" Una sorpresa con mal sabor "

2256 Words
Había pasado un mes desde el día que había llegado a conocer a Sebastián Caicedo, él era un hombre tan atractivo, interesante para mis ojos, nunca antes me había sentido así al conocer a un hombre. Aldana quien me conocía tan bien, se había dado cuenta de mi amor por él, y siendo mi mejor amiga, decidió ayudarme a ligarme con él, esta vez yo no puse resistencia a sus intenciones, pues era lo que mas deseaba. Mi amiga Aldana me tenía al tanto de todo lo que pasaba en la vida de su tío Sebastián, sus viajes de negocios frecuentes, sus proyectos y negocios, todo lo bueno que le pasaba, a mí me hacía feliz. Me emocionaba tanto, tal como si sus proyectos fueran mios propios. Y es así como una semana después, nos volvimos a encontrar, esta vez había sido idea de mi propia amiga la que hiciera toda una orquesta para hacer que tanto Sebastián como yo nos volviéramos a ver. Cuando nos vimos por segunda vez, estaba deslumbrante. Mi corazón estaba eufórico, sentía que si no me llevaba la mano al pecho, esta se saldría de mi pecho. Estaba volviéndome loca, casi no podía respirar. Mi amiga se dio cuenta de mi estado y apretó mi mano como queriendo dar a entender que "todo estaba bien" que me calmara. Respiré profundamente para apaciguar mi alma, lo volví a ver una vez mas levantando mis párpados, él estaba deslumbrante, estaba tan guapo que no podía mi mente pensar en otra cosa. —"Rosa" —su boca había dicho mi nombre y yo me sentí en las nubes. —Sebastián —pronuncié su nombre bendito. —Estas deslumbrante —dijo mi amado Sebastián, mi amiga para amolar mi momento dijo en son de burla. —Jah, Rosé siempre está bella, pero tienes razón, hoy se excedió. No pude detener la risa suave que saliera de mi garganta, mis ojos parecían picarme, quería llorar, pues estaba tan emocionada que sentía que iba a terminar explotando de la felicidad que sentía. Había pasado mucho tiempo que no me sentía así, desde la muerte de mis padres, no había tenido esa sensación de alegría que al día de hoy estaba sintiendo. —Rosa, ¿te sientes bien? —preguntó Sebastián. —Si lo estoy —respondí rápidamente, mis ojos siempre estaban buscando su mirada. Sin embargo noté algo diferente en él, sé que esta era la segunda vez que lo veía en persona, pero la presunción me estaba llenando la mente como una niebla. Además como se dijera, "ojo de loca no se equivoca" Sebastián estaba como distraído, ausente y muy pendiente de su teléfono móvil, lo cual la primera vez no ocurriera de esa forma. Hasta mi amiga se dio cuenta que su tío estaba raro, muy ausente, como si quería estar en otra parte, menos con nosotras. Aún así, yo seguía feliz, feliz de verlo, de pasar un valioso tiempo a su lado. Estábamos ya pasados las horas muy cansados, se notaba, Aldana estaba rendida, pero estaba ahí sin quejarse solo para dejar que yo disfrutara un poco más de la compañía de su tío Sebastián. La reunión llegó a su final cuando Sebastián recibió una llamada, el parecía estar empalagoso en esa llamada, aunque al final de la llamada dijera que era una llamada del trabajo. Se fue y vi su espalda por última vez, no sé cuál era la sensación que sintiera al verlo partir, era algo parecido a estar "perdiendo" ¡Claro, entendía que, no se puede perder nada que no has tenido! y el no había sido mío en ningún momento. Mi dolor se hizo mas al descubierto cuando una semana más tarde, en mi familia hubo una revolución. Mi hermana Vanesa iba a comprometerse y tenía a todos con las patas arriba. No sabía de el por qué, me había embargado una tristeza tan grande, yo no podía soportar dolor en mi ser interno, y es que para sumar a todo esto, me había sentido abandonada, ya lo he mencionado, Sebastián no era nada mío, pero su mirada, sus ojos, con la pasión con que me vió en esas dos ocasiones, no digo que en el segundo encuentro fuera igual a la primera vez, pero sentí que había química entre el y yo, y la atracción física también estaba ahi, pero entonces, ¿que había pasado? En los días siguientes