Ambos nos encontrábamos jadeando y los besos eran muy seguidos, mostrándonos cuánto nos amábamos, o al menos yo lo amaba. — Te amo — me dijo y yo me sorprendí al escuchar esto. — Yo también te amo — le respondí y me miró con tanta dulzura que mi corazón se derritió. Terminamos lo que estábamos haciendo y luego nos acostamos abrazados. — Necesito que levantes ese ánimo, te voy a sacar de aquí, pero no quiero verte así de triste. — La única manera que yo salga de aquí es que esa tipa retire la denuncia y es imposible. — Difícil, quizás, pero imposible no, quiero que regreses a ser el mismo de antes, del resto yo me encargo. — No tengo ningún motivo para ser el mismo de antes, lo mejor es que tú hagas tu vida al lado de alguien más, por qué a como yo miro pasaré mucho tiempo en prisión

