Me ofrecí a ayudar con los platos, pero el señor Williams nos despidió con un gesto. —Vayan a disfrutarse el uno al otro. Yo me encargo de los platos. —¿Seguro? —preguntó Ryder. Él asintió. —Leah es mucho mejor que las otras chicas que has traído por aquí. —Rio—. Espero que la conserves. Yo también lo esperaba. Ryder puso su brazo alrededor de mis hombros y apretó. —Estaba pensando en ir al patio. —Suena bien —dijo su papá—. Yo me voy a mi habitación. Intentaré terminar mi trabajo temprano para poder ver tu partido mañana por la noche. La esperanza que cruzó por los rasgos de Ryder fue inconfundible. —¿Sí? El señor Williams asintió. —No puedo perderme el partido de bienvenida. Ryder le sonrió. —Gracias, papá. Su papá volvió a los platos, pero yo le di a Ryder una sonrisa alentador