miraba a Vanesa hacer compras, salir, entrar, sus amigas hacer bullicio, ella había acaparado toda la atención de toda la familia. No es que eso me molestara, me daba igual, pero me estaba volviendo a encerrar más en mi propio mundo, sin nadie a mi alrededor. Un día antes de celebrar el compromiso de noviazgo de mi hermana Vanesa, la casa pareció adquirir mas excentricidad de la que ya tenía. Flores por doquier, guirnaldas de flores acaparando las mariposas, llegaban volando hasta mi ventana, era una escena de ensueño. Por la noche, una media hora antes de empezar la cena de compromiso, llegó mi abuelo, estaba en su usual silla de ruedas, él casi no se dejaba ver, pero hoy lo saldría ante el resto de la gente, llegó a mi habitación y tocó la puerta. "Toc toc toc" —Mi querida Flor de durazno, ¿, puedo pasar? —¡Abuelo! tu aquí —dije de sorpresa. —Si mi vida, sufro tanto cuando te veo así. —Asi como Abuelo... estoy bien. —¿Segura que estás bien mijita? —¡Si, abue! ¿Porque no crees que estoy bien? —le cuestioné aunque yo misma sabía que estaba mal, me sentía mal. —Te he visto más triste que nunca, ya no sales ni al jardín, no bajas al área de la piscina a sambullirte como una sirenita. Me reí forzádamente para mostrar mi mejor sonrisa. Se que él sabía de que le mentía, y es que "mas sabe el diablo por viejo que por diablo" como podría tratar de engañarlo. Al irse el abuelo de mi habitación, iba a dar la vuelta para encerrarme de nuevo, cuando alguien empujó la puerta, volví la vista, solo para ver a mi hermana Mayor, Vanesa, ella traía un vestido rojo ajustado, se pintaba su silueta a su curvilineo cuerpo, era esbelta, sus largas piernas torneadas se vislumbraba en un corte de su vestido que le venía desde la cintura derecha hasta abajo. —No me salgas con que no bajarás a mi noche de compromiso —dijo dándome una vista de su retaguardia redondeada, era bella sin lugar a dudas, reconocía que era una mujer super hermosa y bonita, pero hasta ahí, ella siempre se comportaba grosera conmigo. —¿Te gusta mi vestido? Te traigo una para que te luzcas a mí lado, si es que puedes lucirlo, claro está! —sus palabras eran hiedras venenosas. Si había una razón por la que yo no quería estar cerca del resto de la familia, era ella, siempre y cada vez que podía, ella me hacía sentir menos, me hacía valer nada, se burlaba de formas sutiles para que yo comprendiera, no sabía cuál era su afán de verme miserable. Ella era miserable, ¿porque quien sería esa persona que teniendo tanta bondad en su corazón, va a actuar siempre grosero y apático con otros? Y menos una hermana con otra hermana. —¿Que es lo que quieres probar Vanesa? —le cuestioné con clara señal de enojo. —Uff, no aguantas nada —dijo dando la vuelta y abriendo mi clóset. —¡Basta, deja de registrar mis cosas! —le grité. —¡Oh, te estás volviendo muy valentona! —Solo te pido que dejes de husmear en mis cosas, sal de aquí y ve a tu fiesta, ¡diviértete! —¿Como lo haría sin ti? —dijo y se echó a reír, ahí supe que algo tramaba ella conmígo, no sabía cómo, pero si lo estaba haciendo. —Bajaré a tu fiesta de compromiso, ¿satisfecha? —No del todo —dijo y se acercó a la puerta, una de las mucamas esperaba con una caja, ella lo tomó y me lo puso sobre la cama. —Ponte este vestido, después de todo, somos "hermanas" y debes verte deslumbrante igual que yo. —dijo eso y salió meneando el trasero de un lado a otro. Fue ahí en donde me percatara de que ella estaba tratando de ponerme en una trampa, un momento vergonzoso me haría pasar. Fuí a tomar una ducha caliente, pero rápido, exprés, me acerqué a mi clósets, tenía mucha ropa nueva sin estrenar, entre ellos, unos vestidos tejidos en hilo de oro, plata y muchas piedritas de diamantes, todo una colección de vestido, había sido diseñado por mi misma madre, ella era diseñadora de modas, que si bien no hubiera muerto, hoy sería la mejor de todas las diseñadoras del mundo, pero no pudo ser así, murió antes El vestido tejido en hilos de oro, diamantes y plata, había sido guardado