.:. CHAPTER TWO .:.
( L.S.V )
-VAMOS, LYRA -dijo Hermione sacudiendo a la rubia- Tenemos que irnos.
-¿Adónde? -preguntó aún adormilada.
-A el mundial, Lyra -contestó Ginny quien estaba abriendo la puerta- Te esperamos abajo.
Cuando Hermione, Merope y Ginny salieron del cuarto, Lyra se levanto y reviso su baul buscando que ponerse.
Se puso unos pantalones n***o y una remera roja que tenia un león representando a su casa, obviamente antes de salir se puso su infaltable campera de cuero.
Dejo un beso en la cabeza de Apolo, quien aún seguía durmiendo en su cama y cuando bajo la señora Weasley removía el contenido de una olla puesta sobre el fuego, y el señor Weasley, sentado a la mesa, comprobaba un manojo de grandes
entradas de pergamino.
Lyra tomo asiento junto a Harry y dejo caer su cabeza en el hombro del chico.
-¿Dónde están Bill y Charlie y Pe... Pe... Percy? -preguntó George, sin
lograr reprimir un descomunal bostezo.
-Bueno, van a aparecerse, ¿no? Así que pueden dormir un poco más.
-O sea, que siguen en la cama... -dijo Fred de malhumor, acercándose
su cuenco de gachas- ¿Y por qué no podemos aparecernos nosotros
también?
-Porque no tienen la edad y no han pasado el examen.
-¿Hay que pasar un examen para poder aparecerse? -preguntó Harry.
-Desde luego -respondió el señor Weasley- El Departamento de
Transportes Mágicos tuvo que multar el otro día a un par de personas por
aparecerse sin tener el carné. La aparición no es fácil, y cuando no se hacecomo se debe puede traer complicaciones muy desagradables.
Fred quien estaba sentado al lado de la rubia, saco un caramelo y se lo mostro.
-Esto es lo que le dimo a el primo de Harry -informó.
-¿Tienes más de estos? -preguntó la rubia en un susurro.
-Los bolsillos llenos -respondió el pelirrojo.
-Damelos.
-¿Que? -pregunto confundido.
-Que me los des.
Fred aún confundido saco los camelos que tenia en los bolsillos y se los entrego a Lyra quien los guardo en los bolsillos de su campera.
-¿Por qué nos hemos levantado tan temprano? -preguntó Ginny apoyando si cabeza en el hombro de Merope.
-Tenemos por delante un pequeño paseo -explicó el señor Weasley.Hay que caminar un poco. Lo que pasa es que resulta difícil que un gran
número de magos se reúnan sin llamar la atención de los muggles. Siempretenemos que ser muy cuidadosos a la hora de viajar, y en una ocasión como la de los Mundiales de quidditch...
-¡George! -exclamó bruscamente la señora Weasley, sobresaltando a
todos.
-¿Qué? -preguntó George.
-¿Qué tienes en el bolsillo?
-¡Nada!
-¡No me mientas!
La señora Weasley apuntó con la varita al bolsillo de George y dijo:
-¡Accio!
Varios objetos pequeños de colores brillantes salieron zumbando del
bolsillo de George, que en vano intentó agarrar algunos: se fueron todosvolando hasta la mano extendida de la señora Weasley.
-¡Les dijimos que los destruyeran! -exclamó, furiosa, la señora Weasley- ¡Les dijimos que se deshicieran de todos! ¡Vaciar los bolsillos,vamos, los dos!
Como Fred no saco nada de sus bolsillos la señoraWeasley tuvo que usar el encantamiento convocador. Pero no encontro nada gracias a que ella tenia los de Fred.
Haciendose la distraida, Lyra salio afuera para esperarlos.
Cuando todos salieron la ojigris se acerco a los gemelos.
-Tomen -dijo sacando los caramelos de sus bolsillos.
-Eres nuestra salvación -dijo George tomando un puñado mientras Fred tomaba los que quedaban.
-Si te amamos -siguo Fred.
-Todos lo hacen -dijo Lyra riendo mientras corria para alcanzar a Harry.
-Le escribí a Sirius -comento el chico.
-Yo también -dijo Lyra sonriendo- Y varias veces.
-¿Y te contesto? -preguntó Harry.
-Por supuesto que si. Hasta me envio esto por mi cumpleaños -dijo Lyra mientras le enseñaba un collar de una estrella que tenia atrás grabado en una delicada letra las letas L, S y V.
-¿Que significa? -volvió a preguntar Harry.
-S por Sirius, V por Venus y bueno la L por mi -dijo de forma obvia- ¿A ti no te contesto?
-No... -dijo Harry haciendo una mueca- Me dolia la cicatriz y pense en contarselo.
-Hiciste bien entonces -dijo la rubia pasando un brazo por los hombros del chico- ¿Todavia te sigue doliendo?
-No, ya no.
Caminaron con dificultad por el oscuro, frío y húmedo sendero hacia elpueblo. Sólo sus pasos rompían el silencio; el cielo se iluminaba muy despacio, pasando del n***o impenetrable al azul intenso, mientras se acercaban alpueblo. El señor Weasley miraba el reloj continuamente.
