Lunes, 8: 00. a. m, empresas Vanguardia -Oficina De Harold Michigan
—Bien Harold, ella es la chica, de la cual te hablé ayer en la noche, se llama Gabriela Solís Torres —Y tal como se lo había indicado, su jefe, Ángel, presento a su ex jefa.
—Mucho gusto, señorita Solís —Ante la belleza e ingenuidad, que desbordaba ella. Harold, quedo encantado. Lo cual, no era buena señal.
—El gusto es mío, Ángel me hablo muy bien de usted, y acerca de su empresa —Gabriela, estaba un poco asustada. Aunque el pasado, había soñado con el día que pudiera ejercer su carrera, el fantasma de la inseguridad, aparecía, cada vez, que ella intentaba empezar de nuevo.
—Sí, él también me hablo maravillas de usted, tengo entendido que es psicóloga, y que además cuenta con un curso en el área de administración
—Sí, así es, pera ya ve usted, el tema de la pandemia ha complicado un poco las cosas para nosotros, los profesionales de salud, es por eso que a muchos, nos ha tocado enfrentarnos en otras áreas
—Sí, la pandemia ha afectado mucho la economía mundial, ¿y bien, señorita, que es lo que usted desea?
—Bueno señor Michigan, seré honesta con usted, lo que más deseo es laborar en mi profesión. Sin embargo, tengo alguien que depende, solo de mí. Sé que mi perfil no es afín, pero le prometo, que si me da la oportunidad, no se arrepentirá aprendo rápido, soy muy comprometida y responsable
—Bien, me gusta su actitud decidida, reconoce que tiene debilidades, pero también reconoce sus habilidades, bien, el puesto es suyo, desde hoy, será mi nueva asistente
—En serio, muchas gracias, se lo prometo, no se arrepentirá —La dicha que la embargaba, era más que evidente, por fin podría reinventarse, una vez más. Encontrar un lugar para ella, y sentirse dueña de sí —De verdad, señor, tiene mi palabra, seré la empleada más eficiente que tendrá.
—Eso lo veremos, y no me agradezca a mí, hágalo a Ángel, él me hablo muy bien de usted, así que pasa con nuestra parte legal y administrativa, ellos te darán el contrato, tu sueldo será, de un millón doscientos, más tu subsidio de transporte, también tendrás tus presentaciones sociales, y obviamente, se le pagarán horas extras, ¿le parece bien?
—Seré honesta, me gustaría ganarás más, pero soy consciente de que esas son las disposiciones legales. Siendo organizada, sabré como vivir, en esta ciudad
—Bien, por favor pasa a la parte administrativa, ve con recursos humanos, para que ellos archiven tu hoja de vida. Por cierto, aquí en la empresa contamos con nuestra propia sastrería, para sus uniformes, queda a tres cuadras, cuando salgas, dirígete al lugar, dices que vas de parte nuestra, y ellos te tomaran las medidas, ¿le quedó claro?
—Sí, señor, todo perfecto —Gabriela y Ángel, salieron de la oficina—. Oye, de verdad, le haces honor a tu nombre, gracias a ti tengo empleo, y uno digno.
—No me agradezcas, lo hice, porque te aprecio, además, si Harold, no lo hubiera hecho, tenía que asumir las consecuencias
—¿Cómo, no me digas, ustedes dos? —Aunque sabia
—Sí, nosotros somos amantes, pero nadie lo sabe, anoche cuando llegue a casa lo llame, y le dije, qué si no te contrataba, ya no seguirá disfrutando de mi cuerpo, y ya ves, no tuvo de otra
—No cambias, eres increíble
—Claro que lo soy, no pudo ser un homosexual frustrado, yo soy, solo luz
—En eso tienes razón, Ángel una vez más, te agradezco toda tu ayuda, sin ti, no lo hubiera logrado
—Ya te lo dije, no agradezcas, yo sé que es sentirse cansado y agotado, por estar sin trabajo, solo te di, un pequeño empujón, además sé qué harás un buen trabajo, bueno ahora ve, por tu contrato, recuerda que el abogado te asesorará en lo que necesites.
