Viktoria.
Un mes.
Llevaba un simple mes en esta ciudad y en verdad me estaba acostumbrando a esto. No hace tanto frío como en Rusia, si sus vientos son fuertes, pero llevadero.
Con respecto al trabajo, seguía una rutina normal, tenía varios pacientes sobre todo monitoreaba de cerca al amigo de Alexandr, Cayden Salvatore es un gran dolor de cabeza, testarudo y no logro cambiar sus ideas relacionadas a su adicción. Como se dice no puedes salvar a alguien que no quiere ser salvado, solo que está vez, lo tengo que rescatar de ese maldito agujero n***o en el que se encuentra porque es mi boleto para ser mirada de otra forma dentro de la mafia rusa.
¿Anti ético?
El fin justifica los medios.
Necesito ser cercana a ellos, sobre todo a mi medio hermano que será el próximo líder de la Bratva, quiero que me vea como su aliada, sin importar los secretos que hay entre ambas familias.
— Buenos días, doctora Brankovič — me saluda Adira la chica de la recepción.
— Buenos días, hace demasiado calor este día — acoto tomando mi planilla de pacientes del día.
— Estamos en verano, es común — comenta con diversión.
No estaba acostumbrada a estos climas, en San Peterburgo suele hacer fríos extremos y las épocas de calor son tolerables, no tan intensas como la de esta ciudad.
— Que tengas un buen día — la saludo.
Observo mi diagrama del día y veo el nombre que más me interesa, durante estos días ha querido que le cambien de psiquiátra porque no aguanta que les diga las verdades en su cara. Es fácil actuar como víctima del sistema, que su vida de mierda lo llevó a eso cuando todos sabemos que la fuerza de voluntad, diferenciar el bien y el mal esta dentro de nosotros. Siempre me tomo como ejemplo, tuve una vida de mierda, una infancia que desde los seis años hasta los ocho viví las peores atrocidades por el malnacido de mi padre, influyó mucho eso, marcó todo, pero tuve la fuerza de voluntad de hacer ese clic necesario para darme cuenta que si me destruía a mi misma solo lograba que él gane y eso no lo iba a permitir.
Todo depende de nuestra forma de ver la vida.
Se puede salir, solo debemos encontrar ese medio y ayuda para dejar todo atrás.
— Rusita — me saluda uno de mis colegas.
Al parecer a más de uno de mis colegas le molesta que sea de otro país, tienen miedo que les robe su puesto de trabajo, porque seamos sinceras estoy extremadamente capacitada para ser la mejor, desde pequeña quiero lo mejor no iba a conformarme con poco cuando se trataba de mi carrera profesional.
— Doctora Brankovič — me saluda Salvador, el dueño de la institución.
— Buenos días, señor Asturias — contesto.
Salvador Asturias es el abogado y dueño de esta institución, cuando llegue a mi entrevista laboral su padre que es el director médico fue el que me entrevistó. Su hijo lo conocí una semana después cuando el idiota casi me atropella en la salida del parking. Desde ese momento no para de cortejar, no quiero nada de esto, ni citas mucho menos hombres que alteren mi objetivo.
Estoy en esta ciudad con un solo propósito y ese es Cayden Salvatore.
— ¿Cena esta noche? — es directo.
Lo miro a la cara y suspiro, no entiende.
— Doctora, ¿cuánto más debo esperarla? — la voz de Cayden me hace mirar que ya estaba apoyado en la puerta de mi consultorio con sus brazos cruzados.
La verdad me sorprende verlo de pie, hace dos días había tratado de escapar de la institución y golpeó a varios hombres de seguridad, lo que para frenarlo no tuvieron la mejor idea de darle una doble ración de un antirelajante que lo hizo dormir un poco más de cuarenta y ocho horas seguidas.
Esta clase de tratamiento va encontra de lo que a mi me gusta, existen diferentes formas de calmar a un paciente, pero está institución va a lo más fácil, drogarlos.
— Mi paciente me espera — me disculpo con el señor Asturias y camino directo a mi consultorio.
— Con el dueño, nada mal, doctora — se burla Cayden haciendo que ponga los ojos en blanco.
— ¿Qué tal tu larga siesta? — inquiero mordaz cuando ingresamos al espacio.
— Se habrá aburrido de no tener consulta con su paciente favorito — contesta recostandose en el diván mientras me observa acomodar mis cosas.
— Mis pacientes favoritos son aquellos que avanzan — declaro dejando mi punto.
Empecé a trabajar con él cuando ya llevaba diez días dentro de esta institución, había tenido problemas con mis otros colegas y hasta agredio a uno de ellos. La mayoría se sorprende que siga haciendo terapia conmigo, aunque se que no me soporta, tendrá que convivir conmigo hasta que evolucione.
Cayden Salvatore es un paciente difícil de llevar.
— Esta linda — me dice.
Me giro para mirarlo y camino a mi asiento.
— Siempre estoy linda — contesto abriendo mi libreta.
Se que quiere hacer, buscar seducirme y que caiga en sus encantos.
— Tiene razón, doctora Brankovič — acota sonriendo.
Desde que llegó, es la primera vez que lo veo sonreír.
— ¿Hablaremos de algo a parte de mi belleza? — inquiero colocando mis lentes.
— Odio este lugar — contesta suspirando.
— Estás acá por las consecuencias de tus hechos — le recuerdo.
— Quiero salir de aquí — suplica.
Cayden no entiende y siento que a veces no acepta que lo que hizo tiene consecuencias.
— Si tuviera la oportunidad de salir de aquí con mis condiciones, ¿la aceptarías? — consulto mirando sus expresiones.
— Aceptaría todo con tal de huir de este nefasto lugar — sentencia.
— Déjame ver que puedo hacer por ti — acoto pensando que debía conversar con Alexandr.
El resto de la consulta volvimos a lo mismo, a ese silencio interminable que ya comenzaba a molestarme.
No puedo dejar que me gane, debía buscar la solución para sacarlo de aquí.
***
Después de un día intenso laboral, volví a mi departamento y encontré varios mensajes de Alexandr que me pedía una conferencia para conversar sobre su amigo.
Debo darle lo justo y necesario, se que puedo con Cayden solo que debo buscar el perfecto momento para usar esa fibra que se quiera de su dura armazón para entrar en esa cabeza y comprender el detrás de sus acciones.
— Viktoria — me saluda cuando la pantalla aparece su rostro.
— Alexandr — contesto.
— Prefiero que me digas Sasha — pide.
— Como quieras — acoto con seriedad.
— Sin violar la relación médico - paciente ¿hubo algún avance? — consulta siendo conciso.
Un suspiro agotador sale de mis labios.
— Es un paciente bastante complicado, no imaginé que sería tan difícil ...
— Si sientes que se te escapa de las manos, puedes volver a Moscú — me interrumpe haciendo que sienta como el enojo empieza a crecer dentro mío.
Odio que me subestimen.
Que signifique que sea complicado no le da el derecho de pensar que me voy a rendir sin antes intentar todo y más.
— Solo llevo un mes, no me voy a rendir sin antes usar todos los métodos posibles — declaro con seguridad.
— Era una sugerencia, disculpa si te ofendí — responde fruncido el ceño.
¿Disculpa?
¿Él se estaba disculpando conmigo?
Aclaro mi garganta y miro sus ojos claros que me obligan a cerrar los míos, contar hasta diez ...
— Disculpa mi redacción — digo. suspirando. — Estoy acostumbrada a que quieran ver siempre mi trabajo de menos y no es así — declaro.
— Se que eres una buena psiquiatra, no tengo dudas de eso — afirma — Si tu me dices que podrás con él confío ciegamente en tu criterio — agrega seguro de sus palabras.
Él confía en mí y por eso debo buscar solucionar todo.
— Gracias por tu confianza — tomo valor para mirarlo a los ojos. — Necesito un favor — hablo.
— Dime — me pide.
— Necesito avanzar con Cayden, tener su confianza y es por eso que debemos sacarlo de aquí — le pido.
— Confío en ti, déjalo en mis manos que buscare una solución. Estaré en contacto contigo en unos días — asegura cortando la comunicación.
Había pedido lo que necesitaba, si el trabaja en poder sacarlo de aquí, siento que podre tener más su confianza y así poder avanzar en su tratamiento.
No me ire de Chicago sin antes sacarlo de todas su mierdas.
Necesito que Cayden confíe en mi, hable y para ellos debíamos darle un lugar de confianza extrema, solo nosotros dos.