Después de un par de minutos juntos, Dante no pudo morderse la lengua por mucho más tiempo, así que dejo salir lo que tenía atorado entre pecho y espalda. –Esta no es la Emma que me gusta ver – siseó, y a pesar de que Emma estaba medio inconsciente por todo el alcohol que había bebido, pudo escuchar y comprender sus palabras a la perfección – no necesitas emborracharte para ser honesta conmigo, ese es un rasgo que solo los cobardes tienen, y tú puedes ser muchas cosas, menos una cobarde – susurró, atándole el cabello en un coleta baja – eres mucho más que una noche de fiesta, tú no eres esta persona que está frente a mí, y espero que entiendas a que me refiero. –Yo ya no sé ni quien soy, Dante – ella levantó los hombros, dolida porque sabía que, a pesar de todo, Dante tenía toda la raz