Cuando emprendieron la subida de la colina de Stoatshead no les
quedaban fuerzas para hablar, y a menudo tropezaban en las escondidasmadrigueras de conejos o resbalaban en las matas de hierba espesa y oscura.
-¡Uf! -jadeó el señor Weasley, quitándose las gafas y limpiándoselas en el jersey- Bien, hemos llegado con tiempo. Tenemos diez minutos...
Lyra se agachó tratando de buscar aire.
-Ahora sólo falta el traslador -dijo el señor Weasley volviendo a ponerse
las gafas y buscando a su alrededor- No será grande... Vamos...
Se desperdigaron para buscar. Sólo llevaban un par de minutos cuando ungrito rasgó el aire.
-¡Aquí, Arthur! Aquí, hijo, ya lo tenemos.
Al otro lado de la cima de la colina, se recortaban contra el cielo estrellado
dos siluetas altas.
-¡Amos! -dijo sonriendo el señor Weasley mientras se dirigía a zancadas hacia el hombre que había gritado.
Los demás lo siguieron.
El señor Weasley le dio la mano a un mago de rostro rubicundo y barba
escasa de color castaño, que sostenía una bota vieja y enmohecida.
-Éste es Amos Diggory -anunció el señor Weasley- Trabaja para el
Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. Y creo que ya conocéis a su hijo Cedric.
Cedric Diggory, un chico muy guapo de unos diecisiete años, era capitán y
buscador del equipo de quidditch de la casa Hufflepuff, en Hogwarts. Y era el mismo con el que Lyra recordaba haber chocado una vez en la estación de trenes.
-Hola -saludó Cedric, mirándolos a todos.
Todos le devolvieron el saludo, salvo Fred y George, que se limitaron a
hacer un gesto de cabeza. Aún no habían perdonado a Cedric que venciera al equipo de Gryffindor en el partido de quidditch del año anterior.
-¿Ha sido muy larga la caminata, Arthur? -preguntó el padre de Cedric.
-No demasiado -respondió el señor Weasley- Vivimos justo al otro
lado de ese pueblo. ¿Y ustedes?
-¿No demasiado? -preguntó Lyra riendo- Creo que en cualquier momento voy a reir.
Cedric rio y los gemelos Weasley rodaron los ojos.
-Hemos tenido que levantarnos a las dos, ¿verdad, Ced? ¡Qué felicidad
cuando tenga por fin el carné de aparición! Pero, bueno, no nos podemosquejar. No nos perderíamos los Mundiales de quidditch ni por un saco degaleones... que es lo que nos han costado las entradas, más o menos. Aunque, en fin, no me ha salido tan caro como a otros...
Lyra levanto una ceja y miro mal al padre de Cedric.
-¿Son todos tuyos, Arthur?
-No, sólo los pelirrojos -aclaró el señor Weasley, señalando a sus
hijos- Ella es Merope amiga de Ginny...Ésta es Hermione, amiga de Ron... Ella es Lyra y éste es Harry, otro amigo...
-¡Por las barbas de Merlín! -exclamó Amos Diggory abriendo los ojos-
¿Harry? ¿Harry Potter?
-Ehhh... sí -contestó Harry.
-Ced me ha hablado de ti, por supuesto -dijo Amos Diggory- Nos hacontado lo del partido contra tu equipo, el año pasado... Se lo dije, le dije: esto se lo contarás a tus nietos... Les contarás... ¡que venciste a Harry Potter!
-Si, con los dementores jugando para Hufflepuff -dijo Lyra con sarcasmo, Fred y George rieron.
Cedric parecía incómodo.
-Harry se cayó de la escoba, papá -masculló- Ya te dije que fue un
accidente...
-Sí, pero tú no te caíste, ¿a que no?
-Si, ya quiero ver a su perfecto hijo perseguido por dementores -siguió Lyra.
-Ya debe de ser casi la hora -se apresuró a decir el señor Weasley,
volviendo a sacar el reloj- ¿Sabes si esperamos a alguien más, Amos?
-No. Los Lovegood ya llevan allí una semana, y los Fawcett no
consiguieron entradas -repuso el señor Diggory- No hay ninguno más de los nuestros en esta zona, ¿o sí?
-No que yo sepa -dijo el señor Weasley- Queda un minuto. Será mejor que nos preparemos.
Con cierta dificultad, debido a las voluminosas mochilas que llevaban, los once se reunieron en torno a la bota vieja que agarraba Amos Diggory.
Todos permanecieron en pie, en un apretado círculo, mientras una brisa
fría barría la cima de la colina. Nadie habló.
-Tres... -masculló el señor Weasley, mirando al reloj- dos... uno...
Ocurrió inmediatamente: Lyra sintió como si un gancho, justo debajo del
ombligo, tirara de él hacia delante con una fuerza irresistible. Sus pies se
habían despegado de la tierra. Iban todos a enormevelocidad en medio de un remolino de colores y de una ráfaga de viento queaullaba en sus oídos. Y entonces...antes de tocar el piso Lyra salto, ella ya estaba bastante acostumbrada a las apariciones y eso era bastante parecido.
-Desde la colina de Stoatshead a las cinco y siete -anunció una voz.