Mamá llegó a casa esa tarde luciendo completamente exhausta. Colgó su bolso del picaporte y cerró el cerrojo con un chasquido lento. —Hey, mija —dijo. —Hey. El estómago se me apretó de culpa y me removí en el asiento del mostrador. Mi mamá había estado trabajando y cuidando de sus amigas mientras yo había estado fuera con Kai, algo que me había prohibido hacer. Aun así, no podía dejar de pensar en él y en el momento en que se despidió. En cómo me había sonreído, de verdad sonreído, haciéndome sentir que tal vez lo había juzgado mal. Aunque no necesitara odiarlo, ¿por qué quería que volviera a rozar sus dedos sobre mi piel? Mi muñeca estaba sensible por los moretones, pero aún me hormigueaba por su toque suave. Todo lo que hacía era cuidadoso, medido, y quería saber de dónde había apren

