Capítulo 4

1091 Words
Aquel hombre quedó de pie frente a ella sin decir o hacer nada, el que una debutante le pidiera ayuda de por sí era algo inquietante. Sin embargo, esa niña no era cualquier debutante, pues tras varios años en su búsqueda por fin la había encontrado. —¿Cómo la ayudo? —Saqueme de aquí, por favor —pensó contarle lo que le había sucedido, pero al final lo descartó. —No se preocupe, señorita. Por supuesto que la ayudaré, pero ¿Qué pasará si la gente nos ve salir juntos del jardín? —Por favor, solo guíeme, lo seguiré a una distancia prudente. —Si ese es el caso, sígame. Después de divagar por el laberinto, Genevieve pudo ver la salida y con pasos rápidos se apresuró a salir dejando atrás al hombre. El pasillo custodiado por altos pinos se le hizo eterno de caminar mientras observaba a dicho hombre que a lo lejos le señalaba el camino. Cuando pasó por su lado el viento sopló y removió con ligereza sus faldas. Un escalofrío recorrió su cuerpo y erizó le erizó la piel. Ella no entendía la razón por la que su cuerpo reaccionaba de aquella forma cuando aquel hombre la había ayudado a salir del laberinto… Era una buena persona. La mirada del hombre se clavó sobre Genevieve siguiendo sus pasos, pero la peliroja no pudo entender muy bien la mirada de ese sujeto, eso sí, se negó a pensar que era una mala persona. Tras la caminata un poco incómoda, Genevieve pudo entrar otra vez al salón y acompañar al resto de los invitados. —¿Dónde estabas, pequeño monstruo? —Su madre interrogó iracunda. —Estaba tomando aire —se excusó mientras descartaba en su totalidad la idea de contarle lo sucedido. —Ven, tu padre te está buscando —la arrastró por todo el salón hasta dar con el señor Dubois. Annia llevaba una sonrisa de oreja a oreja y tras ella Genevieve trataba de seguirle los pasos. —Cariño, encontré a Gene hace un momento —avisó en un susurro tras saludar al invitado que hablaba con Dubois. —Annia, Genevieve, les presento al señor Tessier —Un gusto —respondieron ambas —Veo que tu hija es una belleza, Dubois. Sería una lastima si no bailo con ella —indicó el hombre que acompañaba a Dubois mientras la examinaba de arriba abajo. Aquello molestó mucho a Genevieve. —¡Será un placer! —lanzó Annia Genevieve miró sorprendida a la mujer, y era incapaz de procesar lo que allí estaba ocurriendo. Enojada apretó los puños y quiso chocarlos contra la arrugada cara de aquel hombre lascivo y asqueroso, pero tragándose todo el orgullo tomó el brazo del señor Tessier. En pocos minutos ya estaban dentro del baile, y el sonido que provenía de los músicos apostados en una esquina del salón llegó a sus oídos. Genevieve agradeció un montón que la canción fuese una cuadrilla y no un vals —¿Por qué su bello rostro está serio? —el hombre habló cuando ella volvió a retornar como su pareja. —Tal vez porque mi bello rostro es así —respondió con dureza. —No tiene que ser así de fría conmigo, ¿Qué puedo hacer para que me dedique una sonrisa? —Pues, cállese de una buena vez, por favor. —sonrió forzada —Soy rico, te daré todo lo que quieras si te casas conmigo. Genevieve quiso torcer los ojos, pero se mantuvo imperturbable ante las palabras del señor Tessier. —Monsieur, estamos en medio del baile y estoy tratando de concentrarme para no pisarle —respondió fastidiada, pero supo esconderlo tras una expresión de desinterés. Y haciéndose torpe lo pisó con el tacón de sus zapatos. Sintió tanta satisfacción al hacerlo que le dolió mover su pie. —Es usted una salvaje y a mí me gusta domar fieras… No lo olvide, señorita: soy su gran admirador —dijo en un susurro a la vez que la atraía más a él. La música dejó de tener un ritmo en la mente de Genevieve y de inmediato las alarmas se prendieron dentro de su mente. ¿Cómo no lo reconoció? ¡Aquel pervertido era ese viejo! Ofuscada por los recuerdos paró el baile y demandó distancia con Tessier. Un escalofrío recorrió su cuerpo y sus ojos se congelaron en el recuerdo del jardín. El hombre quiso tomarla otra vez y seguir con el resto del baile como si nada hubiese pasado, pero en un movimiento fue arrebatada de por otros brazos. Poco a poco Genevieve fue saliendo su la pesadilla mientras descansaba en los brazos del otro hombre —Gracias —susurró antes de seguir con el baile —Veo que vuelvo a sacarla de un aprieto, ¿Por qué será? —dijo en tono burlón. —¿Disculpe? —levantó la mirada y lo reconoció de inmediato—. Usted… —Nos volvemos a encontrar, señorita. —Siento tener que molestarlo, Monsieur. —No me molesta. Lo hice porque quise —Gracias —agradeció antes de abandonar el baile. […] El baile había terminado hace mucho y ya todos los invitados reposaban tranquilos en sus habitaciones. Sí, algunos de los grandes ricos que se presentaron en la casa de los Richmond vivían muy lejos, algunos hasta hacían viajes de largas horas; no sería justo para ellos el que las veladas duren solo una noche. Genevieve ya estaba preparándose para dormir; se había puesto su camión y ya también había apagado las velas. Acostada en la cama y con las cobijas hasta el cuello, meditó en lo que sería su vida si se casaba con el señor Tessier. Sin embargo, negó rápidamente con la cabeza al imaginar su miserable vida con ese hombre. —No me casaré —susurró para sí misma. La ventana de la habitación estaba cerrada. Sin embargo, sentía que pequeñas piedritas la golpeaban. Se levantó del lecho para correr levemente las ventanas. ¿Y si era el señor Tessier? De pensarlo un escalofrío la dejó helada en su sitio. “Genevieve” Un susurro ahogado se escuchó desde afuera. —¿Qué haces sola a esta hora? —interrogó al ver a su amiga Agnes bajo su ventana. —Abreme la puerta —Genevieve rodeó con rapidez el lugar y abrió con suavidad las puertas de su habitación. —¿Qué haces aquí? —Estaba muy aburrida, así que vine a hacerte compañía. —Llegaste en el momento adecuado, tengo algo que contarte.
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