–Tu no has arriesgado nada por mi – dijo Emma, quien seguía siendo ignorante de todo lo que su esposo hizo para no traicionarla o hacerle daño – tu solo dices eso porque te gusta verme débil, te agrada saber que estoy a tus pies, que me tienes en la palma de tus manos – siseó. La forma lenta de hablar de Emma, además de la música que salía por los altavoces y la mirada feroz de la mujer, hicieron que Dante se pusiera duro de inmediato, su boca se secó y debió pasar su lengua por su labio inferior para calmar esa ansiedad que tenia de besar desesperadamente a Emma. –¿Y funciona? – cuestionó él, con aquella sonrisa coqueta que la descomponía a ella. –¿De qué hablas? –Todas mis palabras, sirven para provocarte como acabas de mencionar – Dante comenzó a disfrutar de la situación. Pod

