Alessandra Dumont La cena, una coreografía de máscaras y falsedades, finalmente llega a su fin. Juliette, exultante por la aparente química que ha forzado entre Thiago y yo, no puede ocultar su satisfacción. Alistair, sentado en la cabecera, se mantiene en un segundo plano, aunque su inquietud es palpable; sus dedos golpean rítmicamente el borde de la mesa, un gesto que conozco como el preludio a una tormenta. Cuando Juliette sugiere que es momento de retirarse, la mirada que Alistair me lanza es de una advertencia que solo yo entiendo. Él no está seguro, se le nota en la rigidez de sus hombros, pero la etiqueta social lo mantiene atado. No tiene otra opción. Me levanto para acompañar a Thiago hacia la salida. La casa parece inmensa en el silencio de la noche, y el aire fresco de la

