El tío Edward llamó por teléfono al día siguiente para decir que le gustaría visitarnos el fin de semana. Vi a mamá hablando con él y observé la expresión de su cara mientras escuchaba lo que decía; era evidente que estaba contenta. A la hora de la cena nos dijo a Paula y a mí que vendría el fin de semana porque había hablado con papá y había descubierto que le sería difícil conseguir un permiso, ya que había un gran revuelo en Colchester. Los mariscales de campo y los generales estarían merodeando y nadie podría salir ni siquiera en pases cortos. Cuando pregunté por qué venía me dijeron que estaba siendo muy amable y considerado y que quería intentar animarnos a todos. “Pero no es nuestro verdadero tío, ¿verdad?” preguntó Paula, haciendo un puchero. “Bueno, no estrictamente, no”, conte

