Cuando llegué a la escuela, tomé mi mochila y la bolsa con el cupcake de Kai, y entré al gimnasio. Agradecida por la distracción que ofrecía la campaña de donación de sangre, me puse a ayudar a los demás miembros de FMP y al Instituto de Sangre Emerson a instalar todo. Necesitábamos una mesa de registro, un espacio de recuperación y un área para entregar las camisetas que los donantes recibirían, con las palabras mucho en poco al frente. Mucho en poco. Uno de los estudiantes de segundo año y yo abrimos las patas de una mesa y, mientras él traía sillas, coloqué un cartel que decía Una donación salva tres vidas, junto con una foto de la camiseta. Cuando todo estuvo listo, fui con Pixie a buscar la tablet que usaríamos para registrar a las personas. —¿Cómo estuvo esta mañana? —le pregunté.