Ángel se dirigió a su puesto de trabajo, mientras que Gabriela cumplió una a una las indicaciones dadas por su nuevo jefe, primero fue a la oficina del gerente de la parte legal y administrativa, quien leyó, todos los términos de su contrato. Luego, paso a recursos humanos, donde guardaron su hoja de vida, y le dieron a leer todos derechos y deberes como nueva empleada, y el último lugar que visito, fue la sastrería, donde tomaron sus medidas, y le informaron, que su uniforme estaría listo, dentro de dos días
—Por fin, por fin lo logré, sé que este nuevo trabajo me permitirá mejorar todo —Gabriel, sentía que había vuelto nacer—Habiendo culminado todos los requerimientos, de su nuevo empleo; ella pasó por una juguetería, y con algo de sus ahorros, que aún mantenía, le compro una muñeca su pequeña, tomo el taxi que le llevaría de regreso, y al estar de nuevo en el apartamento, alguien esperaba por ella
12: Pm,
—¿Y bien, señorita? —Al regresar al apartamento, Gabriela fue recibida, por quien sería la nueva niñera de su hija.
—Señora Gladis, desde hoy, soy la nueva asistente, del presidente, de las Empresas Vanguardia
—Qué bien, felicitaciones, te lo tienes muy merecido
—¿Dónde está mi nena?, le traje un regalo
—Oh, ella está, con un amigo suyo, en su habitación
—¿Amigo? —Por un momento, Gabriela creyó que se trataba de Esteven.
—Sí, me dijo que se llama Ernesto. Lo dejé entrar, porque llame a Estefania, y ella, me dio la autorización, y no se preocupe, los he estado vigilando
—Está bien, muchas gracias, por haber cuidado de Belén —Gladis se retiró del apartamento, mientras que Gabriela, fue directo a su habitación.
—¡Mami! —En cuanto vio, a su madre, la dulce niña, alzo sus brazos, para ser cargada.
—Mi amor, mamá, ya consiguió trabajo, pronto, podremos vivir solas, claro no será un lugar tan lujoso, pero podremos independizarnos —En su intento de ignorar a Ernesto, Gabriela, solo se concentró en Belén.
—Ya por favor, no me ignores —Él se desesperó.
—No te estoy ignorando, solo estoy atendiendo a mi hija —Replico ella.
—No mientas, sé que estás molesta —El simple hecho, de ver la postura tan rígida en Gabriela, significaba para Ernesto, que debía hacer algo más, por recuperar su confianza.
—Y si lo sabes, ¿A qué viniste?
—Vine a disculparme
—Ayer, fui muy clara contigo, tú y yo no somos nada, así que no lo hagas —A pesar, de reconocer que aún no había llegado al paso del enamoramiento, si no, que sentía una fuerte atracción física y emocional, por él, el hecho de sentirse traicionada, hería el alma de Gabriela.
—Si tengo que hacerlo, me vi como un reverendo papanatas, por haberle creído a ese pedazo de mierda
—Todo está olvidado. Ahora, solo me interesa desempeñar un buen papel en mi trabajo, lo demás, ya no me importa
—¿Entonces, que haremos? —Ernesto, sentía las miradas afiladas de Gabriela, y en el fondo, él sabía que se las merecía—. Sé que actué como el peor de los imbéciles, eso no te lo voy a negar, pero trata de entenderme.
—¿Entender qué, que a la primera te vas?, perfecto, no tengo que hacer nada más
—No es así. Yo te amo, debes creerme
—Ernesto, por favor, el amor no lastima, de esa forma, sé que no soy la mejor de las mujeres, y también sé, que no debí callar. Pero yo jamás, me acostaría con otra persona sin ton ni son
—Pégame, insúltame, no sé, haz lo que desees conmigo, pero no te alejes de mí
.— ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?, lo que hubo, fue fugaz. Por lo tanto, tus decisiones no tiene por qué afectarme, puedes acostarte con quien quieras
—Sé que lo que hice, fue una idiotez, me deje llevar, mi mente me engaño, te imagine en los brazos de él, y la irá me cegó
—Claro, ustedes los hombres siempre buscan justificarse, pensé que la amistad, que habías formado mientras estudiamos juntos, te había dado una clara impresión de mí, ¿Cómo dudaste tan fácilmente?
—Es que el silencio, ese verraco silencio, fue el que me hizo dudar
—Bien, no te juzgo, comprendo que lo que yo estoy sintiendo en estos momentos, lo sentiste tú, lo mejor es que te me dejes sola, en estos momentos no estoy en condiciones para atenderte.
