¿Qué hacer, cuando estás desesperado por recuperar a quien quieres? Luego de que Ernesto saliera agobiado, pues sus planes se habían visto estropeados, llegó al hotel y se encerró en su habitación, ahí paso horas ideando, escudriñando en sus adentros, la forma más correcta, para hacer que Gabriela lo perdonara, lamentablemente, nada surgía, su mente era como estar encerrado en una jaula. ¿Y es que vamos, perdonar una infidelidad? No es fácil de lograr, pérdida la confianza, es casi imposible que se recupere.
Sintiendo que no había una señal, que lo pusiese ayudar. Ernesto se dirigió al bar del hotel, donde su compañero fue el alcohol.
Lunes 10: p.m.
—¿Pero quién toca de esa manera?
—Doña Ernestina, ¿Qué sucede?
—Señorita Gabriela, abajo en la recepción, está un chico llamado Ernesto, está medio tomado, dice que no va, hasta que usted no baje. El vigilante trata de clamarlo, pero no puede
—¡Lo que me faltaba!, por favor cuide a mi Belén, ella está dormida. Me colocaré algo, iré a ver qué sucede. Por favor disculpe, esta será la primera vez, que ocurrirá, semejante espectáculo — Ella, se colocó lo primero que encontró, y Viendo la situación que se presentaba, no tuvo más opción que bajar hasta la recepción del conjunto, y resolver lo que estaba pasando.
—Joven, por favor cálmese —Cualquier esfuerzo, del vigilante era en vano, Ernesto, no se iría de a mí, a menos que fuera perdonado.
—Nadie podrá sacarme de aquí. Solo quiero que ella venga, y me perdone —A pesar de su estado, de ebriedad, él, no perdía razón de ser.
—Tranquilo, la presidente de la junta ya fue a buscarla, solo espere, mire ahí viene
—Perdóname, por favor, perdóname — En el instante que Ernesto vio a Gabriela, de inmediato la abrazo.
—¡Por dios, deja el escándalo, estás en un conjunto residencial! —En un principio, ella sintió molestia y enojo.
—Dejaré de gritar, si aceptas hablar conmigo
—Está bien, vamos al apartamento
—¿Señorita, segura? —Cuestionó, Franklin, pues no confiaba en que Ernesto estuviera, en condiciones adecuadas, para mantener una conversación
—Tranquilo, yo me encargaré de esto
—Confiaré en usted, pero no dude en avisar, si sucede algo, la señorita Estefania, me ha dado claras indicciones, que tanto usted, como su hija, son muy valiosas para ella
—Él no es peligroso, solo es un borracho, sin sentido —Como pudo Gabriela, se llevó a Ernesto, y se dirigieron al apartamento —Bien, quédate ahí, iré a hacerte un café cargado
—¿Señorita, segura, que no necesita ayuda? —Preguntó la señora Ernestina.
—No hay de qué preocuparse. Solo es alguien molesto, nada más
—Bueno, entonces, es hora de retirarme, la niña, sigue dormida.
Ernestina se marchó, y Gabriela llevo a Ernesto a su habitación, mientras que a Belén la paso a la cama de su amiga.
—¿Dónde está Belén?
—Mira tú, no cabe que no sabes, ni dónde estás parado, la acabe de llevar a la habitación de Estefania. Pero bueno, ahora sí, ¿dime qué quieres?
—Vine a que me perdones. Ya deberías de saberlo
—Bien, lo haré si haces algo muy sencillo —Gabriela, quiera ver, cuáles eran los límites de Ernesto
—Pídame lo que deseas
—Hazme sexo oral, estoy en mi cuarto día de menstruación, así que tú decides —Convencida de que Ernesto se rehusaría a tal petición, ella soltó una pequeña sonrisa, sin imaginarse la reacción de Ernesto, quien la tumbo en la cama y abrió sus piernas.
—¿Espera, que haces?
—Cumpliré, tus deseos
—Eso fue una broma —Afirmó ella, tratando de detener, lo que ella, había causado.
—Para mí no es broma, sabes que te deseo —Él se deshizo de la ropa interior de Gabriela, abrió sus piernas, y poco a poco fue rozando su lengua, por el manjar que más disfrutaba.
—¡Ahhh…! Espera, en serio estoy en mis días
—Te dije que no me importa —Ernesto no se detuvo en ningún momento, él siguió devorando la vulva de Gabriela, quien solo podía gemir.
—¡Ahhh…! ¡Estás loco!
—No, solo estoy cumpliendo deseos —Escuchar sus gemidos, fueron como activar, un interruptor para Ernesto, quien se detuvo, al percibir la complacencia de Gabriela.
—Bien, lo hiciste, así que ya detente
—No, me detendré, quiero hacerte vibrar; que te sientas en el mismo paraíso
—No discutiré con un terco
—Perfecto —Obteniendo dicha respuesta, Ernesto termino de desnudar a Gabriela, por un rato observo su cuerpo, y luego se fue directo a sus senos; los cuales mordió y chupo.
