Capítulo 2.

1407 Words
Viktoria. Una manera de demostrar que estaba calificada para este desafío fue plantarme delante de mi tío diciendole que diga lo que diga igual me iría a esa ciudad para ayudar al paciente. El tío Odik no estaba convencido que me vaya a miles de kilómetros de distancia, se que él nos ve como unas hijas, pero si quería dejarle en claro que podría ser una Brankovič con todas las letras, soy su heredera, la que llevará la familia cuando el no este más en este mundo, solo que para eso tenía que mostrar que podía, sobre todo poder tratar con los líderes de la Bratva sin que eso me afecte en el proceso. Debía ser capaz de llevar una cordial relación con mi medio hermano, tal vez él no tenía idea de su historia y tampoco sería la encargada de hacerlo, pero solo poder establecer una relación entre ellos conmigo iba a garantizar que el legado Brankovič estará en buenas manos. Necesito este voto de confianza. Chicago. Ese el nombre de la ciudad, de ese nuevo país, donde viviré hasta terminar con lo que me encomendó. Cayden Salvatore, es mi objetivo. No piensen mal, no voy a matarlo sino que tengo el duro trabajo de salvarlo, aunque él no quiera cooperar en el proceso. Lo que hizo lo deja como un verdadero hijo de puta sin sentimientos, porque apostar a sus hermanas cruzo la línea de todo. Mi padre me jodio la vida, pero eso no significa que seré la peor versión de mi misma lastimando a los demás, años y años de terapia me llevó comprender que lastimarse no es la solución porque las verdaderas personas afectadas es la familia. Yo busqué la motivación para salir de mis mierdas, todos los días lucho con muchos traumas que tengo, le encuentro una solución, no quiero terminar como mi madre siendo una loca que no dudo en ahorcarse delante de sus hijas sin miramientos, ella se culpo de todo y dejó que la mierda de nuestro padre ganará esa batalla. Vladimir jodio mi vida y no iba a dejar que todos esos recuerdos me atosigue, soy fuerte, una Brankovič determinada que pueder ser tu enemiga si solo subestima mi forma de ser, nadie tiene idea de lo que soy capaz de hacer. — Hemos llegado, señorita — dice el chófer del taxi cuando aparca en la entrada del complejo de departamentos donde viviré por un tiempo indeterminado. — Muchas gracias — contesto al abonar el viaje. Lo único que le dejé a mi tío hacer fue comprar ese departamento, que contaba con todas las medidas de protección, todo sea por mi seguridad y su tranquilidad. Es la primera vez en treinta años que vamos a estar separados por un largo tiempo. — Viktoria Brankovič — me presento al portero que me observa con curiosidad. — La dueña del departamento seis — acota mientras me ayuda con mi maleta. — Exacto — contesto mirando a mi alrededor. Nada mal, el tío Odik, si que se había lucido. — Disculpe mi atrevimiento — lo miro a los ojos al señor. — ¿De donde es? — inquiere con curiosidad. — Nací en Rusia, viví mucho tiempo en Serbia y hace algunos años me volví a radicar en mi país natal — acoto siendo amable. Tío Odik no solo nos obligó a ser poliglatas, a tener un entrenamiento militar de defensa personal, no solo fuimos a los mejores colegios, sino que también a como tratar a las personas. Él dice que hacerle pensar al otro que sabe todo sobre tí lo pone en desventaja porque subestima a la otra persona y en verdad es mejor sorprender dejando en claro que puedes ser letal y peligrosa cuando menos lo espere. Entro a mi nuevo departamento, niego mi cabeza al darme cuanta que esta todo amueblado, mi tío no podía con su genio. Por unos meses viviré en este lugar, tengo que acostumbrarme con la idea, no creo que pase mucho tiempo, pero debía tener un escondite cuando los días superan a uno mismo. Tenía que sentirme en casa o pensar que lo estaba. *** A primera hora estaba pisando las instalaciones de la clínica psiquiátrica. No podía dejar pasar ni un día