Genevieve se desplazó por todo el salón buscando a su padre, pero mientras lo hacía su amiga Agnes la interceptó impidiéndole seguir caminando.
—Genevieve —saludó con efusividad—. ¿No estás emocionada? —preguntó alegre
—Sí, lo estoy, por cierto, ¿Has visto a mi padre?
—No, no lo he visto.
—Tengo que buscarlo, ayúdame —pidió
Agnes accedió y ambas empezaron a rodear la sala en busca del señor Dubois, pero en la búsqueda su amiga era imparable en su hablar, Agnes podía hablar hasta por los codos.
—Gene, ¿Has visto al conde de Coventry? —preguntó emocionada.
—¿Es el familiar de los Richmond?
—¡Sí! —Agnes la agarró por el brazo y la guio hasta un lugar donde ambas pudieran ver al conde a lo lejos—. Es él —señaló disimuladamente a un hombre alto y de cabellos castaños. Sin embargo, Genevieve no pudo ver su rostro con claridad. Le tocó conformarse con admirar su perfil —. Es el propietario de unas tierras en su país y aquí. Es el sueño de toda mujer; soltero, guapo y adinerado —terminó en un suspiro.
—No todo lo que brilla es oro —replicó usando una de las frases típicas de su madre.
Agnes le regresó una mirada enfadada a Genevieve.
—No seas así, dañas mi buena apreciación de ese personaje
—Espera unos días y verás como los rumores empezarán a surgir alrededor del conde de Coventry
—No lo creo
Ambas estaban tan concentradas en la conversación del mejor partido de la velada que no se dieron cuenta que el señor Dubois estaba con ellas.
—Genevieve, ¿Dónde está tu madre? —el hombre preguntó.
—Estaba hablando con algunas de las invitadas —respondió.
—Sígueme, te presentaré a alguien
Genevieve siguió el andar acelerado de su padre dejando atrás a Agnes.
—Te buscaré luego —susurró antes de alejarse.
Mientras caminaba Genevieve pudo notar que las parejas empezaba a agruparse para el baile inicial para las debutantes. En ese momento la pelirroja se preguntó si participaría en él.
—Padre, ¿No tenemos que participar del baile?
—En cualquier momento nos uniremos, pero primero tenemos que saludar a los Richmond, después de todo ellos son los anfitriones de la fiesta.
Pronto toda la familia Dubois se acercó para saludar a los Richmond.
—Madeimoselle —Tanto Genevieve como la señora Dubois inclinaron sutilmente sus cabezas en saludo.
—Espero que estén disfrutando de la velada, señor Dubois —la matrona dijo con una sonrisa.
—Lo es, muchas gracias —respondió el señor Dubois.
Después de saludar a los anfitriones, Genevieve y su padre se integraron a la sala de baile y danzaron toda la canción.
Después de un año de atraso para ser presentada en sociedad Genevieve había pensado que nunca lo haría. Pero ese momento fue realmente agradable y único para ella.
—Genevieve, ¿Estás cómoda?
—Sí, todo ha estado muy encantador. Reconozco que es algo muy revitalizante, pero a la vez abrumante.
—Espero que tengas éxito y que tú tarjeta de baile se llene —señaló con una sonrisa.
Sin embargo, a pesar de las expectativas de sus padres y el entusiasmo propio, Genevieve no conseguía captar la atención de ninguno de los nobles ricos del baile.
En cambio, Agnes, una belleza en todo sentido; cabellos rubios, piel lechosa y ojos intensamente azules era la sensación en la noche. No hubo ningún caballero que se retuvo en bailar con ella, ni siquiera el conde Coventry.
Genevieve solo pudo sonreír cuando vio bailar a Agnes con el conde.
La noche parecía ir en el mismo ritmo, nada interesante.
Su mirada se perdía en cada paso, cada melodía y cada susurro persuasivo entre las parejas. Todo el ambiente que una vez le gustó ahora empezaba a marearle.
Con un suspiro cansado, se retiró del salón principal destino al jardín hecho un laberinto.
Poco a poco las melodías fueron mermado y un ambiente sobrecogedor la embargó en todos los sentidos. Era una ironía el que ella prefiriera estar sola y no en compañía de gente que no se interesaba en ella. Aunque tampoco lo exigía, pues ella no se interesaba en dichas personas.
—¿Qué hace por aquí una señorita como usted? —escuchó.
Genevieve se sobresaltó con aquella voz y se alejó de la banca dónde hace un momento estaba sentada.
—¿Quién está ahí? —preguntó con voz temerosa.
—Señorita, no tenga miedo, no le haré daño —dicho hombre salió entre los arbustos.
—¿Quién es usted? —volvió a preguntar.
—Soy un fiel admirador suyo, señorita.
—No lo conozco, debo irme —avisó mientras sujetaba sus faldas y echaba camino para atrás.
El hombre sonrió entre dientes, su sonrisa torcida se vio reflejada en la luz de la luna.
Sus manos frías y secas sujetaron el cuerpo de Genevieve inmovilizándola.
La pelirroja entró en pánico y trató de patalear, sin embargo solo conseguía que aquel hombre apretara más su agarre.
Poco a poco ella fue arrastrada a uno de los callejones oscuros. Su corazón se quería salir, y a su mente llegaba la imagen sufrida de su madre al enterarse que su hija había sido deshonrada en su primera temporada.
—¡Suélteme! —trató de gritar, pero la mano de ese hombre la silenció.
Genevieve no podía esperar más, no podía permitir que aquel cerdo despreciable la deshonrara. Con todas sus fuerzas mordió la mano del hombre y no dejó de hacerlo hasta que este la liberó del agarre arrojándola lejos de él. Ella cayó al suelo hecha una bola enorme de tela, pero aquello no fue impedimento para levantarse rápidamente y salir corriendo; tal como un caballo sin riendas.
Las lágrimas empapaban sus ojos y hacían su visión borrosa. Genevieve nunca imaginó soportar aquella humillación, y ahora que lo volvía a rememorar, el solo hecho de pensarlo le daba arcadas.
Tan concentrada estaba en buscar la salida de aquel laberinto que no vio la figura masculina que se le atravesó en frente. Chocó con aquel hombre, y temerosa de haber encontrado nuevamente al agresor lo miró a los ojos. Sin embargo, ese hombre no era el mismo que la había atacado minutos antes.
—Ayúdeme, por favor —susurró entre lágrimas.
...
¿Quién será este personaje? ??