—¡Ahhh…! ¿Acaso eres un bebé?, ya déjalos en paz
—Son tan dulces y tiernos, que me llaman —Ernesto, disfruto los pechos, de ella, como si se tratase de un dulce postre. Además, tenerlos para él, eran casi un sueño—, no cabe duda, son exquisitos, ahora probaré algo—. Él, introdujo de sus dedos, en el interior de Gabriela, y al percatarse de cómo, aquella zona, palpitaba y lo apretaba. No dudo, en penetrarla, con delicadeza.
—¡Espera! —Gabriela le puso un alto a Ernesto. Sentir su m*****o, no le era desagradable, pero si, le resultaba algo incómodo, ya que ella, presentaba cierto problema
—¿Te estoy lastimando? —Preguntó él, algo preocupado.
—No, solo es que me duele un poco. Verás, tengo vaginismo, por eso, cada vez que tengo un encuentro, siento algo de dolor
—¿Y por qué, no me lo habías dicho?
—Por boba, no quiera decepcionarte
—Jamás lo harías. Tienes que saber que a mí no me importa, si has o no has estado con alguien más, aquí se trata de construir un presente y futuro juntos, ¿Comprendes?
—¿Seguro que no te aburrirás?, soy tan insegura, y ya vez…
—Eres magnífica, simplemente espléndida, y cada vez que te sientas indecisa, yo te abrazaré y con mis besos haré que todo lo malo desaparezca. ¿Ahora dime, que puedo hacer, para no lastimarte?
—Lo ideal sería, usar algo de lubricante, a base de agua
—Buscaré una farmacia, que esté abierta a esta hora, y lo pediré ya mismos
—¡Espera!, creo que Estefa, tiene, no creo que se enoje si lo pido prestado
—¡Mira, no te conocía esas habilidades!
—¡Tonto! —Debido a la vergüenza que experimentaba, Gabriela, le dio un pequeño coscorrón a Ernesto
—No te enojes, solo bromeaba. Además, si no quieres continuar, pararemos
—Es que…
—Tu cara es una obra maestra en estos momentos. Ve por el lubricante, para finalizar lo que empezamos.
Gabriela se paró, tomo el tarro, y antes de regresar a su habitación, le dio un beso a su pequeña, y la cobijo.
—Manos a la obra —Ernesto, hizo que ella, volviera abrir sus piernas; luego, con sumo cuidado, fue untando lubricante—. Y al lograr lo que él deseaba, la embistió con agresividad.
—¡Ahhh…! Ve más despacio
—Te dije, que haré que solo pronuncies mi nombre
En efecto, en toda la noche, Gabriela no parao de contraerse. Las embestidas y movimientos, fueron el éxtasis para ella.
—¿Entonces, estoy perdonado?
—Ernesto, no debimos hacerlo
—¿Por qué?
—No es obvio, tú te acostaste con otra, yo no seré un juguete, lo fui una vez, deje que me utilizaran a sus anchas, pero ya no más.
—Está bien, soy lo peor. Pero ten en cuenta esto, no eres algo pasajero, eres la mujer con la cual quiero estar en días; nublados, felices, desesperados o perfectos. Quiero que veamos el amanecer, que al despertarme, sea tu rostro lo que ilumine mis días. ¿Respóndame, te gusto, no es así?
—Sí, me gustas, siento algo por ti, pero tengo miedo, miedo que por mis culpas, salgas lastimado, y todo entre nosotros termine
—Solo te pido una oportunidad, solo una, quiero intentarlo contigo, algo me dice que si podemos estar juntos
—Y si… Gabriela, titubeo debido a los demonios, que la atacaban.
—Dejemos los peros, miedos aun lado, eres muy especial para mí. Permíteme, formar parte de tu familia
—Bien, Solo te pido, que cuando sientas que ya no puedes seguir, me lo hagas saber —Si importar, que una voz en su interior le susurraba: «eres una tonta, lo echarás a perder, siempre serás una fracasada» ella ignoró, aquellos insulto, y decidió confiar. Ella quería amor, y así lo haría.
—No te defraudaré, mi misión será sanarte
—Bueno, es momento de dormir, más tarde tendré mi primer día de trabajo, y estoy ansiosa
—Te irá de maravilla, ya lo verás. Ahora ve por Belén, ella debe dormir junto a nosotros
—Ella estará bien, le hice una fortaleza con las almohadas, ¿me veré muy egoísta, si quiero disfrutarte un poco más?
—Claro que no, me quedaré a tu lado, y también velaré, el sueño de Belén.
Ernesto se encargó de vigilar a sus dos mujeres, su intención era ser un cuidador, pero a eso de las cuatro de la mañana, cuando recordó, y al ver los senos de Gabriela. No pudo resistirse.
—¿Qué haces, por qué? ¡Ah!, no pellizques mi pezón, No puedo contenerme, verlos es difícil
—¡Eres increíble!, ¿Quieres que…?
—Sí —El corazón de ambos amantes revoloteaba como una mariposa feliz en primavera—. Inundado por la pasión, Ernesto se volcó sobre Gabriela, la besó con ferocidad, y de inmediato, puso su atención en la parte baja de su abdomen
—¡Ah…! ¡Uhg…! Para, saca tus dedos, deseo otra cosa
—Calma, deseo que te descontroles, solo aguanta unos minutos más —Ferozmente, y con ayuda del lubricante. El logro que el punto G, de su amada, entrará en erupción, cuál volcán.