más, debía poner el plan en marcha, tal como Alexandr me lo había estipulado. Tenía un solo objetivo y debía empezar con él con urgencia. No sólo me quede con la información que ellos me pusieron ante mis ojos, use mis propios medios para indagar un poco más sobre la vida de Clayden Salvatore. Tiene una hermosa familia, siempre lo apoyaron, pero lo que hizo nadie podría perdonar, las adicciones hacen este tipo de cosas, no saber medir el bien de lo que está mal, él vio que iba a ganar y es por eso no midió las consecuencias, lo que llevó a que apostará a sus hermanas en un juego de poker. Es un bastardo. Mi lado psiquiátria lo entiende, esta enfermo, pero mi lado de persona normal y realista solo piensa que es un hijo de puta que no pensó en lo que traería lo hizo. — Tiene muy buenas referencias, doctora Brankovič — dice el director de la clínica. — Como ha leído, estudie en la universidad de Moscú medicina, mi internado lo hice en el hospital psiquiátrico de San Peterburgo y mi doctorado en Oxford — le cuento resumiendo un poco mis estudios académicos. — ¿Vino a este país a ser un máster? — inquiere con curiosidad. — Esa es la idea — contesto sonriendo. — ¿Y ya tiene decidido cuál será el máster? — quiere saber. — Estoy en duda, pero mientras me gustaría trabajar para conocer como es la salud mental en este lado del mundo — digo con profesionalidad. — Sus papeles están en orden — el director sonríe. — La llamaré en la semana — agrega tendiendo su mano para estrecharla con la mía. Estaba extremadamente calificada para ser una de las doctoras de su staff, tal vez una de las mejores. — Espero su llamada — contesto de forma agradable. Si no me llamaba, Alexandr debía intervenir en ello, ya ambos lo teníamos todo diagramado. — ¿Tienen una compañía de taxis de confianza? — le pregunto a la chica de recepción. — Si, me da unos minutos le llamo, doctora — me dice amablemente. Asiento a su respuesta y me quedo unos pasos atrás del área de recepción para esperar, justo cuando mis ojos observan como Cayden Salvatore ingresa al recinto acompañado de su padre adoptivo, Demian Salvatore. Por la cara que trae solo significaba que no lo estaban internado por voluntad propia sino todo lo contrario, sabía por Alexandr, que hace semanas atrás lo había apuñalado y estuvo hospitalizado que por eso se atrasó su ingreso a esta institución. Para ser sincera a simple vista la belleza no podía negarla, es alto, su color de cabello es un n***o intenso, su barba prolija y generaba cierta duda el color de sus ojos. — ¿Por voluntad propia? — escucho que le preguntan. — Tengo cara de querer internarme por voluntad propia — ironiza. Maleducado. Vuelvo a fijar mis ojos en él, ludopata, alcohólico y mal manejo de la ira, veo su comportamiento corporal solo unos segundos para darme cuenta que los signos de abstinencia ya están apareciendo, su irritabilidad, el movimiento que hacía su pie contra el piso, la sudoración en su frente, todo indicaba que ya estaba en esa fase. — ¿Qué tanto me miras? — pregunta con su ceño fruncido. Mis ojos se conectan a los suyos. — Abstinencia — respondo. — ¿Qué? — cuestiona. — Que busques una manera de controlar tu cuerpo, los signos de abstinencia son demasiado obvio en ti — declaro. — Si, claro — ironiza. — Doctora, su taxi — me informa la chica de recepción. — ¿Eres doctora? — inquiere mi objetivo. No respondo su pregunta, no necesitaba saberlo, no ahora, después tendría tiempo para contestar una que otra pregunta que quiera hacerme. Lo vi en sus ojos, le genere cierto interés y curiosidad, cosa que se irá cuando le diga la verdad en la primera sesión que tengamos. Las personas adictas le cuenta reconocer su situación y por su actitud corporal este hombre sí que me dará un buen trabajo, tal vez me equivoqué, pero Cayden Salvatore, es más complicado de lo que parecía.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD