No estaba segura de qué esperar de él en la clase de matemáticas, pero me decepcionó un poco cuando volvimos a nuestra rutina normal de él mirando el pizarrón y yo mirando la parte trasera de su cabeza. Para ser justos, sí teníamos un examen próximo. Pero aun así. Una persona que no decepcionó fue Alba. En el segundo en que me vio entrar a la clase de salud, cruzó los brazos sobre el pecho y una sonrisa presumida se extendió por sus labios. Estaba rodeada de sus secuaces, recostada contra un escritorio como si fuera la dueña del lugar. —¿Sabes lo que dicen de ponerle lápiz labial a un cerdo? —¿Que es crueldad animal? —Me senté en mi escritorio y comencé a revisar mis notas. —No —dijo Alba, acercándose—. Que no hará ninguna diferencia para un chico que ha tenido algo mejor. Mucho mejor

