A la mañana siguiente, Emma despertó con una jaqueca increíble, tenía el estómago revuelto, le dolía cada musculo del cuerpo y se sentía como si un auto la hubiera atropellado. –¿Dónde diablos estoy? – preguntó en voz alta, incorporándose en la cama y mirando para todos lados. A primera impresión, le costó reconocer la habitación de Dante, es que ella hubiera esperado amanecer en cualquier sitio menos en ese, enseguida, el miedo le recorrió la sangre, ella miró debajo de las sábanas a ver si de casualidad estaba desnuda, pero soltó un suspiro de tranquilidad al darse cuenta de que estaba completamente vestida, sin embargo, eso solo hacía que la situación fuera aún más extraña, ya que no dejaba de preguntarse cómo había llegado hasta esa cama, y la pregunta que más la intrigaba… ¿Dónde

