Un rizo se escapó del clip de mi mamá mientras se inclinaba sobre su enorme lista de tareas. Aparentemente, ir a Los Ángeles por un largo fin de semana con los gemelos, mientras sus otras dos hijas (casi adultas) se quedaban con una tía, era motivo suficiente para planear algo que parecía una boda. Me ajusté la mascarilla y seguí restregando el interior del refrigerador con su mezcla de vinagre y aceites esenciales. (¿Por qué la mascarilla? Por si acaso se me disparaba el asma. Cue el giro de ojos más grande del mundo). Sabía por los videos de limpieza de la mamá de Kaitlyn que el vinagre no hacía ni la mitad del trabajo que los químicos fuertes. Ella soltó el bolígrafo que tenía entre los labios. —Ginger, voy a necesitar que hagas algunos mandados para mí. Me animé. —¿Qué necesitas? —C

