, son tres cosas; amor, confianza y respeto, si alguno llegase a faltar o fallar, todo sé irá a la borda, eso te lo aseguro. Lo que yo te sugiero, es, mantén la calma, no dejes que tu mente se llene de fantasmas, muchas veces caemos en suposiciones, que nos crean ilusiones perjudiciales, la comunicación, siempre será lo mejor —Tienes razón, no dejaré, que mi mente cree una confusión innecesaria, esta noche, cuando me vea con él, le pediré que hablemos, en serio le haces honor a tu nombre —No eres más, que una aduladora —Para nada, solo digo la verdad —Como sea, volvamos a trabajar —Las palabras de Ángel, le brindaron un sosiego a Gabriela, quien se concentró en sus laborales, aunque… Continuará
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD