Capítulo 4

1217 Words
Nos despertamos tarde. No desayunamos. El auto se quedó sin gasolina y mi tacón se atoró en una grieta del suelo que me hizo caer. Pero eso ya es algo normal en una mañana para nosotras. Si no es Maddie, soy yo. Sin embargo, aquí estamos. A tiempo en la empresa. Observamos a los empleados y estos nos miran con confusión. Claro. Un grupo de jóvenes adultos de entre 20 y 24 años, ahora serán sus jefes dependiendo el área. Pero no estamos solos. El bisabuelo Lorenzo nos respalda. —Les agradezco que estén ahí. Esto será rápido. Les presento al nuevo CEO de la empresa Fusión Luminia. Massimo Giordano y el Vicepresidente, Vincenzo Giordano —menciona el bisabuelo. Todos se miran sin poder creerlo. También presenta a Lara como la directora de marketing, Pía la nueva publirrelacionista, Roger estará en el área contable. No como el encargado, pero será parte del equipo del área. Gianna la nueva diseñadora y Maddie y yo seremos las secretarias de los gemelos. Todavía no sé con quién de los dos trabajaré. Luego de la breve presentación al equipo de trabajo, nos dirigimos a nuestras áreas. El bisabuelo Lorenzo se marchó luego de eso. Pues debe guardar reposo debido a su salud. Seline tuvo que llevarlo a fuerzas pues él quería estar en la empresa con nosotros. —Y bien... ¿Con quién debo trabajar? —cuestiona Maddie al llegar al área de recepción. Es circular y en medio tiene una pequeña sala con muebles individuales. Tiene dos puertas. Supongo que son la oficina del CEO y la otra la del Vicepresidente. Y además, están dos áreas sin puertas y está rodeada por vidrios transparentes, supongo serán nuestras áreas. Vincenzo mira a Massimo y este solo aprieta la mandíbula al entender que Vincenzo no dirá nada. —Maddie... —¿Si? —responde rápidamente con una sonrisa. —Serás la secretaria de Vicepresidencia —informa y la sonrisa de mi hermana se borra. Cómo si estuviera poseída, gira lentamente su cabeza para ver a Vincenzo. Mi hermana, al igual que muchas chicas, sintió atracción por Massimo, pero se dio por vencida al ver lo distante que era y con Vincenzo es otra historia. Ellos tenían algo que no sé explicar, pero todo el tiempo peleaban, discutían y se dejaban de hablar. Hasta que Vincenzo le pedía perdón sin ser el responsable o sin entender el todo lo que pasó. Pero así era su relación. Espero que ahora mejore o van a terminar matándose en la oficina. —Evie, vamos a mi oficina —dice al ver la situación que está por venir. —Si, señor —respondo de inmediato. Massimo frunce el ceño al escucharme, pero no dice nada. Camina hacia la oficina y yo lo sigo. Una vez dentro, lo veo sentarse en la silla detrás del escritorio de metal y cristal. Observo el lugar y es amplio. Tiene ventanales de suelo a techo que dan una vista increíble de la ciudad. Y las paredes tienen un tono azul petróleo. Los estantes de madera con libros y adornos. Una pequeña sala de dos sofás en color n***o y una mesita de dentro de cristal. —Te vez bien ahí —digo al enfocarlo. Y hablo en serio. Ellos siempre supieron que este día llegaría. Que sus padres les entregarían las empresas. Porque sí, con Fusión Luminia también vino la empresa Giordano en el paquete para ellos como hijos de Alessandro Giordano. Ellos estuvieron trabajando en la empresa que tienen en París. Así que ya saben cómo manejar esto. —Empecemos —responde luego de asentir y mostrar un leve gesto en sus labios que parece una sonrisa. Oprimo la opción de grabar del celular y saco la libreta junto al lápiz para tomar apuntes. Lo veo revisar algo en su computadora antes de mirarme de nuevo y lanzar sus indicaciones. Yo trato de concentrarme en lo que dice y no en su atractiva persona. Hoy viste un traje n***o con camisa blanca y corbata azul celeste como sus ojos. Su cabello está perfecto con la línea de lado. Veo como sus brazos se tensan en cada movimiento. 'Cómo se sentirán esos brazos alrededor de mi cintura o esas manos sobre mi cuello, mientras yo... —Es todo, Evie —salgo del aturdimiento. Un escalofrío me recorre el cuerpo y trago en seco al verlo. Acomodo un mechón de mi castaño cabello y asiento. —Comprendo. Me aseguraré de tener todo antes del almuerzo —respondo al terminar de escribir la última letra. O al menos eso finjo hacer. Lo bueno es que puse mi celular en modo grabación. —Bien. Puedes retirarte. —Con permiso, señor. Me dirijo a la puerta, pero su pregunta me detiene —¿Por qué me dices señor? Giro solo un poco para verlo. Su ceño está levemente fruncido. Y sus increíbles ojos azules me observan con intriga y algo de curiosidad. —Eres mi jefe. Debo ser respetuosa contigo —respondo, con una leve sonrisa. —Hazlo solo frente a los empleados —ordena regresando la mirada a la computadora—. Tu oficina es la que está al lado —agrega. —Bien, iré a trabajar, Massimo. Salgo de la oficina con el corazón en la mano. Estar en presencia de él me pone a temblar. Debo controlar esto. Observo y todo está en silencio. Me pregunto si Vincenzo estará bien. Tuerzo los labios en una mueca al pensar. Decido encargarme de mis asuntos. Me pongo los auriculares para escuchar el audio y realizar todo lo que Massimo pidió. Su voz grave y sensual me causa escalofríos. Y comienzo a sentir cosas de mujer. Me sobresalto al sentir el celular vibrar. Reviso y son mensajes del grupo de los chicos. Ya están preguntando en donde almorzaremos. No respondo. No quiero que Massimo vea que estoy perdiendo el tiempo. Termino de escuchar el audio y me pongo a realizar mi trabajo. Durante las vacaciones antes de graduarme estuve ayudando a papá en la empresa. No imaginé que fuera para prepararme. Maddie estuvo trabajando con la tía Emma. Así que ambas sabemos qué hacer. Ordeno la agenda que el tío Alessandro debía atender, pero ahora a pasado a manos de Massimo. Pido del avance de los trabajos de la empresa Giordano y también de los proyectos de Fusión Luminia. Se los envío a su correo antes de llamarle por el intercomunicador. —Dime. —He enviado lo que pediste a tu correo y en una hora tienes que asistir a una junta de la empresa Giordano. —Bien. Ven 10 minutos antes a mi oficina para ir a la reunión. —Entendido. Cuelgo y me concentro en el resto del trabajo. Recibo una llamada. —Presidencia... —Soy yo, estúpida —interrumpe Maddie. Suspiro—. ¿Qué ocurre? ¿Ya mandaste al hospital a tu jefe? —bromeo. —Bueno... En realidad, necesito un botiquín de primeros auxilios. —¡¿Qué?! —Cálmate. No es lo que piensas. Solo tráelo. Que en esta oficina no hay ninguno. Cuelga y me apresuro a buscar uno en mi oficina. Por suerte lo encuentro y salgo corriendo a la oficina del otro extremo el área. Entro y me sorprendo al ver la escena frente a mí.
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