Hoy empezamos con el entrenamiento, lo que será realmente una pesadilla. Nunca he sido de los atléticos o de los que hacen deportes. No, nada de eso, todo lo contario, era muy descoordinado y tonto. Los balones siempre aterrizaban en mi cara, no conseguía pegarle y en los exámenes de aptitud física en la parte de flexibilidad apenas si llegaba a tocarme las rodillas. Igual, lo peor de lo peor es que tengo cero puntería. Mi padre desistió siempre de entrenarme con mucha facilidad. Supongo que prefirió pasarle el peso muerto a otro. - No puedo creer que me hayas ido a buscar a está hora. - me quejo con fastidio, entrando. - ¡No hay nadie! - Precisamente, tú eres quien debe llegar primero e irse ultimo. - dice Rocco mientras va encendiendo las luces de todo el asilo. - Sabes, en un día

