La fachada de la editorial se alzaba imponente sobre Genevieve. La muchacha tenía muchos nervios, pero se llenó de valor y entró al lugar. Adentro pudo ver a muchas personas trabajando de un lado a otro. En cuanto entró, preguntó por el dueño de la imprenta a lo que le respondieron que debía seguir las indicaciones y así llegar al despacho del hombre. Eso hizo Genevieve, se ajustó el sombrero para terminar de ocultar sus cabellos encendidos. —¿Es usted el señor Smith? —preguntó al hombre que acababa de entrar la despacho—. Necesito hablar con el señor Smith. —No te conozco muchacho, ¿Qué necesitas? —el hombre contestó mientras se acomodaba en su gran escritorio. —Señor Smith, he visto los anuncios en el periódico que busca a un ayudante, yo puedo postularme. El hombre la analizó d