Viendo la actitud tan fría, y distante que Gabriela tomaba, Ernesto se fue del apartamento, pues él sabía, que no sería fácil, recuperarla.
—¡Estúpido!, tantos años amándola, siendo castigado por sus ojos, y sonrisa, y a la primera oportunidad, la lastimas—, se gritaba así mismo, el desesperado hombre.—. No tengo remedio, lo único que sé hacer, es destrozar la vida de quienes me quieren, de alguna forma la recuperaré, no puedo perderla, le daré el espacio que ella necesita. Ernesto, no se rendiría.
Al terminar la llamada, Gabriela se sintió extrañada, y varias preguntas llegaron a su mente, ¿estaría bien, ir a cena?, ¿cueles serían las intenciones, de su nuevo jefe?
Aunque Harold no atacaría en el primer round, él daría su golpe más adelante, pues había quedado hipnotizado por Gabriela, su relación con Ángel, poco le importaba, pues este, en realidad, era bisexual, y la única razón por la que estaba con él, era porque hasta el momento, era el único que lo satisfacía sexualmente, pero todo parecía indicar, que su objetivo, cambiaria de rumbo.
Sintiendo, que debía dar una buena impresión, Gabriela llamo a su amiga, para que esta, le brindara una pequeña asesoría sobre la vestimenta más adecuada
—Usa algo, no formal, y discreto, no tan santurrón, ni tampoco tan vulgar, podrías usar un conjunto de dos piezas, entre una falda que te llegue a la rodilla, y una camisa tres cuartos
—¡Dios! ¿Dónde conseguiré algo por el estilo?, sabes…
Serénate, envíame tu número de cuenta, te enviaré algo, y también te daré la dirección de un buen almacén, ahí te asesorarán de maravilla, y relájate. Yo también he asistido a cenas con mi jefe, la primera vez, él asistió con sus socios, y así me puso al tanto del funcionamiento de la empresa, y de cómo, debía ejercer tu rol, estoy seguirá que tu jefe hará lo mismo, ah, pero si intenta sobrepasarse, lo abofeteas, y te sales de inmediato
—Te lo aseguro, sabré defenderme, si es que mi nuevo jefe, llega a intentar algo.
Gabriela terminó su llamada, arreglo a su pequeña, y acto seguido; se dirigió junto con ella, a un cajero automático, llego a la boutique que se le había indicado, donde fue atendida con amabilidad.
—Gracias, señorita Solís, por su compra, espero vuelva pronto —La empleada, mostró, una buena disposición de amabilidad.
—Yo soy la que le agradece su atención —Todo quedaba listo, Gabriela regresaba al apartamento, con su pequeña—Bien, ahora a esperar.
El momento del encuentro llego, pues no hay plazo que se venza y fecha que no se cumpla
Restaurante La Fragata Giratorio
—Señorita, está usted muy hermosa, estas flores son para usted
—No era necesario, discúlpeme… —Gabriela, se sintió algo incómoda—. No le puedo aceptar, este detalle, no es correcto.
—Acéptelas, créame que no tengo una segunda intención, solo quiero conocerla un poco mejor
—Creeré en usted, pero déjeme advertirle algo, no aceptaré proposiciones que no sean acorde con mis funciones laborales, sí, soy madre soltera, necesito el trabajo, pero tengo límites, y me prometí a mí misma, que jamás me dejaría usar
—Comprendido a la perfección —Aquella muestra de ímpetu, había resultado retadora para Harold, él se encargaría de romper aquellas barreras.
La cena entre jefe y secretaria, estuvo tranquila, fue un momento ameno y agradable, donde ambos, hablaron sobre algunos pasajes personales, y de igual forma, tocaron temas laborales.
—Gracias por haberme traído —Aunque no había pasado nada, fuera de lo normal, Gabriela daba las gracias al cielo, por estar en su lugar correcto. De cierto modo, la cena, le resulto algo tediosa.
—Es un placer, la espero mañana muy puntual —En su interior, Harold se sentía un ganador, su ego le hacía sentir, que pronto, tendría un juguete nuevo.
Sin imaginarlo, Gabriela estaba cayendo por segunda vez, ante un lobo que disfrazado. Un hombre, que desde pequeño, se sentía dueño del mundo, quien solo veía a las personas, como objetos, que puedes usar y una vez hecho, se deshacen de ellos.
Continuará