—No más, siento que… Y ahí estaba ella, experimentado, placeres inimaginables.
—¿Cómo te sientes, lo disfrutaste? —Para Ernesto era claro, que lo más importante, era la satisfacción de su ninfa.
—No sé describirlo, siento mi cuerpo demasiado caliente, además moje las sabanas
—Te dije, que te haría explotar
—Es raro, pero me gusta lo que siento, pero quiero algo más, yo quiero que… —Ella, tomo con brusquedad, el m*****o que tanto añoraba—, ¡dámelo ya!—. Suplico ella.
—Bien, así será — Teniendo claro el deseo de Gabriela, Ernesto, con gran salvajedad, la embistió, una vez más.
—¡Ahhh…! Por favor no lo saques, quiero que mi cuerpo sea tu lienzo
—Tú eres quien manda. —los gemidos de Gabriela fueron la melodía perfecta para Ernesto.
—Bueno, señor, ¿complacido?
—Más que satisfecho
—Eso quería oír —Gabriela, beso la mejilla de Ernesto, era su forma de decirle, que ya había sido suficiente. Ahora si me lo permites, deseo volver dormir y por favor, ahora sí, quédate quieto
—Prometido, no haré nada más.
A la mañana siguiente, Gabriela empezó su primer día de trabajo, la noche anterior, había recibido una gran motivación.
Martes, 8: 00 a.m. Empresas Vanguardia, oficina de Harold Michigan
—Vaya, sí que es puntual
—Le dije que no le defraudaría, además Ángel me dio algunas indicaciones, sobre sus gustos, y pues ya ve tiene su manzana picada, y su vaso de jugo de naranja
—Muy bien, me agrada su actitud, y como está animada, sé que aprenderá rápido, traiga su agenda, para explicarle poco a poco cuáles serán sus funciones
Gabriela empezado su jornada, entusiasmada, y con un gran sentido de compromiso, actitud que le parecía admirable a Harold, quien fue muy diligente al darle las indicaciones sobre sus funciones a desempeñar —Indico, Harold
—Perfecto, por hoy revisa mi agenda, todo está tu computador, debes tener presente los nombres de nuestros de socios
—Sí, señor, así lo haré
Al salir de la oficina de Harold, Gabriela se puso al tanto de todo con lo relacionado, de la agenda de este, aunque ella se sentía nerviosa, pues no era su profesión, Gabriela daría lo mejor de sí en su trabajo, y mientras Gabriela, ponía todo su empeño por no defraudar su jefe, Ernesto, vivía una desafortunada situación en el apartamento de Estefania.
—¿Qué quieres, que buscas?
—No es obvio, vine por otro rato con Gabriela —Sin sentir, ningún remordimiento, Esteven se presentaba como si nada.
—Ella no está, pero yo te atenderé —Respondió, Ernesto—, en ese momento, él llevó a Belén a la habitación de su madre, la coloco en su cama, para devolverse a la puerta donde se encontraba Esteven, a quien le propino un fuerte puñetazo—. ¡Maldito!, jamás pronuncies su nombre en mi presencia, eres una escoria, mira que calumniar a la madre de tu hija, ¿Qué mierda, tienes en tu cabeza?
—¡Imbécil!, me rompiste el labio —Refunfuñó Esteven, mientras se limpiaba.
—Debería romperte la cara, pero Belén me necesita, lárgate o te saco a golpes
—Escúchame bien estúpido, no dejaré que te quedes con mi hija y mi mujer, ellas me pertenecen
—¿Te pertenecen?, por dios, no me hagas reír, ellas no te pertenecen, pues no son objetos, además hace mucho perdiste tus derechos sobre ellas, actuaste como un vil cobarde, las dejaste cuando más las necesitabas
—Lo que pienses de mí no me importa, pero algo si te digo, disfruta a Gabriela mientras pueda, porque te aseguro que ella volverá a mí, cuantas veces yo lo desee
—Pero mira, qué fanfarrón me saliste, estás colmando mi paciencia —Ernesto, tuvo toda la intención de lanzarse sobre Esteven, y acabar con él.
—Me iré, pero te lo aseguro Gabriela, volverá a mí
—No eres más que un bufón, siento lástima por ti
—¿Pero quién te crees? —Esteven, intento golpear a Ernesto, pero su idea, no se consumó.
—¡Estás muy equivocado, no podrás tocarme!. Y te diré esto, una sola vez, aléjate de ellas, o podrías recibir, no sé, una visita inesperada y terminar en un hospital
—¿Es una amenaza?
—Tómalo como desees, yo solo, te estoy dando una pequeña recomendación, Bogotá puede ser maravillosa, pero también he escuchado, que resulta insegura, así que nunca se sabe
—Los fanfarrones como tú, no me asustan, si quieres guerra, eso tendrás — Esteven se marchó, mientras proclamaba: «¡Bastardo! Está muy equivocado por supuesto que no se lo dejaré fácil, seré su piedra en el zapato»
Continuará