Capítulo 1.

1709 Words
Cayden. Toque fondo. No hay salvación a lo que hice. Soy un maldito hijo de puta, que perdido por el alcohol y el juego hizo la peor bajeza del mundo. Estoy tan arrepentido de esa noche, no debí hacerlo, pero sin importar un carajo lo hice, aposté a mis hermanas en un juego de poker. Llevaba una buena racha, seis partidas ganadas y por eso estaba seguro que iba a ganar. Ellos querían algo más que dinero, no tengo idea como se me vino la idea para hacerlo, unos segundos de fastidio entre ellos bromeando y terminé dejando que mi adicción gané la batalla, convirtiendome en una basura por apostar a lo más importante de mi vida. Cuando Fabio ganó, su sonrisa victoriosa sumado a los comentarios mal intencionados sobre todo lo que él junto con sus amigos le harían a Faith y Ellie, me hizo volver a la realidad. La había jodido por completo. ¿Cómo fui capaz de apostar a mis hermanas? ¡Qué carajos hice! Esa misma mañana después que salí del casino clandestino, me vi en la obligación ir directo a la casa de mis padres, no me daba la cara para mirarlo a los ojos, no después de lo que hice y cuando le confesé a mi padre vi la decepción en su rostro, las lágrimas en el de mi madre. Soy lo peor de esta familia. Nunca debieron adoptarme, solo lo hicieron porque ese día que fueron a ese orfanato se enamoraron de Faith, si la querían a ella también se tenían que llevar a mi. Eso los llevó a hacer esa adopción doble para no separarme de mi hermanita. Llegué a una familia donde amor y el cariño no tiene límites. Ellos me acogieron como si fuera parte de cada uno, solo que nunca en su totalidad me sentí parte de la familia Salvatore. Demian y Jazmín mis padres adoptivos me dieron todo, una casa, estabilidad económica, amor y oportunidades para que tenga la mejor educación del mundo. Gracias a su esfuerzo terminé el secundario y me gradué en la universidad como abogado. Quería encajar en la familia, solo que nunca lo hice como se debía. Mi irresponsabilidad puso en peligro a mis hermanas y esto no voy a perdonarme nunca. Mi padre se puso en campaña para impedir que nada malo les suceda, trato de llegar a un acuerdo con Fabio, darle dinero para que deje de lado lo que había apostado conmigo, solo que el hijo de puta no acepto lo que me llevó a que llamará a Sasha, mi amigo para intervenir. Después de todo su mafia pudo solucionar las cosas, aunque de ahora en adelante mis hermanas estarían vigiladas por guardaespaldas gran parte del día, todo por su seguridad. — ¡Hey Cayden! — gritan mi nombre cuando cierro la puerta de mi auto. Busco la voz, pero no encuentro nada. Abro la puerta trasera para bajar algunas cosas del trabajo y cuando siento que algo golpe mi espalda con fuerza. Caigo al piso descolocado observando a Fabio con una gran sonrisa de su parte. Hijo de puta. — Cuando menos lo espere iré por tus hermanas — siento patadas en mi estómago y en mi espalda. — Usaste a la mafia, voy a respetar mi palabra con el líder — se burla dando de nuevo ordenes a sus hombres para que me sigan pateando. — Solo por un tiempo cumpliré con mi palabra, quiero que vivas con miedo y paranoia, porque cuando menos espere me llevaré a tus lindas hermanas, serán mis putas y la de mis hombres — agrega divertido. Con la poca fuerza que me queda me levanto para enfrentarlo, no dejaría que nada le haga a mis hermanas porque morirá en el intento. Fabio hace señas dejando que sus hombres no me hagan nada, me acerco a él cabreado. — Antes voy a matarte — mascullo. — Cayden — se burla. — Veremos quien mata a quién, te metiste con la persona equivocada — asegura cortando la distancia que nos separaba. Quiero golpearlo, pero él es más rápido y siendo como algo clava en mi estómago provocando que caiga al piso. Fabio se ríe viendo como me desangro y lo veo marcharse. No podía dejar que gane .... *** Desperté tres días después en un hospital, mi madre se encontraba a mi lado sosteniendo mi mano, sus ojos lleno de lagrimas y tristeza me dieron la pauta que no podía seguir de esta forma. Tengo treinta y un años y daba más dolores de cabeza que mis hermanos de veinticuatro. Durante estos años había perdido todo, amistades, trabajo y muchas cosas más, todo por mis adicciones. — Cambia — me ruega mi madre entre lágrimas. — No tengo salvación, Jazmín — contesto. Antes salía con naturalidad decirme mamá, hace años decidí que no podía decirle más de esa forma, porque no me sentía su hijo. — La tienes, Cayden. Déjame ayudarte — pide. — ¿Mis hermanas? — quiero saber. Jazmin suspira. — Ellie sigue enojada y Faith esta afuera esperando entrar — contesta. Entendía lo de Ellie, tiene todo su derecho de odiarme, soy su hermano mayor y mi obligación es cuidarla, lo menos que hice fue eso sino que la aposté en el poker, poniéndola en peligro. — Quiero hablar con ella — le pido. Mi madre se retira resignada de la habitación dejando que ahora mi hermanita menor ingrese. Hemos pasado de todo en esta vida, ella por ahí no recuerda porque es pequeña y es mejor que no lo haga, no me gustaría que tenga recuerdos de esos días donde vivíamos con nuestra madre biológica, esas noches donde nos obligaba a que la veamos follando con sus clientes, los días que presenciamos cuando su proxeneta la molia a golpe o esos días.... No quiero recordar más esas mierdas que jodieron mi vida. — Cay — murmura con tristeza. — Lo siento — digo mirando los ojos bicolores de mi hermana. — ¿Por qué? — pregunta sentándose en la silla donde antes estuvo Jazmín. — La jodí completa.... — Nos pusiste en peligro — me interrumpe. — Lo sé — reconozco suspirando. — Apostaste a Ellie y a mi como si fuéramos unos objetos que no valemos nada .... — Son importantes para mi, son mis hermanas — declaro. — No se nota eso, porque si en verdad fuéramos importantes para ti nunca hubieras ni pensado en lo que hiciste — quiero hablar solo que ella no me deja. — Estás consumiendo tu vida, tu carrera, nuestra familia y tu futuro con tus mierdas.... — No tengo salvación — la detengo. — Si la tienes, solo que eres demasiado egoísta para pedir ayuda — sentencia dejándome en silencio. — Faith — murmuro. — No, estoy cansada de esto. Mamá y papá no merecen que le hagas todo esto, ellos no sacaron del orfanato y nos salvaron la vida. Nos dieron hermanos, una familia y todo para ser feliz ... — De que sirve todo eso si ya estoy jodido — acoto suspirando. — La familia está haciendo todo, si tu no quieres ser ayudado no sirve de nada — dice molesta. — ¿Quién dice que quiero que me ayuden? — contraataco. — Si no lo haces, olvídate que tienes una hermana — sentencia secando sus lágrimas y sin mirar atrás camino directo a la puerta. — Faith — la llamo para que se detenga. Mi hermana no contesta, sale sin mirar atrás dejándome un nudo en la garganta. Quiero levantarme de la cama para seguirla, pero el dolor punzante en mi estómago me hace recordar que me habían apuñalado y casi perdí la vida días atrás Debía recuperarme y matar a Fabio. No podía dejar a mis hermanas expuestas a ese mismo peligro en la que las metí por culpa del juego. — Esto se termino, Cayden — dice Demian cuando entra a la habitación. — Puedes olvidarte que tienes un hijo adoptivo, no me importa — respondo a la defensiva. — Tengo un hijo y si no intervengo ese hijo al cual amo terminará en un cajón — sentencia haciendo que lo mire a los ojos. — Te dije que no tengo salvación — le recuerdo. Ya habíamos tenido una conversación de este tipo, él estaba convencido que podría ayudarme y yo le aseguraba que ya no tengo salvación. — Me importa una carajo, podrás odiarme, no querer hablarme por el resto de mi vida, pero te salvaré de toda esa mierda — declara con seguridad. — Demian — musito suspirando. — Te darán el alta y te pondré en un centro de rehabilitación en un instituto psiquiátrico.... — No estoy loco — lo detengo. No iré a ningún lado. — Cayden — murmura. — No Demian, no tienes del derecho... — Si lo tengo, te acaban de declarar insano. Como abogado sabes muy bien lo que significa esa palabra y por ende vuelvo a ser tu tutor — me informa con seriedad. ¿Insano? ¿Qué demonios? — No lo voy a permitir — mascullo. — La decisión está tomada, irás a ese centro a buscar tu salvación ... — Soy un adulto responsable y puedo tomar mis propios decisiones — declaro. — Un adulto responsable no apostaría a sus dos hermanas a un desconocido. Un adulto responsable no pondría en peligro a sus hermanas — me mira a los ojos. — ¿Quieres que siga? — inquiere cabreado. Sus palabras me dejan con la boca cerrada. Me odio. Dejando mi orgullo de lado, miro al hombre que me crío desde que tenía once años. — ¿Qué debo hacer? — pregunto. — Internarte, si no lo haces por voluntad propia me tocará a mi tomar la decisión y ya tengo una decidida — asegura. No había opciones, me internó o ellos lo harán por mí para supuestamente salvarme de todas mis mierdas. Aunque sabía que ya no tenía salvación igual me metería en ese centro psiquiátrico. No lo hacía por mí solo por ellos, por Faith. Los he decepcionado muchos años, no podía hacerlo de nuevo. Iré a ese lugar, aunque no merezca la salvación y mucho menos el perdón de todos. No merecía nada.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD