Papá llegó a casa el fin de semana siguiente, caminando alegremente por nuestra calle con su uniforme bien planchado, con los galones de sargento bien visibles. Había salido al jardín delantero para recoger lo que quedaba de las manzanas silvestres del árbol situado a la izquierda del garaje. Lo vi primero. Me saludó con cierta sorpresa diciendo que había crecido repentinamente y que era un gran adolescente corpulento y ya no un niño pequeño. Le dije que había crecido constantemente durante los últimos tres años, pero que como casi nunca estaba en casa no se había dado cuenta. Mi madre estaba en la puerta casi antes de que él pudiera alcanzarla, la abrió de golpe y lo saludó con un fuerte abrazo y luego se quejó de que había estado perdiendo la cabeza durante las dos últimas semanas y se

