Capítulo 3.

1442 Words
Cayden. Día diez. Cuando mi padre dijo que iba a internarme en un centro psiquiátrico, mi cabeza imaginó algo completamente diferente a lo que es este lugar. Si es un centro psiquiátrico, pero para controlar adicciones, es un nuevo ala, donde todos los que estábamos ahí tenemos diferentes tipos de adicciones y obsesiones. El ser humano tenía una vida entera para pasar por cada tipo de adicción, cuando arranqué con toda esta mierda, subestimé mi capacidad de control. Primero son cosas inofensivas, un vaso más de cerveza todos los días, después pasas a uno con mayor grado de alcohol, buscas día a dia algo que llene ese dolor que uno carga y cuando te das cuenta es demasiado tarde porque el día entero es un buen motivo para ingerir grandes cantidades de alcohol, sin importar nada. Con el juego me pasó lo mismo, las buenas rachas existen, el tema es saber controlarlo, cosa que no nunca existió en mí porque fui de mal en peor. ¿Quién apostaría a sus hermanas? Solo un hijo de puta, y si, definitivamente soy eso y peor. No merezco ser parte de esa familia. Como decía, hace diez días estaba en esta institución y había pasado por todos los estados posible de un adicto, la abstinencia es el peor enemigo que podría tener, porque me llevo a tener una crisis de ira donde ataque a un enfermero y se vieron obligados a darme un calmante que me hizo despertar tres días después. — Su medicación — dice la enfermera entregandome una pastilla y un vaso de agua. Ni siquiera contesto, tomó la pastilla y el agua, para luego abrir la boca mostrando que lo tomé porque debían controlar que cada uno de los pacientes ingiera su medicamento. — Su terapia arranca en menos de media hora — me recuerda. Tampoco me gasto en contestar. ¿Cómo si la terapia serviría de algo? Mi vida no tiene salvación. Mirando el reloj que tengo sobre la mesa continua a mi cama, observo que ya es hora de mi terapia de todos los viernes. Desde que llegué aquí me quitaron todo, celular, iPad, notebook y hasta el reloj inteligente, no se que clase de tratamiento es este, pero si que es espantoso que te desconecten de un día para otro de todo. Odio la terapia, el psiquiatra que sigue mi supuesto tratamiento es un pedante que se da de moralista y no entiende ni una mierda lo que sucede. Subestima mi forma de ser, al parecer necesito atención y es por eso que soy un adicto sin medida. Dos golpes en la puerta y esta se abrió tomándome por sorpresa y asombro, no esperaba ver a una mujer de bata blanca del otro lado. — Tú fuiste la que me dijo que tenia abstinencia — hablo al recordar a la mujer. Ese día que llegué a esta institución, mi padre me acompañó porque pensaba que iba a escapar de esto. Cuando llegamos la recepcionista ya nos estaba esperando. Mientras Demian llevaba los papeles sentí la mirada de alguien, enfrente mío tenía a una mujer de pelo castaño, muy delgada y con unos intensos ojos que no se si son grises o un verde muy claro que me hizo observarla con atención. Acepto que le hable mal, pero su contestación me dejó confundido. — La tienes — afirma. — Ni siquiera sabes quien soy — mascullo entrando a su consultorio. Se gira dándome la espalda. — Cayden Salvatore, edad treinta y un años. Abogado. Adicto al juego, alcohol y gran falta de control de la ira. Adoptado a las once años — me mira sobre sus hombros. — ¿Quieres que siga? — inquiere con indiferencia. — Leíste mi expediente — acoto bufando. Esta mujer me cae mal, muy mal. Ella se sienta en su silla con una libreta en sus manos. — Viktoria Brankovič, seré tu psiquiatra. Siéntate que además de tí tengo más pacientes a lo cual atender — dice como si nada. ¿Quién demonios se cree? — No eres de aquí — afirmo mientras cierro la puerta de su consultorio. — ¿Agregó a tu expediente xenofobia, también? — ironiza. ¡Qué! — No soy xenofobo — me defiendo molesto. — Solo di por sentado que no eres de este país por tu extraño acento — agrego