Ángela abrió los ojos y respiró profundo mientras se desperezaba. Ni siquiera era la hora de levantarse, le había ganado, otra vez, a su despertador. Pero estaba bien, ya estaba en esa edad a la que siempre había dudado que llegaría, en la que levantarse temprano se convertiría en una rutina y se acostumbraría. No lo creyón antes, siempre que su madre se lo aseguró dentro de sí algo murmuraba que a levantarse temprano era algo a lo que no se acostumbraría, pero se acostumbró. Dejó la cama tras mirar a su marido seguir durmiendo con comodidad, y eso ya no le enojó, más bien le entristeció no poder dormir una hora más, como él lo haría, y bajó a la cocina en completo silencio. Ya en la cocina revisó la nevera, constatando que tenía todos los ingredientes para un desayuno que había plan
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