iii.

1172 Words
.:. CHAPTER THREE .:. ( CAMP ) HABÍAN LLEGADO A LO QUE, parecía un páramo. Delante de ellos había un par de magos cansados y de aspecto malhumorado. Uno de ellos sujetaba un reloj grande de oro; el otro, un grueso rollo de pergamino y una pluma de ganso. -Buenos días, Basil -saludó el señor Weasley. -Hola, Arthur -respondió Basil con voz cansina- Has librado hoy, ¿eh? Qué bien viven algunos... Nosotros llevamos aquí toda la noche... Será mejor que salgan de ahí: hay un grupo muy numeroso que llega a las cinco y quince del Bosque n***o. Esperen... voy a buscar dónde estan... Weasley... Weasley... Consultó la lista del pergamino. -Está a unos cuatrocientos metros en aquella dirección. Es el primer prado al que llegan. El que está a cargo del campamento se llama Roberts. Diggory... segundo prado... Pregunta por el señor Payne. -Gracias, Basil -dijo el señor Weasley, y les hizo a los demás una seña para que lo siguieran. Se encaminaron por el páramo desierto, incapaces de ver gran cosa a través de la niebla. Después de unos veinte minutos encontraron una casita de piedra junto a una verja. Se despidieron de los Diggory y se encaminaron a la puerta de la casita. Había un hombre en la entrada, observando las tiendas. -Es un muggle -le informó Harry a Lyra. La rubia lo escaneo con la mirada. -Parece interesante -dijo la rubia- Me gustaría salir con un muggle. -¿Si? -preguntó Harry sorprendido, pero mo recibió respuesta. -¡Buenos días! -dijo el señor Weasley. -Buenos días. -¿Es usted el señor Roberts? -Sí, lo soy. ¿Quiénes son ustedes? -Los Weasley... Tenemos reservadas dos tiendas desde hace un par de días, según creo. -Sí -dijo el señor Roberts- Tienen una parcela allí arriba, al lado del bosque.¿Sólo una noche? -Efectivamente -repuso el señor Weasley. -Entonces ¿pagarán ahora? -preguntó el señor Roberts. -¡Ah! Sí, claro... por supuesto... -se retiró un poco de la casita y le hizo una seña a Harry para que se acercara. Después de que el señor Weasley pagara caminaron con dificultad ascendiendo por la ladera cubierta de neblina, entre largas filas de tiendas. -Miren, éste es nuestro sitio. Habían llegado al borde mismo del bosque, en el límite del prado, donde había un espacio vacío con un pequeño letrero clavado en la tierra que decía «Weezly». -Bien -dijo el señor Weasley- Siendo tantos en tierra de muggles, la magia está absolutamente prohibida. ¡Vamos a montar estas tiendas manualmente! No debe de ser demasiado difícil: los muggles lo hacen así siempre... Bueno, Harry, ¿por dónde crees que deberíamos empezar? Lyra que no sabia nada, prefirio mirar antes que ayudar, asi que se saco la mochila y la uso como almohada, se acosto en el la tierra pensando en que le gustaría compartir ese momento con su padre. Cuando la tienda ya estaba lista el señor Weasley volvio a hablar. -Estaremos un poco apretados pero cabremos. Entren a echar un vistazo. Lyra se levanto sacudiendo su ropa y  se metió por la abertura de la tienda, nunca antes había estado en una, asi que quedo completamente encantada. -Necesitaremos agua... Lyra estuvo a punto se decir que ella podia crear agua con sus extraños poderes de nayade y que no hacia falta salir a buscar agua, pero prefirió mantenerse en silencio no queriendo que todos se enteraran de que era una nayade. -Bien, ¿por qué no van por agua Harry, Hermione, Lyra y tú? -dijo el señor Weasley a Ron entregandole la tetera y un par de cazuelas- Mientras, los demás buscaremos leña para hacer fuego. -Pero tenemos un horno -repuso Ron- ¿Por qué no podemos simplemente...? -¡La seguridad antimuggles, Ron! -le  Cuando los muggles de verdad acampan, hacen fuego fuera de la tienda. ¡Lo he visto! Después de una breve visita a la tienda de las chicas, que era un poco más pequeña que la de los chicos, cruzaron el campamento con la tetera y las cazuelas. Con el sol que acababa de salir y la niebla que se levantaba, pudieron ver el mar de tiendas de campaña que se extendía en todas direcciones. Caminaban entre las filas de tiendas mirando con curiosidad a su alrededor. Los campistas empezaban a despertar, y las más madrugadoras eran las familias con niños pequeños. -Eh... ¿son mis ojos, o es que se ha vuelto todo verde? -preguntó Ron. No eran los ojos de Ron. Habían llegado a un área en la que las tiendas  estaban completamente cubiertas de una espesa capa de tréboles, y daba la impresión de que unos extraños montículos habían brotado de la tierra. De pronto oyeron sus nombres a su espalda: -¡Harry!, ¡Ron!, ¡Nix!, ¡Hermione! Era Seamus Finnigan. Estaba sentado delante de su propia tienda junto a su madre y Dean Thomas. -¿Les gusta la decoración? -preguntó Seamus, sonriendo, cuando los cuatro se acercaron a saludarlos- Al Ministerio no le ha hecho ninguna gracia. -Mucho verde -dijo Lyra- Me siento como en la sala común de Slytherin. -El trébol es el símbolo de Irlanda. ¿Por qué no vamos a poder mostrar nuestras simpatías? -dijo la señora Finnigan- Tendrían que ver lo que han colgado los búlgaros en sus tiendas. Supongo que estan del lado de Irlanda. Se fueron después de asegurarle que estaban a favor de Irlanda. -Me pregunto qué habrán colgado en sus tiendas los búlgaros -dijo Hermione. -Vamos a echar un vistazo -propuso Harry. En aquella parte las tiendas todas colgaba el mismo póster de Krum. -Es Krum -dijo Ron. -¿Quién? - preguntó Hermione. -El buscador del equipo de Bulgaria -explicó Lyra rodando los ojos, ella hinchaba para Irlanda. Ya había cola para coger agua de la fuente, así que se pusieron al final, inmediatamente detrás de dos hombres que estaban enzarzados en una acalorada discusión. Uno de ellos, un mago muy anciano, llevaba un camisón largo estampado. El otro era evidentemente un mago del Ministerio: tenía en la mano unos pantalones de mil rayas y parecía a punto de llorar de exasperación. -Tan sólo tienes que ponerte esto, Archie, sé bueno. No puedes caminar por ahí de esa forma: el muggle de la entrada está ya receloso. -Me compré esto en una tienda muggle -replicó el mago anciano con testarudez- Los muggles lo llevan. -Lo llevan las mujeres muggles, Archie, no los hombres. Los hombres llevan esto -dijo el mago del Ministerio, agitando los pantalones de rayas. -No me los pienso poner -declaró indignado el viejo Archie- Me gusta que me dé el aire en mis partes privadas, lo siento. Lyra se rio junto con Hermione y tuvieron que salir de la fila y no volvió hasta que Archie se fue con el agua. Volvieron por el campamento, caminando más despacio por el peso del agua. -Tendrian que seguir los consejos de Archie -dijo la rubia mirando a Ron y a Harry. Hermione solto una carcajada.
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