bufando. — Tomé asiento, señor Salvatore — dice marcando el diván que tenía a su lado. — No pienso compartir nada con usted, doctora Brankovič — sentencio. — Perfecto, igual me pagarán por tus consultas. Si hablas o no es problema tuyo, después de todo. Yo sin necesidad de que hables puedo completar mis papeles, aquí el único perjudicado en todo esto eres tú — contesta anotando algo en su libreta. Lo repito, me cae extremadamente mal esta mujer. — ¿Qué tanto anotas? — le hablo cabreado. — Tú actitud, como dije puedo escribir porque tu comportamiento es de libro. El síndrome de abstinencia eres tú — sus ojos se conectan con los míos. — A la defensiva, irritable, desconfianza, el movimiento de tu manos o pies. ¿Quieres que siga? — agrega colocando unos lentes de visión en sus ojos. — ¿Alguna vez te dijeron que eres irritable? — mascullo dejando que gane y me siento en su diván n***o. — Me han dicho cosas peores — contesta encogiendo sus hombros. Definitivamente prefiero la terapia con el doctor pedante antes que con ella la doctora irritable. — No eres de aquí — repito. Su raro acento en verdad generaba curiosidad porque no puedo deducir de donde proviene esta mujer. — Nací en Rusia y me crié en Serbia — me responde viendo su libreta. ¿Qué tanto escribe? — Mi amigo es ruso .... ¡Carajo! No debí decir eso. Ella no responde. — ¿Extrañas el alcohol y el juego? — pregunta haciendo que frunza el ceño. — No — miento. — Mentiroso — declara negando su cabeza. — No debe calumniar con cosas que no sabe, doctora — contraataco. — Volvemos a la mismo, letrado — la miro a los ojos. — Todo lo que diga y sus gestos los puedo deducir. Se que me está mintiendo, extraña el alcohol y que si tuviera la oportunidad de tener una botella de cualquier bebida alcohólica lo dudaría en vaciarla en segundos — ella se acerca un poco — su cuerpo pide eso — agrega. — No tiene una puta idea de que necesita mi cuerpo — siseo. — Todo lo que genere autodestrucción desea su cuerpo — afirma acomodando sus gafas. — No me conoces — declaro. — Tienes razón, no te conozco. Solo tengo renglones de palabras con tu comportamientos y una historia clínica con todo lo que hiciste a lo largo del último tiempo, pero si no pone un poco de usted nunca podrás resolver tus problemas — me habla. — Se muy bien como resolver mis problemas — aseguro. — Si lo supieras no hubieras apostado a tus hermanas en un partido de poker — ironiza provocando que sienta más rabia de la que ya tengo por ella. ¿Quién se cree para juzgarme? — Lo siento, doctora perfección — ironizo — Lamento que ser perfecta no la haya llevado a cometer errores en esta vida — agrego chasqueando la lengua. — Cometí infinitos de errores, letrado, la diferencia es que se reconocerlos y usted no asimila que lo que hizo no estuvo bien — contesta siento tan mordaz. Ojalá se muerda la lengua, lo que destila de su boca es puro veneno. — Pudrase — digo levantándome para marcharme. No iba a soportar más de ella. — Una cosa es estar jodido y otra cosa es joder la vida de otra persona por ser egoísta. La vida es una mierda por naturaleza, somos los únicos capaces de cambiar las cosas, si no viene de ti eso pasarás una larga temporada en esta institución — declara con autosuficiencia. — Váyase al carajo, doctora Brankovič — digo enojado con esta irritante mujer. — Nos vemos la próxima consulta — ironiza con una sonrisa de lado. La miro de la peor forma antes de salir de ese maldito consultorio, ¡Si claro! Ni en sus putos sueños volvería a compartir algo a su lado, es lo peor que he conocido de este espantoso lugar. Definitivamente no volveré a cruzar diálogo con la doctora irritante, no tiene una puta idea de lo que fue mi vida para juzgar mis comportamientos como lo estuvo haciendo, tampoco obtendrá lo que de desea, no pienso volver a esta asquerosa consulta con ella. Aunque quieran obligarme, no la haré.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD