Genevieve montó su caballo color canela y galopó hasta la zona acordada. El viento pegaba contra su rostro y revolvía de manera divertida su cabello rojo. Si otras fueran las circunstancias de seguro estaría disfrutando del paseo, riendo alegre por sentirse viva. Pero la realidad era otra, y aquel viaje se le estaba haciendo irritante. Cuando por fin llegó a los límites de la hacienda, desmontó el caballo y dejó que este pastara tranquilo tras de ella. Impaciente esperó por largos minutos, ya iba a regresar pero vio que un hermoso caballo n***o y pura sangre se acercaba a ella a trote acelerado. El animal cabalgaba por la pradera verde con majestuosidad. —¿Qué quiere? —preguntó en cuanto vio desmontar al hombre. Coventry sonrió ladino mientras se acercaba a ella. —No tan rápido, bel