en una caja fuerte del banco, por el alto valor que tenía por sus accesorios y la mano de obra a mano, mi abuelo lo había recuperado un año atrás, y me lo había entregado. Yo no lo había usado, primero porque no salgo a alguna fiesta o reunión de familiares, segundo, el vestido tenía un valor invaluable para mí, lo había creado mi madre, y pues hoy por la insistencia de Vanesa, había decidido usarlo. Me unte crema humectante a todo mi cuerpo, me solté el cabello y le eché un tratamiento rápido para que estuviera reluciente, nunca esperé que lo fuera tanto, enganché en mis pies unos tacones negros brillantes, mis pies no se notaban pero yo podía sentir mi discapacidad. Al quedar lista, me puse delante del espejo mirando mi figura. Estaba conforme con lo que veía en el reflejo, estaba hermosa y radiante, de alguna manera el vestido echo por mi madre, me había dado energía positiva, o al menos, eso pensé. Al estar lista, vi aquella caja dejada por Vanesa, me acerqué y lo abrí, iba a ojear el vestido que traía dentro, pero la misma chica del servicio, quien estuviera muy cerca me dijo casi en un grito sórdido. —No lo uses, por favor. Estás muy hermosa con el vestido que traes. —Lo sé, me siento bien con este vestido —dije sonriendo. —Que linda te ves así sonriendo, yo que tú sonreiría mas —elogió ella. —¿Por qué no quieres que use el vestido que tu mísma pasaste a mi hermana? —pregunté, ella se puso nerviosa sus ojos enrojecieron, pero luego me sorprendió lo que dijera. —Tu hermana me mandó a vaciar un químico en el vestido, era para ridiculizar te delante de todos en la hora de la cena. —¿Que me haría el químico? —Incomodidad, picazón para que salieras corriendo de ahí y que todos vieran tu cojera. —Mi hermana y sus bromas —dije apretando los dientes. —No solo quería hacerme bajar a su famosa fiesta de compromiso, si no que me haría pasar un mal momento delante de todos. —¡Está bien! retírate —ordené a la joven. Esto no acabaría entonces, pues al día de hoy, ella ya tenía 26 años, yo 22 años, pero nunca pudo poner límites a sus bromas pesadas, bueno, siendo sincera, no creo que esto sea una simple broma. Bajé las escaleras de aquella enorme mansión, nunca había sentido amor dentro de ella, solo las buenas intenciones de mi abuelo eran las que yo podía ver y sentir. Al bajar a la mitad de las escaleras, vi llegar a Sebastián, estaba vestido tan pulcramente que mis ojos se llenaron de una inminente alegría y admiración, pero enseguida se llenó de una sorpresa amarga al ver cómo Vanesa encaminaba hacia él y el le habría sus brazos para recibirla, así como también ví como Vanesa volvia a verme de reojo. Una rabia empezó a emerger en mi corazón y mi mente. Un dolor en mi corazón daba paso al ver abrazados a los dos, el resto de la familia empezó a aplaudir y a vitorear. Mi corazón agonizaba de dolor intenso, mientras Sebastián solo tenía ojos para mí hermana, mis lágrimas empezaron a recorrer cuesta abajo. Vanesa todavía tuvo la mala intención de acercarse a mí junto a quien ahora era su prometido, me sentí morir, aunque una buena parte de mi sabía que él no era mío y nunca lo fué, así que si pude guardar la compostura. —Rosé conozca a mi novio, el hombre con quien me casaré muy pronto —sus ojos parecían rayos X buscando que hallar en mi mirada endurecida. Sebastián dijo: —¿Que pasa Rosé? —de inmediato respondí. —¡Nada! señor Caicedo, soy algo sentimental y también lloro por la felicidad ajena de solo la emoción, ¡felicidades a los dos! —inquirí en mis palabras. Terminé de bajar los últimos dos escalones y me dirigí hacia mi abuelo quién me miraba desde cierta distancia, él sabía de mi dolor, había visto mi verdadero dolor sin que yo pudiera esconderlo de sus ojos biónicos. —Abuelo —me puse de cuclillas a sus pies, sobó mi cabeza, manteniendo un rostro endurecido. Me dijo algo que me sacó de mis casillas a lo inmediato. —¡Cásate con Alexis Rocco! —¿Qué? —dije con mi expresión lleno de sorpresa y dolor.
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