Capítulo 5

1245 Words
—¡Maddie! —grito y me apresuro a ellos. Miro a Vincenzo quien tiene un golpe visible en la frente. —Fue su culpa. Solo trataba de ayudar cuando este torpe se asustó y terminó así —explica y se ve avergonzada. Estoy por hablar cuando escucho la voz de Vincenzo. Es casi igual a la de Massimo. —Es cierto. Fue mi culpa —dice y se ve algo sonrojado. Es increíble ver lo diferente que son en personalidad estos gemelos. Suspiro y le entrego el botiquín a Maddie. —Por favor, no lo mates. Tía Emma cuenta contigo —le digo y ella bufa y ruega los ojos. Agarra el botiquín y salgo de la oficina topándome con Massimo. Su ceño fruncido me analiza. —¿Qué hacías en la oficina de Vinc? —Llevé el botiquín porque... —Maddie puede encargarse de eso. Tú eres mía —dice, molesto. Enarco una ceja al escuchar su posesividad. ¿Acaso dijo 'mía? Al parecer se da cuenta porque se aclara la garganta. —Me refiero a que eres mi secretaria. No pienses... —Massimo —la voz femenina interrumpe. Giro y es Sonia. —¿Qué haces aquí? —cuestiona con seriedad. —Estuve llamando y no respondías. Por eso vine a buscarte —responde con una sonrisa. Me mira—. Mucho gusto en verte de nuevo —dice—. Disculpa, no recuerdo tu nombre. Quizás porque no se lo dije. —Soy Evie —respondo. Tiene un acento italiano marcado. Veo un destello de reconocimiento y mira de reojo a Massimo sin decir nada. —Sonia. Regresa al departamento. Más tarde iré a verte —ordena Massimo. Ella borra su sonrisa y frunce el ceño. —Agh, eso dijiste ayer y antes de ayer. Pero solo me dejas esperando. Por eso decidí mudarme a tu casa esta mañana. —¿Qué? —cuestiona incrédulo. Ella tiene una sonrisa de inocencia y él parece que quiere matarla. Un ligero dolor en el pecho me golpe al escuchar eso. 'En serio son pareja' Pero claro. Qué esperabas, Evie. Me regaño mentalmente. —Yo debo regresar a mi oficina y... —Dijiste que le dirías a tus padres y llevo una semana aquí y lo único que has hecho es mantenerme en ese departamento y tus padres ni siquiera me miran en serio —suelta y la veo contener el coraje y sus lágrimas. —Sabes que esto es importante para mí, Massimo —dice eso último con voz mimada. Veo a Massimo apretar la mandíbula sin dejar de verla. —Voy a cumplir mi palabra, Sonia. Pero mis padres se fueron de vacaciones y no regresarán pronto. Así que ahora, regresa a tu departamento. Tengo trabajo qué hacer. Trataré de ir a verte más tarde —ordena fríamente. La chica solo aprieta los labios en línea recta. Asiente bajando caer sus hombros. Gira y me mira. —Nos vemos pronto, Evie —dice dulcemente a pesar de tener los ojos cristalizados antes de irse. No sé si mirar a Massimo o simplemente irme a mi oficina. —Evie. —¿Si? —giro a verlo. Su penetrante mirada me hace contener el aire. —Volvemos al trabajo. Dejo escapar el aire. —Oh, claro. La junta se lleva con total calma y al llegar el almuerzo, no logramos reunirnos. —¿Saldrás a comer? Cuestiona Massimo al pararse en el umbral de la puerta. —Si. Hay un restaurante aquí cerca —respondo. —Vamos —dice. —¿Qué? Lo observó incrédula. Y para sumarle a mi estado, asoma una media sonrisa malditamente sexi. —Almorcemos juntos, Evie. Bien. Ahí se desmaya una de mis neuronas mientras las otras bailen de alegría. Asiento como tonta y me pongo de pie, tomo mi bolsa y me acerco a la puerta. Pero no sería yo si no me tropiezo con algo al salir. No, claro que no. Cierro los ojos esperando el impacto. Pero me percató de que alguien me sostiene. Las manos de Massimo me sujetan de los brazos. Alzo la mirada y, grave error. Estoy demasiado cerca de él. Su deliciosa colonia se filtra por sus fosas nasales y sus electrizantes ojos azules me taladran el rostro. —¿Estás bien? Su pecaminosa voz se filtra por mis tímpanos. Joder. Quisiera escuchar esa voz en otra circunstancia. Carraspeo y me alejo de su tacto. —Si. Lo siento, es que... —Esto siempre te pasa. Lo sé. Enarco una ceja al escucharlo. Pero sonrío al recordar que crecimos juntos y siempre estaba visitando el suelo constantemente. Y Massimo siempre estaba ahí para ayudarme. Luego de reírse, por supuesto. Salimos y todos nos miran. Es como si todos estuvieran juzgando nuestra presencia aquí. Seguro creen que solo porque nuestros padres son socios y dueños de la empresa, ahora seremos como esos hijos de millonarios que no hacen nada. No, claro que no. Nosotros no somos así. Nuestros padres nos exigen lo mejor de cada uno. Y ahora es momento de demostrarlo. Caminamos hacia él restaurante ya que está a solo unos metros. Se ubica en unos de los pisos de arriba de uno de estos altos edificios. Llegamos y un hombre nos lleva a una mesa. Tenemos vista de la ciudad. Nos entregan la carta y pedimos. —Por favor, que nada lleve nuez —dice luego de ordenar. El mesero se va luego de asentir. —Aun lo recuerdas —menciono sorprendida. —Como olvidarlo. Tuve que sacarte de la clase de cocina por esa razón. Sonrío. —Y bien. Cuéntame. ¿Qué hiciste en Italia? Seguro rompiste muchos corazones —digo, tomo un trago de agua para disimular mis nervios. —Estuve estudiando la mayor parte del tiempo, otra en la empresa preparándome y el resto asegurándome de que Vincenzo no se casara con la primera chica que veía. Así que no tuve mucho tiempo para romper corazones —dice, modestamente. —Claro. Y... ¿Sonia? —me atrevo a preguntar. Lo veo mirarme intensamente por unos segundos antes de cruzar sus brazos sobre su trabajado pecho. Quisiera tocar y comprobar que tan firmes son. —Ella es... diferente —dice sacándome de mi pensamiento—. Complicado sería la palabra. Su padre y yo hicimos negocios en mis inicios. Así conocí a Sonia —explica. —Entiendo. Y ahora tus padres no la aceptan —y quisiera haber mordido mi lengua en ese momento—. Lo digo por la conversación que escuché esta mañana —me encojo de hombros. Él suspira y relaja los hombros. Pone los codos sobre la mesa juntando sus manos frente a él y asiente. —Para ser integrante de Giordano no basta con venir de una buena familia. Se necesita más. —Claro. Las madres siempre quieren lo mejor para sus hijos. Massimo me mira detenidamente antes de sonreír, sin decir más. Almorzamos en calma y al terminar regresamos a la empresa. Antes de que entre a mi espacio de trabajo, Massimo me sujeta delicadamente del brazo y me detiene. Lo miro, confundida. —No todo es lo que parece, pequeña Evie. Dice de una forma que hace que mi corazón se sobresalte. Respiro hondo sin decir nada. Asiento sin entender del todo. Me suelta y se va a su oficina. Respiro hondo. Creí que ya había superado esta fase de enamoramiento, pero me equivoqué. Massimo Giordano sigue siendo mi delirio. Solamente él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD